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¿Por qué América Latina no marchó masivamente con Greta Thunberg?

A pesar de que la región será una de las más impactadas por el cambio climático, el movimiento juvenil por el medio ambiente está atomizado. Una reportera de El Espectador estuvo en la marcha de Nueva York y habló con jóvenes sobre este fenómeno.

Artemisa Xabriabá (derecha), activista indígena de 17 años.María Paula Rubiano

Si alguno de los habitantes de la pequeña comunidad Xabriabá, al sur de Brasil, hubiera querido participar de las Huelgas por el Clima que se llevaron a cabo en cerca de 4.500 lugares del el pasado viernes, habría tenido que embarcarse en una travesía de 17 horas, en dos buses distintos, hasta São Paulo (Brasil), en donde se llevó a cabo la marcha más cercana a la comunidad de pescadores y cazadores. 

“Pero la distancia no es ni siquiera el motivo más importante por el cual las comunidades no participan de estos eventos, o de los Fridays For Future”, dice desde Nueva York Artemisa Xakriabá, una joven que el pasado viernes, se convirtió en la única persona de esa comunidad en participar en las marchas. Xabriabá, de 17 años, explica que, para los indígenas de su territorio, no trabajar un día significa, simplemente, no cazar ni pescar el alimento de ese día. “Además llegar a los lugares donde se hacen estas manifestaciones cuesta dinero”, dice.

La situación de los Xabriabá no es única. Judite Guajajara, una joven indígena de 24 años que llegó hasta Nueva York para representar a la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, dijo que en su territorio la situación es similar.  Por su parte, Maria Jose Bejarano, una boliviana de 18 años, dijo que si bien no es indígena, las comunidades de Chiquitania le pidieron viajar hasta Nueva York a representarlas pues ellas estaban ocupadas apagando los fuegos que, literalmente, se están tragando sus hogares en la Amazonia boliviana. (Imagen: Una de las manifestantes en las marchas de Nueva York ayer 20 de septiembre). 

Estas historias resumen una realidad palpable en las marchas que se llevarona  cabo el pasado 20 de septiembre. Y es que si bien, de acuerdo con las cifras oficiales de los organizadores, 152 países registraron al menos un evento para ese día, la participación de los países latinoamericanos y africanos fue muchísimo más pequeñas que en los países del Hemisferio Norte. 

De acuerdo con el mapa oficial de Climate Strike, en toda América Latina se llevaron a cabo 107 marchas. En África, en donde el 60% de sus 1.280 millones de habitantes tiene menos de 25 años, se organizaron 100 eventos. En comparación, sólo en Alemania  –un país con 82 millones de habitantes– se organizaron 500 actividades. En los Estados Unidos, seno de este movimiento, hubo más de 1.000 protestas masivas. 

La pregunta es, entonces, ¿por qué existe esta abismal diferencia entre regiones?

Sofía Garcés, una colombiana de 20 años y una de las organizadores de la Climate Strike en Bogotá, dice que por su experiencia organizando la marcha en la capital del país, el miedo es una parte importante de la ecuación. “Tengo una amiga que le pregunto a la mama si podia ir a marchar y le dijo que no. Le dijo que nunca la dejaría ir a marchas, que es peligroso, que le da miedo”, relata.

Garcés señaló además que la polarización ha hecho que mucha gente se aleje de estas manifestaciones. “Aquí en Colombia el movimiento está cooptado por una parte del espectro político, y por eso quienes no se identifican con esas posturas lo rechazan (...) Lo que no hemos entendido como sociedad es que si no damos esta lucha, ninguna otra lucha será posible”. 

Pero para ella, tal vez el factor más importante por el que cree que en Colombia el movimiento no despega, es porque “vivimos en constante crisis”. Garcés cree que los picos de atención altos y breves que caracterizan la agenda de medios en Colombia, es nefasta a la hora de tratar un tema que siempre es urgente, pero no tiene un detonante puntual. (Imagen: El alcalde Bill De Blassio autorizó al millón y medio de estudiantes de los colegios públicos de Nueva York participar en las manifestaciones).

¿Qué hacer?

Katie Eder, una de la jóvenes que organizó las protestas de Estados Unidos, es consciente de esta realidad.  “Para nosotros es muy difícil balancear la necesidad de hacer acciones que sean poderosas, como estas, pero aun así asegurándonos que los jóvenes puedan participar sin importar el lugar del que provengan o donde vivan… es muy difícil, ¿sabes?”, dice.

El movimiento trató de abordar el problema en sus demandas a los políticos y líderes que se reunirán la próxima semana en Nueva York, en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. Una de ellas exige el respeto de las comunidades indígenas y su soberanía. Asimismo, en el escenario central de Battery Park en Nueva York, donde Greta Thunberg se dirigió a una multitud que los primeros estimados situaron en 250.000 personas, Artemisa Xabriabá y Rebeca Sabnam, una activista de Bangladesh de 16 años, hablaron en nombre de sus comunidades. 

No obstante, para el profesor de la Universidad de California David N. Pellow, el movimiento ambiental joven peca del mismo error que ha pecado el movimiento ambiental norteamericano en los últimos 34 años: una confianza excesiva en los grandes poderes, sean estos estatales o empresariales. “Siguen esperando que los causantes de la crisis la solucionen. Eso no ha funcionado, y no va a funcionar”, explica.   

Para él, en cambio, el naciente movimiento podría aprender mucho de las protestas indígenas y de otras comunidades marginadas, quienes siempre han tenido muy claro que ni el Estado ni las empresas serían quienes solucionarían sus problemas. “Son ellos quienes pueden darnos soluciones realmente creativas para solucionar esta crisis”, apunta el investigador. (Maria Jose Bejarano (izquierda) y Judite Guajajara la marcha por el Clima en la ciudad de Nueva York. / María Paula Rubiano).

 

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María Paula Rubiano / Nueva York

Medio Ambiente

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