'La política de Colombia favorece la deforestación'

El director de la Fundación Bahía de Cartagena augura que si empezamos la descontaminación del río Bogotá hoy, en 30 años aún no podríamos bañarnos en él, y critica la falta de una política de desarrollo basada en la biodiversidad.

José Yunis dirige la recién creada Fundación Bahía de Cartagena. / Archivo

A José Yunis lo conocen sus amigos y colegas por su franqueza. Es una franqueza costeña, bastante necesaria a la hora de hablar sobre los problemas ambientales del país, que suelen envolverse en discursos retóricos, manidos, llenos de tecnicismos que la mayoría de las veces sólo sirven para confundir.

Por casi diez años, Yunis fue representante en Colombia de la organización The Nature Conservancy. Ahora se fue a Cartagena para crear una fundación que ayude a solucionar las amenazas y retos ambientales de la Heroica.

¿A qué problemas les tiene puesto el ojo ahora?

Mejorar la calidad de las aguas de la bahía de Cartagena. Apoyar cómo nos adaptamos al cambio climático, porque el ascenso del mar está a la vuelta y no podemos esperar. En el Amazonas, apoyar un pacto nacional para estabilizar la frontera agropecuaria y evitar la destrucción de la selva.

¿Crearon una nueva fundación?

Creamos la Fundación Bahía y Ecosistemas de Colombia. Nos vamos a concentrar en proteger la bahía de Cartagena, Barbacoas, Barú y la ciénaga de la Virgen.

¿Quiénes van a trabajar en esto?

Un grupo de amigos de Cartagena. Vamos a partir de la ciencia para proponer soluciones y acciones prácticas con los cuales empezar a solucionar problemas ambientales. Ya oirás de nosotros muy pronto (risas).

¿Por qué será tan difícil que los gobiernos integren el medio ambiente en sus decisiones?

Los gobiernos van de afán y necesitan resultados de corto plazo. Los políticos ganan elecciones y no saben de medio ambiente. Luego van avanzando y descubren que debían pararle bolas. Cuando se van es cuando entienden que lo ambiental era algo complejo y necesario. La gran cantera de Colombia no son el carbón, el oro o las esmeraldas, sino su biodiversidad. Cosas tan sencillas como playas limpias, bahías transparentes, ríos saludables y suelos forestales en producción forestal generarían más bienestar y crecimiento económico que los temas convencionales de hoy.

¿Qué ha encontrado desde que se fue a vivir a Cartagena?

La ciudad es increíble, sus puertos e industria son pujantes, el centro histórico es único. Su gente es extraordinaria. Pero tiene enormes problemas por resolver, como su gran miseria, esa que te produce tristeza, rabia, vergüenza y dolor de patria. Encima, tiene retos formidables, como la adaptación al cambio climático o mejorar la calidad de sus aguas, que son centrales para su desarrollo. Estos problemas andan a la velocidad de la luz, pero sus soluciones a paso de burro.

¿Qué le gustó o no le gustó de las promesas ambientales de Santos para este segundo período?

Santos II tiene una meta para controlar la deforestación. Veremos si el Plan de Desarrollo concibe esa meta con herramientas o si era sólo una promesa decorativa. Tenemos el compromiso internacional de gobierno, hecho en Copenhague, de detener la deforestación para 2020. Si logra detener la deforestación, mejoraría su balance ambiental, que hoy deja dudas. Si además hiciera un compromiso para tratar las aguas negras de este país en cuatro años, merecería un premio.

¿Qué se quedó por fuera de la agenda ambiental que sea importante?

Uy, muchas cosas. El Gobierno prometió que ampliaba el Parque Nacional Chiribiquete y cumplió. Pero una cosa es ampliar y otra parar la deforestación alrededor del área. ¿Cuánto de la Orinoquia se va a intervenir y en qué condiciones para no perder sus ecosistemas naturales? Es un debate urgente. En delimitación de páramos está atrasado. La minería es algo que sigue siendo un enredo grande.

¿Se está invirtiendo bien la plata del Fondo de Adaptación que se creó tras la ola invernal?

Son muchos proyectos. Si mal no estoy, fueron como $14 billones, pero lo que te estoy diciendo no tiene que ver con un proyecto o unos recursos momentáneos. Por ejemplo, el problema de reforestación de la cuenca del Cauca-Magdalena debería ser una política de Estado. Y de manera más amplia: si la mayoría de los suelos del país son de vocación forestal, ¿por qué no trabajamos en desarrollar ese potencial? Colombia no tiene una política forestal y la que existe pareciera favorecer la deforestación. Este país debería pensar si quiere continuar siendo ganadero, como lo es hoy en un 40%, o si quiere, por ejemplo, pasar a producir maderas tropicales o pesca en cuerpos de agua dulce, que dejarían toda la plata del mundo y son mano de obra intensiva.

Hace poco salió una sentencia histórica sobre el río Bogotá. ¿Cree que se va a quedar en el papel o tendremos un río más limpio?

No es la primera sentencia. Santa Marta, Cartagena y San Andrés cuentan con sentencias previas que no se han cumplido. Somos un país de formas, no de fondos. Pero lo más valioso de esa sentencia, para mí, es que ya se comienza a hablar de cuánto cuesta limpiar el río y se imponen plazos. Estos son procesos largos y ni empezando ahora con la descontaminación usted o yo nos alcanzaremos a bañar en ese río en 30 años. El río debe ser un factor de economía, de riqueza y encuentro.

¿No es una fantasía pensar que un presidente tiene el poder para cambiar todo un panorama ambiental?

Es el primero que debe estar convencido de que las cosas pueden cambiar. Es el primero que debe saber que de aquí a cien, doscientos y trescientos años habrá colombianos en estas tierras, y preguntarse: ¿qué aguas beberán? ¿Qué pescado comerán? ¿Qué aire respirarán? ¿Qué páramos, selvas, mares o playas tendrán? Hay que cambiar los paradigmas del desarrollo actual, atrevernos a proponer modelos sustentables y sostenibles. Y aquí —como decían en El hombre nuclear— poseemos la tecnología... pero no se nos da la gana.
 

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2014-10-29T21:25:06-05:00

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Pablo Correa

Medio Ambiente

'La política de Colombia favorece la deforestación'

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