"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

hace 0 sec

La necesaria transición de los zoológicos

El Santacruz, en Cundinamarca, lleva 10 años convirtiéndose en un centro de conservación de la biodiversidad regional.

El jaguar (‘Panthera onca’) habita en toda Latinoamérica. / Zoológico Santacruz

Contrario a lo que ocurrió el año pasado en Costa Rica, donde el Gobierno decidió, como política de conciencia ambiental, cerrar sus dos principales zoológicos y trasladar los animales en cautiverio a sus hábitats naturales, en Colombia el debate no se ha centrado en la posibilidad de acabar con estos centros, sino en la necesidad de transformarlos en nodos de conservación al servicio de las poblaciones donde se encuentran instalados.

Bajo la mentalidad de que este país megadiverso necesita tener lugares donde los colombianos desarrollen su curiosidad por la fauna local y se impulse la educación ambiental, zoológicos como el Santacruz, en Cundinamarca, el Santa Fe, en Medellín, el de Cali y el de Barranquilla han trabajado en los últimos años por hacer una transición y dejar de ser vistos como vitrinas de exhibición animal para convertirse en promotores de programas de conservación regional y nacional.

A través de planes de protección de especies amenazadas, como el cóndor de los Andes o el oso de anteojos, los zoológicos se han aliado con el Ministerio de Ambiente para gestionar proyectos que favorezcan la reproducción de estos animales por fuera de su hábitat natural con el fin de ayudar a que no desaparezcan.

Este año, el Zoológico Santacruz cumple 40 años en mayo. Fue fundado por el zootecnista Gonzalo Chacón Rueda y desde entonces es uno de los lugares preferidos de los habitantes de Bogotá.

El centro, que se encuentra en el municipio de San Antonio del Tequendama, a 56 kilómetros de la capital del país, abrió sus puertas con 98 animales que hoy suman 400, entre mamíferos, aves, reptiles y anfibios, como jaguares, nutrias, flamingos, patos de la zona andina, guacamayas, tucanes, primates, ranas de lluvia y culebras, así como invertebrados. Al menos el 90% de población es nativa (ver fotografías).

“Recibir más visitantes que los museos implica asumir una responsabilidad grande frente a la educación ambiental de los colombianos, porque los zoológicos también hablan de nuestra historia y cultura: tener de frente un cóndor y saber que es el símbolo que dibujas en el escudo, conocer el jaguar y comprender qué significa ese mamífero para nuestros indígenas. Hace 10 años entendimos que debíamos hacer ese tránsito y por eso también comenzamos a gestionar procesos de conservación locales”, dice la directora de educación del Santacruz, Sandra Marcela Gómez.

En promedio, mensualmente entran más de 11.000 personas al zoológico y en 2014 ingresaron alrededor de 133.000.

Su nuevo mariposario surgió de una investigación de más de cinco años en la que científicos de la Universidad Javeriana e Incca se aliaron con el zoológico para mapear las especies de mariposas más importantes del bosque local, caracterizado como andino de niebla. Además, el Santacruz trabaja con las familias del municipio en la transformación de sus prácticas productivas.

“Las familias de San Antonio de Tequendama han sido nuestras aliadas. Se han vinculado a los procesos de investigación de los ecosistemas que habitan, se interesan por saber qué compone el bosque altoandino que las rodea, se han aliado a los proyectos de conservación de anfibios en vía de extinción, como las ranas de lluvia. Los zoológicos nos hemos convertido en una especie de arca de Noé. Somos los encargados de liderar iniciativas que impidan que muchas de nuestras especies desaparezcan”, concluye Sandra Marcela Gómez.

Temas relacionados