El caso de Colombia

Tanto calor estaría causando un matriarcado en las tortugas marinas

Investigación en Australia mostró que el 99 % de las tortugas en la Gran Barrera de Coral estaban naciendo hembras y el principal culpable sería el cambio climático. Biólogos del país explican la situación nacional, en el Caribe y en el Pacífico.

Las especies de tortugas marinas que habitan Colombia tienen algún grado de amenaza. Fundación Tortugas del Mar.

Hace 20 años, dos biólogas de la Universidad de Antioquia se instalaron en Bahía Solano para resolver una duda. ¿Cuánto calor hacía en la playa El Valle, una de las preferidas de la tortuga golfina para anidar en el Pacífico colombiano? La pregunta venía de una curiosidad científica. Las expertas Vivian Páez y Luz Mery Martínez sabían que el sexo de sus crías depende de la temperatura de la arena donde la madre tortuga puso su nido: si el calor supera los 30°C, la descendencia de la tortuga marina tiende a ser femenina. Si el clima es más frío, por debajo de 28°C, será lo contrario, la camada es en su mayoría masculina. El ideal, llamado por los científicos temperatura pivotal, es una temperatura templada para los huevos, que arroje una proporción sexual que sea de 50 % hembras y 50 % machos.

Para ello caminaron ocho kilómetros todas las noches, durante los cuatro meses que duró la temporada de anidación de la especie. Se obsesionaron con las huellas de las tortugas marinas sobre la arena, con el lugar que escogían para anidar y con el monitoreo de la temperatura en la playa. 

El resultado las dejó satisfechas. En algunos nidos salieron más machos, en otros más hembras y, además, un nido dio tortugas de ambos sexos en proporciones semejantes. Entre todo, los nuevos ejemplares cumplían con una variedad sexual. 

No había por qué alarmarse, en ese entonces, los efectos del cambio climático todavía no salían del clóset. El problema ahora es que las últimas tres décadas han sido las más calientes de la historia y que los pronósticos matemáticos aseguran que en el año 2050 la temperatura será cuatro grados por encima de la actual. Ahí empezó la preocupación de los científicos: ¿cómo influiría ese aumento en la temperatura en la reproducción de las tortugas marinas?

Esa fue la pregunta que llevó que Michael Jensen, científico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por su sigla en inglés), se mudara a Australia con otros colegas, entre ellos miembros del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés). Llegaron allí para resolver la misma duda que, en 1998, motivó a las colombianas: ¿cuánto calor están soportando los huevos de las tortugas verdes en el norte de la Gran Barrera de Coral

La conclusión fue que, de los nidos estudiados, la proporción sexual fue de 1 macho por 116 hembras, un reflejo de la feminización completa de las tortugas marinas. El estudio, recién publicado en Current Biology, se logró modelando la temperatura de la arena y la temperatura del aire durante el tiempo de incubación de las especies. Un período estimado en cuatro meses, dos veces al año.

Esa situación no es exclusiva del país oceánico y la explicación es que para las tortugas marinas no existen fronteras marítimas. Las mismas poblaciones que anidan, se reproducen o se alimentan allí, llegan hasta nuestras playas. De ahí que la bióloga Karla Barrientos, alumna de las expertas antioqueñas y directora científica de la Fundación Tortugas del Mar, ha masticado el problema lo suficiente como para darse cuenta de que en Colombia el fenómeno tiene sus matices. 

Al país llegan cinco especies de tortugas marinas para anidar, reproducirse y alimentarse. A las playas del Pacífico arriban la carey, la verde, la caná y adicionalmente la tortuga golfina. Todas consideradas bajo cierto grado de amenazada según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En el Caribe llegan también las primeras tres especies mencionadas, y en lugar de la golfina, estas playas son visitadas por la especie de tortuga cabezona. La situación en ambos océanos es diferente.

Para graduarse como bióloga, Barrientos y su colega Cristian Ramirez estudiaron cómo las condiciones de Chocó, uno de los lugares más lluviosos del mundo, influyeron en la proporción sexual de las tortugas marinas durante 2008, en la playa El Valle.

En esa temporada, los datos de temperatura que ella recolectó se mantuvieron muy bajitos. “Los grados estuvieron entre 28,7°, no pasaba de 29°. Es decir, que solo por estimaciones podemos decir que la mayoría de tortugas que están saliendo en el Chocó son machos para la tortuga golfina". 

En el caso del Caribe las cosas no parecen tan esperanzadoras. La investigadora Aminta Jáuregui, quien ha liberado más de 3 mil tortugas en la región y quien lidera desde hace 19 años el Programa de Conservación de Tortugas Marinas (ProCTM), ha vigilado con atención los cambios en la temperatura de estas playas. 

De acuerdo con sus cálculos y los de su equipo, ya no queda ni el rastro de las bajas temperaturas que antes se daban en Santa Marta, en el Tayrona, durante la madrugada. “Si uno dormía en una hamaca a la intemperie en 2004, se sentía frío, ahora ya no”. Las mediciones hechas por ProCTM muestran un panorama cada vez más caliente para las especies que anidan allí, lo que se traduce en más hembras. 

El lío es que, según Diego Amorocho, director del Programa de Especies de WWF para Latinoamérica y el Caribe, aún no sabemos de qué manera eso podría estar impactando a las poblaciones naturales. “Porque en el momento en que salen los tortuguitos del mar nosotros no tenemos las condiciones para determinar cuál es su sexo. Tendríamos que hacer pruebas bioquímicas o pruebas a nivel de hormonas, que son muy costosas para cada uno”, concluyó el científico. 

El misterio se complica aún más si se tiene en cuenta, de acuerdo con el estudio del Invemar y el Ministerio de Ambiente, que “la supervivencia de los huevos de las tortugas marinas ha sido calculada en que sólo un huevo de cada mil llega a la edad adulta”. Y sólo un huevo de cada mil, si pudiera marcarse al nacer, tendería a ser hembra al volver a las playas de donde nacieron, como siempre lo hacen. 

En ese caso, el plan para combatir la feminización completa, según los expertos, sería hacer un monitoreo a largo plazo de sus comportamientos, tanto en las playas del Pacífico como del Caribe. De esa manera se podrían hacer planes de manejo, como recomiendan los científicos australianos en la Gran Barrera de Coral, con el fin de regular las proporciones sexuales en estos animales mientras lidiamos con el cambio climático.