Nueve especies de aves que comen insectos se encuentran en declive

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La investigación sugiere que el cambio climático estaría afectando ciertas poblaciones de insectos de las que dependen también otro animales para sobrevivir y mantener el equilibrio ecosistémico.

La población de aves consumidoras de insectos está disminuyendo, incluso, en las áreas más remotas del Amazonas. Así lo mostró un estudio que identifica a la crisis climática como la principal causante de las afectaciones a diferentes especies en la selva.

La investigación, publicada en la revista Ecology Letters, utilizó datos de hace más de 30 años recopilados por el biólogo Thomas Lovejoy para estudiar el impacto de la deforestación. El grupo de científicos logró convencer a los ganaderos de la Amazonia que dejaran parcelas de bosque intactas para poder analizar la flora y fauna que quedaba saludable. El campamento 41, ubicado en el bosque de control a 65 km al norte de Manaus en Brasil, se convirtió en una base central.

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Aunque el estudio desde un principio no fue diseñado para medir cambios en la abundancia de aves en los sitios de control, los científicos se dieron cuenta de que también podría usarse para determinar que las aves locales estaban en declive. La investigación comparó la abundancia de 79 especies capturadas entre 2008 y 2016 y concluyó que nueve especies se habían dejado de ver con frecuencia en comparación con años anteriores.

Lo más increíble, según Philip Stouffer, de la Universidad Estatal de Luisiana y autor principal del nuevo artículo, es que todas menos una de las especies de aves en declive eran miembros de dos grupos que se alimentan de insectos: los insectívoros cercanos al suelo y los insectívoros terrestres. En comparación, casi ninguna ave consumidora de fruta estaba disminuyendo.

Los científicos descartaron la caza, los depredadores o algún patógeno como causantes de la disminución de aves. Para Lovejoy, uno de los autores del nuevo artículo, la única explicación apunta hacia el cambio climático ya que las condiciones más secas y cálidas en la Amazonía central pueden causar “estrés fisiológico directo para las aves y cambios estructurales en el bosque” lo que reduce el suministro de alimentos o hace que el hábitat sea menos habitable.

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