Tríada por la paz

Ideas innovadoras que involucran la tecnología, el medio ambiente y la educación, mejoran el estilo de vida de las personas desde el transporte, la salud y la agricultura.

César Salamanca ha sido consciente de muchas cosas en su vida, pero la que más le ha dado fruto a su trabajo es entender que la bicicleta, además de ser un medio de transporte, también es una herramienta pedagógica. Por esto diseñó la pazicleta, una bicicleta que le permite llevar el mensaje de paz mientras va rodando y que ha sido distribuida en distintas áreas rurales del país para que los niños puedan ir al colegio.

Con la rueda trasera roja, para dejar atrás la violencia y la sangre, y la parte delantera blanca, por el futuro que le espera al país, la pazicleta se mueve igual que los colombianos, “hacía delante y sin reversa”. Tiene los pedales negros, “para soportar nuestro empuje”, y ha generado una comunidad, los paziclistas, que se reúnen a pedalear contra el reclutamiento infantil e inspirar iniciativas pacíficas.

Por esto, en 2014 la pazicleta fue contratada por un proyecto de la Agencia Colombiana para la Reintegración que se la llevó a rodar a otros departamentos. En Arauca, Boyacá, Guainía y Putumayo, los niños que se podían gastar hasta cuatro horas para ir al colegio recibieron su pazicleta, y para 2015 se espera que lleguen a 5.000 los paziclistas del país.

“Este sueño al verlo montado en aviones del ejército, llevando estas bicicletas, me hizo sentir que algo bueno estamos haciendo”, dice Salamanca, quien para cumplir su objetivo ha tenido que esquivar las campañas políticas que se le quieren pegar y superar las lesiones que le dejó un taxi que lo atropelló cuando, paradójicamente, montaba en su bicicleta.

De botellas de plástico a prótesis para manos

Impresoras 3D y botellas plásticas para producir filamento, es el material con el que los inventores de la fundación Give Me 5 han desarrollado prótesis para niños que han perdido alguna de sus manos. Una iniciativa que usa tecnología colombiana para generar prototipos más livianos con diseños personificados.

El proceso, según Christian Silva, ingeniero mecatrónico de la Universidad Nacional y promotor de la iniciativa, funciona de la siguiente manera. “La botella de agua de plástico, que es reciclada, solo hay que meterla en una máquina que la muele y entrega el insumo. Luego, este material se mezcla con otro para producir el filamento que usamos para imprimir las prótesis”.

Por medio de un trabajo colaborativo donde la empresa ProtoLab 3D fabrica las impresoras, el laboratorio Bogohack aporta el filamento a partir del reciclaje y voluntarios del grupo e-Nable, al que pertenece la fundación, implementan sus conocimientos, Give Me 5 ha podido entregar siete prótesis de mano. Además, tienen listo el prototipo para pierna y solo están esperando tener unos filamentos más resistentes para volverlo una realidad.

Dirigidas al 6,5% de la población colombiana, que es la que se estima puede tener este tipo de discapacidad, las prótesis desarrolladas por Give Me 5 tienen tres ventajas: permiten manipular objetos, tienen la fisonomía normal de una mano y permiten rehabilitar las articulaciones circundantes para que no se atrofien.

Raperos ambientalistas

En Medellín hay un grupo de raperos que metieron las manos en la tierra. Combinaron el hip hop con el cultivo de plantas para crear una filosofía que se llama Agroarte, en la que buscan recuperar los espacios perdidos, entregados al cemento y la violencia, para convertirlos en espacios verdes.

Al unir algunas iniciativas que iban surgiendo en las distintas comunas, el grupo empezó a sembrar coles, cebollas y plantas medicinales como una forma de hacer resistencia ante los escombros de construcciones que invadían las calles.

“Lo nuestro nace en el corregimiento de San Cristóbal. Empezó como una forma de lucha a La Escombrera, lugar donde hay 300 cuerpos enterrados. Pero luego nos desplazaron y llegamos a San Javier, Comuna 13, para empezar a llevar nuestra iniciativa a distintos lados”, afirma Hugo Andrés Álvarez, Metano, quien hace parte de este proyecto.

Para Agroarte, tanto sembrar plantas como narrar historias es una forma de hacer catarsis. Por esto, cuando llegan a un espacio gris y olvidado, cogen una pica y “empiezan a soñarse cosas”.

 

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