A prepararse para el fenómeno de El Niño

Se espera que en febrero este evento climático alcance su madurez.

Fuente: Ideam

En 1992, en el gobierno de César Gaviria, los colombianos tuvieron que transformar sus rutinas durante todo un año. El fenómeno de El Niño y su ausencia de lluvias los obligó a modificar sus horarios laborales: se trabajó menos en la noche y en las grandes ciudades hubo racionamientos de energía hasta de nueve horas. Los niveles de las hidroeléctricas estaban en sus mínimos posibles y había que buscar una manera para evitar su desgaste.

Hoy las alertas se han vuelto a prender. Hace un par de días, el presidente Juan Manuel Santos lanzó el primer campanazo, seguido por el ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, que hizo un llamado para que los municipios tengan listo un plan de contingencia.

“Infortunadamente este fenómeno parece inevitable en el primer semestre” , escribió Santos en su cuenta de Twitter. “Debemos prepararnos para mitigar sus efectos”. Efectos que, como le dijo a El Espectador Ómar Franco, director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), se verán principalmente en departamentos como La Guajira (donde no llueve desde septiembre), Cesar, Magdalena, los Santanderes, Boyacá, Cundinamarca, Tolima, Casanare y Arauca.

Aunque claro, en esta ocasión esa ola de calor que se origina a medida que avanzan hacia Suramérica las aguas superficiales del océano Pacífico Tropical no será tan aguda como la de hace 20 años. Desde abril el Ideam viene anunciando la inminente llegada de El Niño y mes a mes les ha advertido a todos los sectores productivos para que cada cual tome medidas. “Todos han venido incorporando sus planes de prevención. Pero pese a que el sector energético puede estar preparado, tenemos que contribuir ahorrando energía, porque eso también implica ahorro de agua”, dice Franco.

Según el director del Ideam, la probabilidad de que se presente el fenómeno es ahora del 83%. En este momento se encuentra en una fase de desarrollo y se espera que alcance su madurez a mediados de febrero. “A lo que nos enfrentamos es a una época de menos lluvias y eso ha hecho que los caudales de los ríos, que no lograron recuperarse después de la temporada de precipitaciones, estén en un nivel medio bajo. La preocupación es que sigan decreciendo y tengamos que enfrentar unas condiciones de desabastecimiento los próximos meses”, explica.

Y esa disminución de la oferta hídrica también está fuertemente relacionada con los sectores de la agricultura, la ganadería, la salud y el turismo, así como con el aumento de probabilidad de ocurrencia de incendios forestales.

Aunque, tal y como dice Franco, el hecho de que se mermen las lluvias y aumente la temperatura en el Caribe o la zona Andina, no quiere decir que no haya precipitaciones. De hecho, se incrementarán en el piedemonte amazónico y en la cordillera Oriental. Es posible, incluso, que se registren lluvias en otras regiones, pero no serán suficientes para recuperar las condiciones normales de los ríos.

“La invitación entonces es a ahorrar, a administrar el agua. A ser conscientes de que nuestros recursos hídricos son finitos. Y también a evitar la quema de rastrojo y las fogatas, porque podrían desencadenar incendios de cobertura vegetal”, afirma.

Las advertencias son tantas y tan frecuentes porque justamente es la prevención la única manera de mitigar las consecuencias que trae consigo ese inevitable fenómeno natural, que afecta principalmente a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Poco a poco estos países han ido aprendiendo las lecciones que les han dejado los eventos climáticos de las últimas décadas. A finales de los noventa, por ejemplo, Ecuador (donde se incrementan las inundaciones) y Perú registraron pérdidas del 50% en sus sectores productivos. La pesca y la agricultura fueron las más afectadas. En Colombia los daños que a su paso dejó El Niño en ese período sobrepasaron los US$560 millones.