A pagar por el cuidado del medio ambiente

BanCO2 es una estrategia de pago por servicios ambientales (PSA) que fue premiada como mejor iniciativa de sostenibilidad financiera en 2014 por el BID.

Pedro Bedoya y 21 campesinos más del oriente antioqueño visitaron Bogotá esta semana para empezar un proyecto de agroturismo. / Cornare

Un ciudadano promedio emite entre 5 y 8 toneladas de CO2 al año, cifra que podría llenar un camión. Y, según datos de la ONU, nuestro territorio pierde alrededor de 2.000 km², es decir, la superficie de Bogotá, de bosque nativo cada año, del cual se extrae el 70% de los recursos para sobrevivir.

Así que el pago por servicios ambientales resulta útil cuando se trata de preservar esos sitios de la naturaleza. En pocas palabras, el pago por servicios ambientales busca compensar con dinero a quienes cuidan el medio ambiente. Ese es el objetivo de BanCO2, una estrategia de conservación de los ecosistemas estratégicos del país, a través de un reconocimiento económico para sus guardianes, los campesinos.

Las 420 familias vinculadas al proyecto y Bancolombia fueron condecorados esta semana con el premio Beyond Banking del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la modalidad Planet Banking. La estrategia fue postulada por la organización meses atrás y considerada, por su sostenibilidad social, medioambiental y de gobierno corporativo, como la mejor iniciativa de sostenibilidad financiera en 2014.

El mecanismo trabaja la compensación de la huella de carbono de cualquier persona que quiera medirla a través de una calculadora virtual que se encuentra en la página web www.banco2.com. Allí el usuario selecciona el departamento, municipio, la familia y el ecosistema para compensar la contaminación del medio ambiente.

Pero ¿cómo verificar que el dinero sea depositado en las cuentas de los campesinos y que efectivamente se cuide el ecosistema? Ahí entran Masbosques y BanCO2, corporaciones encargadas de operar el proyecto, quienes hacen una validación bimestral en los predios, garantizando que los campesinos cumplan con los compromisos pactados: no talar los bosques y capacitarse para mejorar sus condiciones de vida. Pero también el ciudadano puede llamar directamente al campesino, verificar su pago o visitar el terreno.

El proyecto no se queda ahí. Su segunda fase plantea la creación de una ruta agroturística en la que se implementarán buenas prácticas agrícolas que atraigan a los visitantes.

Para Pedro Bedoya, campesino de La Unión (Antioquia) y beneficiario del programa, “por cada hectárea nos pagan $100.000. De mi finca nacen unas quebraditas que bombean agua a Medellín, por eso no podemos permitir que se acaben el monte y las aguas”.

Por otro lado, Mauricio Vergara, protector de un bosque en Alejandría (Antioquia), aseguró que “estamos cuidando algo que necesitamos para la vida. Nos están pagando por ello. Con una ayuda de esas no le dan ganas de irse a uno. Quiero estar dentro del territorio y cuidar mi bosque”.