Nace primera iniciativa científica por la supervivencia de la Amazonía

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150 renombrados científicos de ocho países amazónicos, la Guayana Francesa y socios globales lanzaron formalmente hoy una iniciativa científica cuya tarea es la de entregar, por primera vez, una evaluación científica del estado de la cuenca del Amazonas.

Impulsados por la urgencia de las crecientes y catastróficas amenazas ambientales a las que la Amazonía se enfrenta, un grupo de 150 renombrados científicos de ocho países amazónicos, la Guayana Francesa y socios globales lanzaron formalmente hoy una iniciativa científica cuya tarea es la de entregar, por primera vez, una evaluación científica del estado de la cuenca del Amazonas. Sus recomendaciones incluirán un plan para la formulación de políticas en una región vulnerable, cuyos líderes han prometido salvar el bosque tropical más grande y con mayor biodiversidad del mundo.

El Panel Científico por la Amazonía realizará la primera revisión científica de toda la cuenca del Amazonas y sus biomas, la cual será presentada en 2021. Respaldado por la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, el lanzamiento público del Panel Científico ha contado con la asistencia de un grupo de asesores estratégicos, incluidos el ex presidente de Colombia Juan Manuel Santos, así como otros líderes políticos, íconos culturales como el famoso fotógrafo Sebastiäo Salgado y el líder de los pueblos indígenas de la Amazonía, José Gregorio Díaz Mirabal.

“Nuestro mensaje para los líderes políticos es que no hay tiempo que perder”, dijo Carlos Nobre, Co-Director del Panel Científico por la Amazonía. “El modelo de desarrollo actual está alimentando la deforestación y la pérdida de biodiversidad, lo que lleva a un cambio devastador e irreversible. Si la Amazonía quiere sobrevivir, debemos mostrar cómo se puede transformar para generar beneficios económicos y ambientales, como resultado de la colaboración entre científicos, indígenas y sus líderes, y los gobiernos.

El ritmo actual de deforestación en la Amazonía, junto con los incendios forestales devastadores del año pasado, han llevado a que el bosque tropical más grande del mundo alcance su punto de inflexión, lo que añadió urgencia y motivó a que los líderes de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Guyana, Brasil y Surinam firmaran el Pacto de Leticia en septiembre pasado en la ciudad colombiana de Leticia.

El acuerdo compromete a los gobiernos de las siete naciones a proteger la Amazonía y los tesoros de su biodiversidad, a respetar los derechos de los pueblos tradicionales de la región y a explorar formas innovadoras de desarrollo de manera sostenible, manteniendo los bosques en pie. "La conservación de la Amazonía es fundamental no solo para la supervivencia de los 35 millones de personas y las miles de especies que viven allí, sino también para el planeta", dijo Santos, Premio Nobel de la Paz 2016 y ex presidente de Colombia.

“Solo la ciencia y el conocimiento único de las comunidades indígenas puede salvar nuestro bosque tropical. Porque, recordemos, esta pandemia no es nada en comparación con la crisis a nivel de extinción que supondría la pérdida del Amazonas “.

 Para apoyar a los líderes políticos en una implementación informada del Pacto de Leticia, Nobre, Encalada y demás miembros del panel científico están desarrollando un plan uniforme y coherente para el futuro de la Amazonía, el cual se basará en una revisión de investigaciones científicas rigurosas y producirá una serie de recomendaciones relevantes para las políticas en conservación y avance del desarrollo sostenible del bosque tropical más grande del mundo.

“Los incendios forestales masivos mostraron al mundo que la Amazonía está en grave peligro y también revelaron un alto nivel de preocupación a nivel mundial por los pueblos de la Amazonía y la salud del bosque”, dijo Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia y director de la Red de Soluciones del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. “Todos los sectores legales y éticos, ya sean públicos o privados, se beneficiarán al actuar de acuerdo con nuestro informe. Tenemos la intención de proporcionar el medio para que los gobiernos, los inversores y las empresas respondan a las crecientes expresiones de solidaridad con la Amazonía y las comunidades indígenas que viven en ella y la protegen”.

Este ecosistema de valor incalculable, que cubre ocho países y un territorio y alberga a más de una décima parte de todas las especies existentes en la Tierra, está actualmente amenazado por la deforestación, los incendios, la minería, el desarrollo de petróleo y gas, las grandes represas para la generación hidroeléctrica y las invasiones ilegales. Solo en el mes de julio de 2019, un área de bosque del tamaño de Luxemburgo se perdió debido a la deforestación y los incendios. Aun así, y a pesar de las prohibiciones anunciadas por el gobierno de Brasil, en julio de 2020, la temporada de incendios ha comenzado nuevamente.

Construir valor económico mientras se mantienen los bosques en pie

A partir de la revisión de investigaciones previas en los campos de la ciencia ambiental, la economía y la tecnología, el nuevo plan –centrado en datos– combinará la conservación con un modelo de desarrollo sostenible que reconoce la Amazonía como un ecosistema vital interconectado y una fuente de recursos necesaria para las personas que viven en ella, según Marielos Peña-Claros, autora boliviana del Panel y miembro de su Comité Directivo Científico. "Estamos comenzando a comprender la importancia que tiene la selva amazónica en la comida que comemos, el agua que bebemos y la vida que vivimos", dice Peña-Claros.

“Por ejemplo, el patrón de precipitación de América del Sur está determinado en gran medida por el ciclo del agua de la selva amazónica. Esto significa que la deforestación de la Amazonía también tiene un efecto negativo en la producción agrícola de Uruguay o Paraguay, a miles de kilómetros de distancia”. Peña-Claros y otros investigadores reconocen que la agricultura, la industria y los gobiernos dependen de los recursos forestales para sostener la economía y generar riqueza y bienestar. Sostienen que, con un cuidadoso monitoreo y gestión, el desarrollo del Amazonas no tiene que significar explotación, una perspectiva que José Gregorio Díaz Mirabal enfatiza.

Debemos salvar la Amazonía y el futuro de la humanidad a través de una economía que respete los ciclos vitales de la naturaleza y reconozca sus derechos y los de los pueblos indígenas”, sostuvo José Gregorio Díaz Mirabal, líder de COICA, (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica). “Buscamos una economía que vea la vida en su conjunto y no sólo el beneficio monetario coyuntural, lo cual significa que su éxito dependerá de la profunda participación de los pueblos indígenas y del reconocimiento de nuestros derechos a nuestros territorios ancestrales”.

“Tenemos miles de años de conocimiento sobre la Amazonía y su biodiversidad que estamos dispuestos a compartir siempre y cuando no se mercantilicen ni se patenten dichos conocimientos para beneficio de unos pocos y, peor aún, se excluya a los pueblos indígenas de toda distribución de beneficios” agregó Díaz Mirabal. “En el marco de esta iniciativa queremos mostrar al mundo que la Amazonía es más que un bosque y el dióxido de carbono que almacena, y que su existencia es esencial para la humanidad y la continuidad de la vida tal como la conocemos”.

“Sin una acción inmediata para detener la deforestación y comenzar a reemplazar los árboles perdidos, la mitad del bosque tropical de la Amazonía podría convertirse en sabana en 15 a 30 años”, según Nobre, miembro de la Academia Brasileña de Ciencias. “Los bosques tropicales de la Amazonía crean del 20% al 30% de sus propias precipitaciones, por eso preservarlos es vital tanto para los sistemas climáticos regionales y la producción de alimentos como para estabilizar el clima global.”

“La deforestación está ahora en un 17%”, dijo Nobre, “pero si excede el 25%, cruzaremos el punto de inflexión.” El ritmo actual de deforestación y los incendios forestales, que en 2019 devastaron cerca de 14.000 kilómetros cuadrados de la Amazonía y llevaron a que el bosque tropical más grande del mundo se acercara a su punto de inflexión, fueron los que motivaron a los científicos a firmar una carta el año pasado llamada El Marco Científico para salvar la Amazonía, en la que manifestaron: “Nosotros, científicos y estudiosos del Amazonas, nos hemos unido para contribuir con nuestro conocimiento y experiencia en la evaluación científica del estado de los diferentes ecosistemas, usos de la tierra y cambios climáticos del Amazonas y sus implicaciones en la región”.

“Utilizando la mejor ciencia y las tecnologías más avanzadas podemos salvar el bosque tropical, proteger los ecosistemas de la Amazonía y los pueblos indígenas y tradicionales y, a la vez, aprovechar la economía sostenible de una bioeconomía innovadora”, señalaron. Acorde con el Pacto de Leticia, adoptado por los gobiernos de la región y que destaca la importancia de la investigación, la tecnología y la gestión del conocimiento para guiar la toma de decisiones en la región, el Panel Científico por la Amazonía tiene como objetivo proporcionar la evaluación científica más completa y rigurosa de la historia sobre los diversos ecosistemas del Amazonas, el uso de la tierra y los cambios climáticos, y las implicaciones para el futuro.

Con el apoyo del Comité Estratégico, el Panel Científico que producirá la Evaluación Científica del Estado de la Cuenca del Amazonas lanzará posteriormente una campaña basada en sus hallazgos. La urgente necesidad de proteger la naturaleza es cada vez más clara, incluso para los responsables del modelo económico que ha puesto en riesgo el mundo natural. El Foro Económico Mundial recientemente estimó que el valor de los ecosistemas intactos en la economía mundial es de 33 billones de dólares, y señaló también que el 80 por ciento de la biodiversidad del mundo está protegida por los pueblos indígenas.

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