'Sin el Amazonas no podremos adaptarnos al cambio climático'

Seis organizaciones de países que comparten la selva amazónica se reunieron en Colombia para discutir cómo enfrentar los problemas comunes.

Panorámica del cerro Autana, un tepuy ubicado en el estado venezolano de Amazonas en Venezuela, cerca de la frontera colombiana. / Ferjflores - Flickr

Si hay un territorio que se resista a las fronteras políticas, es el Amazonas. Los problemas, pero también las riquezas, viajan y fluyen de un lado para otro sin que importe mucho dónde terminan y empiezan Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, Perú o Bolivia.

Conscientes de esta realidad, desde 1996 un grupo de organizaciones que trabajan por la preservación cultural y natural de la región decidieron unirse y conformar la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada. El objetivo no ha sido otro que producir e intercambiar información para entender la Amazonia en toda su amplitud.

La semana pasada los representantes de seis organizaciones se dieron cita en Colombia para definir los nuevos frentes de trabajo e intercambiar ideas sobre la situación de la región en cada país. ”Queremos concentrarnos ahora en la gobernanza, entender qué significa en cada territorio, bajo qué criterios se da. Tenemos claro que si no protegemos el Amazonas perderemos la posiblidad de adaptarnos al cambio climático”, cuenta Martin von Hildebrand, de Gaia Amazonas (Colombia), y quien este año ofició como anfitrión de sus colegas. Recientemente, la red entregó un completo mapa con todas las amenazas, georreferenciadas kilómetro por kilómetro, que se ciernen sobre la región.

“Brasil se vanagloria de tener del 12 al 16% de agua dulce del mundo. La mayor parte es de la cuenca amazónica. Pero es una mirada miope, porque la cuenca nace en otro lugar”, dice con ironía Beto Ricard, del Instituto Socioambiental de Brasil y coordinador de la red. Por esta razón, insiste, es importante trabajar de forma integrada con los otros países.

Uno de los primeros problemas para lograr ese objetivo, dice Richard Smith, del Instituto del Bien Común de Perú, es que el tema amazónico sencillamente no está “en la agenda” política. Esto a pesar de que en el caso peruano la Amazonia representa el 70% del territorio. En Perú, dice Smith, quizás la mayor amenaza para el bosque es la construcción de carreteras, por encima de la extracción de hidrocarburos.

Víctor López, de Ecociencia en Ecuador, cree que el debate sobre Yasuní y la explotación petrolera en esta reserva natural elevó la importancia de la Amazonia en el debate público. “El debate sobre el futuro de la región se centra en si debe ser fuente de recursos o se visualiza desde otra perspectiva, como la del patrimonio genético o cultural”, señaló López.

Humberto Gómez, de la Fundación Amigos de la Naturaleza, cree que lo que sucede en Bolivia es un fenómeno que se repite en el resto de países de la cuenca amazónica, y es la imposición de una economía extractivista en una región que exige una mirada más compleja. En el caso de Bolivia, aunque se cree que es un país andino, en realidad dos terceras partes de su territorio son selva. De acuerdo con Gómez, una de las mayores amenazas es la ampliación de la frontera agrícola. Hoy, al menos 4 millones de hectáreas de la región de Santa Cruz se destinan a cultivos. “Las tierras bajas”, como algunos se refieren a la Amazonia, hoy son la mayor despensa agrícola del país. La meta del gobierno es elevar a 20 millones de hectáreas los campos agrícolas.

El caso de la Amazonia venezolana quizás es el menos grave de todos. El desarrollo del país volcado hacia el norte ha minimizado los riesgos sobre la región. En este sentido el gobierno se ha comprometido a terminar de demarcar los territorios indígenas. Un plan que apenas va en el 20% de su ejecución, de acuerdo con María Teresa Quispe, de Provita.

Martin von Hildebrand cree que el reto común, ante ese panorama diverso, es entender mejor la gobernabilidad de la región. “Algo común es la debilidad institucional. Si no son fuertes, las instituciones no podrán detener la minería ni la deforestación”.

 

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