La Zaga

Perros salvajes de Bogotá: la verdad detrás del mito

En este capítulo de la Zaga exploramos la verdad sobre los perros ferales o salvajes que viven en Bogotá y en el Parque Chingaza. ¿Son realmente peligrosos o no sabemos lo suficiente como para determinarlo?

Imagina que vas caminando solo por un humedal como el de la Conejera, Salitre o Córdoba, en Bogotá. Ves un grupo de perros salvajes adelante tuyo. Cuando te escuchan, se voltean hacia ti. Luego empiezan a acercarse lentamente. ¡Diez perros se acercan! Estas en su camino y parecen determinados a seguir. ¿Correrías?

Según el profesor Enrique Zerda, biólogo de la Universidad Nacional, debes permanecer tranquilo. Podrían ser perros ferales, que no suelen atacar a los humanos, sino huir de ellos. Si por alguna razón deciden agredir para defender sus crías, correr solo despertará su instinto cazador. 

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Escuche este capítulo de la Zaga:

Lo que se conoce de los perros ferales

Andrés Felipe García-Londoño, biólogo experto en etología o comportamiento animal de la Fundación Bioethos, explica que un perro feral es aquel que ha cortado totalmente su vínculo con los seres humanos. Según él, “es un problema directo del abandono. Las personas no saben lo que pasa con esos animales que abandonan. Creen que es mejor dejarlos en zonas silvestres para que sobrevivan, pero contribuyen a la creación de jaurías de perros ferales”.

El interés de García-Londoño por los perros ferales comenzó en 2007, cuando realizaba su tesis de pregrado en la Universidad Nacional sobre una jauría de perros en la Conejera. En su trabajo de grado explica más a fondo la diferencia entre los perros realmente ferales y los semi ferales o callejeros. La distinción entre estos animales está dada por el grado de libertad y de dependencia de los seres humanos. Muchos de los perros de las zonas cercanas a Bogotá no son del todo ferales. A pesar de que cazan en zonas silvestres, también buscan comida en entornos humanos, lo que evidencia cierto nivel de dependencia.  Además, según García-Londoño, puede haber perros ferales y semiferales en una misma área.

En su investigación, García-Londoño realizó observaciones con binóculos y recopiló datos y muestras. Descifró algunos aspectos del comportamiento de los perros ferales. En la Conejera, por ejemplo, encontró que la jauría tenía jerarquías similares a las de las manadas de lobos. “Encontramos que tenían jerarquías muy marcadas. Había perros que podían participar de la cacería y otros que no. También notamos que podían ser muy agresivos con animales extraños. En una ocasión eliminaron a un perro externo que entró a su territorio. A otros perros, por el contrario, sí los aceptaban”.

 
Jauría estudiada en La Conejera
Andrés Felipe García-Londoño/Fundación Bioethos

García-Londoño explica que existen perros semi ferales en todos los humedales de Bogotá y en los cerros orientales de la ciudad. Pero este fenómeno también afecta el área protegida más importante para el abastecimiento de agua de la ciudad: el Parque Natural Chingaza, donde se pueden encontrar perros totalmente ferales. “Son extremadamente raros los casos de ataques a humanos. Pero estos perros pueden causar problemas de salud pública, ya que no tienen vacunas ni están desparasitados, por lo que pueden ser portadores de enfermedades”. Según él, el riesgo más grande de estos perros es a la fauna y flora de estos ecosistemas.

Enrique Zerda, el director de tesis de García-Londoño, lleva años estudiando el comportamiento de muchas especies colombianas, como el oso andino y el mono nocturno. Aunque muchos biólogos, incluyendo a su antiguo alumno García-Londoño, consideran que el impacto en el medio ambiente de estos perros es negativo, Zerda se atreve a dudar. Según él, en Colombia no se han realizado estudios científicos rigurosos que determinen el efecto de estos animales en la biodiversidad de una zona como Chingaza.

“Tengo una hipótesis que debe ser comprobada: los perros ocuparon el nicho ecológico que ocupaban carnívoros como tigrillos o pumas en el parque Chingaza, especies que han sido golpeadas por la cacería y expansión de la frontera agrícola. Los carnívoros ocupan un lugar muy importante, ya que sirven para controlar las poblaciones de herbívoros, como conejos y venados, que ahora abundan en Chinganza. Ahora, ¿qué tan efectivos son los perros como carnívoros? No creo que sean muy efectivos”, dice Zerda.

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La situación del Parque Chingaza

Según Edimer Hernández, líder de la línea estratégica de Prevención Vigilancia y Control del Parque Nacional Natural Chingaza, hay dos tipos de perros que conviven en el parque: los perros errantes y los perros ferales. Los perros errantes son animales de zonas aledañas, que entran y salen del parque. La gran mayoría llega ahí por tenencia irresponsable. Estos perros representan un problema mayor, debido a que son elementos externos al parque, pero se alimentan e, incluso, pueden llegar a reproducirse allí. Por eso la administración del área protegida ha decidido implementar una estrategia de esterilización en las zonas aledañas.

Según Hernández, con la ayuda de fundaciones animalistas, “visitamos zonas aledañas y realizamos jornadas de esterilización gratuita voluntaria y educamos a las personas sobre la importancia de la tenencia responsable”. La idea es controlar el crecimiento de la población de perros y gatos en los municipios cercanos, para que no crezcan las poblaciones de perros ferales dentro del parque. Además, se captura a los animales errantes, se busca a sus dueños y, si nadie los reclama, se ponen en adopción.

 
Perro cazando curíes en la Conejera.
Andrés Felipe García-Londoño/Fundación Bioethos

La Fundación Procat trabaja en programas de investigación y conservación en muchas áreas del territorio colombiano, como Chingaza y los cerros orientales de Bogotá. José Fernando González, miembro de la Fundación, nos habló del impacto que tienen los perros y los gatos salvajes en el ecosistema.

“El impacto es sobre la fauna de estas zonas protegidas. Hemos notado que, en los cerros orientales, donde hay perros no circulan otros carnívoros”, explica González. Según él los gatos representan una mayor amenaza, porque son más eficientes como cazadores independientes. Además, son nocturnos, lo que hace muy difícil su localización. “A las personas les parece muy tierno que el gatito llegue con un pájaro, pero no sabemos qué tan negativo es el efecto que están teniendo en las poblaciones de aves”.

 

Con este capítulo concluimos la primera temporada de La Zaga. Nuestra segunda temporada comenzará en octubre de 2019. Pueden sugerirnos temas, enviarnos opiniones y comentarios al correo:  [email protected]

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Este podcast fue producido en Estudios Podcasero para El Espectador. La música original, la investigación, producción y edición de la Zaga fueron realizadas por mí, Gabriela Supelano. La asesoría de contenido y la edición de los guiones por Pablo Aristizábal. Las fotografías son de Cristian Garavito. El diseño y la identidad del podcast son de William Ariza. Gracias al apoyo en el área digital de Natalia Piza y Yenifer Rodriguez. También queremos agradecer a In Situ Radio de Parques Nacionales Naturales por compartir con nosotros los audios de su serie Paisajes Sonoros. Volveremos pronto con más historias. 

 

 

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Perros salvajes de Bogotá: la verdad detrás del mito

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