Tala, el mal que acaba con nuestras aves

Según el más reciente informe de la organización Proaves, esta actividad, junto con la agricultura, representan los mayores riesgos. La región Andina, la más afectada.

La semana pasada, en medio del lanzamiento del informe Biodiversidad 2014, realizado por el Instituto Humboldt, Juan Carlos Bello, coordinador del programa de gestión de información de esa entidad, resumió en algunas frases la situación que hoy vive Colombia: “No podemos creernos esa historia de que como vamos, vamos bien. Sin ser alarmistas, la situación del país es dramática. Es hora de que entendamos que desarrollo y biodiversidad tienen que ir de la mano”.

El sustento para llegar a esa conclusión no era otro que las cifras con las que se habían encontrado durante la investigación. Por ejemplo: que por culpa de los cultivos de coca se deforestaron 250.000 hectáreas entre 2001 y 2012, o que el 65% de las coberturas boscosas del país han sido transformadas.

Ahora, a estos resultados se suman los presentados por la Fundación Proaves, que acaba de lanzar un nuevo reporte en el cual revela la situación de estos animales en el país y refuerza la tesis de Bello. Según el informe El estado de las aves en Colombia, donde está reunida información de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y de otras cuantas investigaciones, el panorama no puede ser más desalentador. Pese a que seguimos siendo la nación con mayor riqueza de pájaros, “en las últimas décadas la situación se ha deteriorado”.

Prueba de ello es que, como se lee en el documento, hay 122 especies amenazadas de extinción, el 40% de ellas endémicas. Y la tendencia del 90% de estas sugiere que sus poblaciones decrecerán en el futuro. Las que enfrentan mayor riesgo son diez especies, todas en peligro crítico y “con una alta probabilidad de extinguirse en un plazo no mayor a diez años”, tiempo que podría reducirse si se tiene en cuenta que varias de ellas dependen de los páramos, ecosistemas que, de acuerdo al Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 presentado hace dos semanas, no tendrán la misma protección que se les otorgó hace cuatro años.

Las preocupaciones, sin embargo, no terminan ahí. Tal como lo plantea el reporte, la región Andina es la que concentra mayor número de especies amenazadas (85), “y ahí están la mayoría de centros urbanos y la densidad poblacional es más alta”, se lee. Las perspectivas, claro, son de más crecimiento.

¿Cuáles son los principales peligros? Como también lo planteaba el Humboldt el pasado viernes, Proaves asegura que el mal mayor es la tala. Casi 350 especies se han visto afectadas por esta actividad. La siguen la agricultura, la falta de conocimiento y la ganadería. En suma, como dice en uno de sus capítulos, pareciera que lo que entendemos por “crecimiento económico estuviese estrechamente relacionado con la degradación ambiental”.