Turismo de alta montaña: oxígeno para los páramos

El objetivo es viajar de forma responsable, conservando el medio ambiente y aportando al bienestar de las comunidades locales. En Colombia tenemos diversas opciones que aportan a la conservación del páramo.

El complejo de Páramo Los Nevados hace parte del proyecto“Páramos: Biodiversidad y recursos hídricos en los Andes del norte”. Yovani Giraldo

El turismo para muchos municipios es una alternativa de desarrollo que conlleva resultados positivos en la economía y en el bienestar de las comunidades. En Colombia mueve al año US$215 millones, según cifras de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

De ese porcentaje, el turismo de naturaleza aporta ocho puntos. Pero es poco lo que se conoce. Se define como realizar y ofrecer esta actividad de tal manera que no afecte el ecosistema que se visita ni los bienes y servicios que ofrecen.

En 2016 se creó el proyecto “Páramos: biodiversidad y recursos hídricos en los Andes del norte”, coordinado por el Instituto Humboldt y con el apoyo de la Unión Europea. . En el Valle del Cauca, Salento y Santurbán hay casos de éxito de cómo es la mejor manera para hacer turismo en páramos.

¿Qué es el turismo de naturaleza, la apuesta de Colombia?

El turismo de naturaleza consiste en disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos de las áreas naturales, a través de un proceso que promueve la conservación. En esta actividad la comunidad local tiene un control sustancial y actúa como operador para difundir el respeto del patrimonio natural y cultural. En el ecoturismo se incluye el de alta montaña, de aventura, rural, el de bienestar, cultural y el científico. Este tipo de turismo ha tenido un crecimiento tres veces más rápido que el de los destinos tradicionales; actualmente, representa una porción del 8 % mundial.

Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo en Colombia mueve al año US$215 millones, por eso el país se propuso como meta crear 300.000 nuevos empleos asociados con esta actividad y una expectativa de US$6.000 millones por divisas al año. Por eso existe una apuesta nacional para el desarrollo del turismo de naturaleza.

¿Cómo hacer del turismo un negocio verde?

 Los negocios verdes, según explica el Ministerio de Ambiente, se caracterizan por ser sostenibles; por eso se busca potenciar las ventajas ambientales en cada una de las regiones y, además, se logra que el medio ambiente se transforme en una variable activa en la competitividad de Colombia. El turismo de naturaleza hace parte del Biocomercio. 

Al transformar el turismo de naturaleza en un negocio, explica la cartera, se consigue que convierta en una actividad controlada y dirigida que genere impactos mínimos sobre los ecosistemas. 

En la actualidad, de los 1.414 negocios verdes verificados que hay en el país, 247 hacen parte del Biocomercio. La mayoría están en la región Central, la Amazonia y el Caribe.

Páramo, un proyecto que impulsa el turismo de alta montaña

“Páramos: biodiversidad y recursos hídricos en los Andes del norte” es una iniciativa coordinada por el Instituto Humboldt, financiado por la Unión Europea. El principal objetivo es fomentar acciones que estén dirigidas al fortalecimiento de la capacidad de las comunidades e instituciones involucradas en la gestión del páramo.  

El proyecto realiza intervenciones en siete páramos, de los cuales cinco son de Colombia: Santurbán, Berlín, Rabanal, Los Nevados, Las Hermosas, Chiles y Quitasol. Los otros dos ecosistemas son el Chimborazo, en Ecuador, y Piura, ubicado en Perú.

Turismo de alta montaña, los casos de éxito

Piedra Parada, ejemplo de conservación y emprendimiento del páramo

A 3.400 metros sobre el nivel del mar está el páramo de Berlín, entre los departamentos de Santander y Norte de Santander. Allí se encuentra un refugio que busca conectar el ecosistema del páramo con sus visitantes y habitantes. Piedra Parada comenzó, en 2017, siendo una pequeña casa de descanso al lado de un lago, en el que los visitantes podían pescar. La idea de Nicolás Mantilla, propietario, era instalar 11 cabañas de madera. 

Pese a las dificultades, consiguió adaptar sus cabañas a estos cambios de clima. En el lugar, ubicado en zona rural de Tona, además está uno de los pocos ecospas del mundo. Se trata de Ushuaia, que se ha convertido en un atractivo turístico. Sin embargo, algunos habitantes pensaban que el turismo no era compatible con estos ecosistemas. Por eso Mario Quijano, profesional de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, explica que estas actividades sí pueden ir de la mano. “En la zona se han realizado procesos de reconversión con la parte orgánica y ha generado aislamientos para la conservación del recurso hídrico. También ha llevado a que la cantidad de agua sea más alta con relación a lo que se venía antes de tener los aislamientos”, añade. Piedra Parada se ha convertido en un ejemplo de negocio verde de alta montaña y ha demostrado el impacto económico y ecológico de la iniciativa. Hoy está certificado bajo la norma de calidad turística. Un gran avance.

 
 

 

El refugio de Piedra Parada está en Berlín (Santander). / Cortesía

El corredor turístico del páramo que renació del acuerdo de paz 

En Tenerife, un corregimiento del Valle del Cauca, está una parte del corredor turístico de La Montaña, un lugar que aparta el ruido de la ciudad para que los cantos de los pájaros sobresalgan. En sus montañas, en las que el conflicto armado reinó durante más de 20 años, sobresalen el páramo de las Domínguez, ecosistema que se transformó en atractivo turístico.

Para evitar daños en esta zona de alta montaña que, tienen alta fragilidad y vulnerabilidad, se articuló una estrategia en la que el turismo sea una herramienta para la conservación de la biodiversidad y hacer de esta actividad una apuesta de negocio verde. “Contó con la participación de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, que lideró el proceso e invitó a la Universidad Autónoma de Occidente para que formuláramos el programa de turismo de naturaleza. Articulamos el proceso con la Asociación de Turismo Palma de Cera, Páramos y Paisajes, la agrupación comunitaria de la zona”, cuenta Germán Morales, docente de la Escuela de Turismo de la Universidad Autónoma de Occidente. 

Los cambios son evidentes. Ya no reinan el dolor, la inseguridad y la zozobra. Ahora los emprendimientos de alta montaña son su carta de mostrar,  y actualmente hay 25 que son parte del corredor turístico. “Trabajamos en procesos de reconversión de la ganadería local, proceso de agroforestería, de silvopastoreo y el fortalecimiento de las Reservas Naturales de la Sociedad Civil. Además, con la colaboración de otras instituciones, se declaró el páramo de las Domínguez como una nueva área protegida en el departamento del Valle del Cauca”, concluye Morales.

 
 

La laguna Negra es parte del corredor turístico de La Montaña. / Armando Rojas

Salento, el renacer de un destino turístico 

Entidades públicas, habitantes de este pueblo y hasta los medios de comunicación aseguran que Salento es el modelo turístico a no seguir. En temporada alta esta zona, famosa por sus cafetales y paisajes, puede llegar a albergar a más de un millón de viajeros al año. Sin embargo, lo que olvidan contar en la historia es que en Salento llevan trabajando tres años para convertirlo en un ejemplo de turismo sostenible y de negocio verde. Para eso han diseñado una serie de estrategias de planeación. 

“Realizamos una caracterización de actores para identificar los roles que estaban cumpliendo cada uno. Luego se hicieron una serie de propuestas, y lo realmente importante fue que la comunidad se apropió de esas propuestas”, cuenta Érika Nadachoswki, funcionaria de Corporación Autónoma Regional de Risaralda, CARDER. 

El principal objetivo en Salento es que el turismo beneficie a la comunidad, por eso para las instituciones públicas y de investigación es fundamental la planeación. Juliana Toro, subsecretaria de Cultura, Turismo y Deporte de la Alcaldía Municipal de Salento, cuenta que es necesario contar con una base para desarrollar el turismo, porque de lo contrario se va a hacer de manera conveniente para cada sector. “Si queremos turismo, se puede hacer en las áreas protegidas, pero llevando un orden en el territorio”, añade. Actualmente, se viene trabajando de la mano de la comunidad en la línea de zonificación, en establecer las capacidades de carga para los senderos y en la organización de actividades. Luego de tres años de esfuerzos, Salento ha vuelto a renacer como un destino turístico sostenible.

 
 

Salento brinda el 70 % del agua a Quindío. / Yiovany Giraldo

Claves para hacer turismo de manera responsable

Es importante considerar cuáles podrían ser las implicaciones sociales, ambientales y económicas del turismo en la alta montaña.  

El turismo de naturaleza y, sobre todo, en la alta montaña, debe acompañarse e impulsarse con los procesos de conservación base en el territorio, como las Reservas de la Sociedad Civil en donde sus propietarios realizan actividades productivas y también destinan áreas para la restauración ecológica o el monitoreo de especies de la zona. Deben motivarse e incluirse componentes pedagógicos con respecto al territorio que visitan, además de conocer y entender las implicaciones de sus actividades para el ecosistema. De igual forma, para los prestadores de servicios que deben responder a la necesidad de generar apropiación y conocimiento de la alta montaña. El diseño de los productos de turismo de naturaleza con base comunitaria, y sus decisiones con respecto al manejo del territorio, deben ser planteados con la participación de la comunidad desde su inicio y no por un gestor externo.

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2019-09-19T11:40:25-05:00

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2019-09-19T11:48:15-05:00

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-Redacción BIBO

Medio Ambiente

Turismo de alta montaña: oxígeno para los páramos

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