Un gorila a 400.000 euros: el tráfico de primates continúa

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Según activistas, en el mercado negro chino se venden primates por miles de dólares. Solo uno de cada diez de los capturados sobrevive.

Por un gorila se pagan hasta 400.000 euros en el mercado negro, mientras que un chimpancé se puede adquirir por 70.000 euros. Esas son las cifras que reveló esta semana la directora adjunta del Instituto Jane Goodall, Laia Dotras; la directora del Centro Darwin, Montserrat Ubach; la directora de la Fundació MONA, Olga Feliu; y la directora técnica del santuario Rainfer de Madrid, Marta Bustelo, en un encuentro llevado a cabo en España. (Lea La polémica decisión de Botsuana de subastar licencias para cazar elefantes)

Gran parte de la culpa, advirtieron, la tiene le mercado asiático, especialmente China, donde las personas aún siguen comprando estos animales a traficantes de especies. (Lea Registran temperatura récord en la Antártida)

Según ellas, los primates viajan de forma ilegal en pequeñas cajas y solo llega vivo “uno de cada diez, muchas veces con papeles falsos y drogados.

El auge de este tráfico en China se debe a que los primates se consideran “un bien de prestigio”, lo que ha provocado que se adquieran para zoológicos, como mascotas o para espectáculos como una muestra de poder económico sin tener conciencia de las consecuencias en su salud.

Dotras pidió no culpar a las comunidades locales que “solo tratan de vivir de forma digna” y resaltó que un cazador local tan solo gana “unos 15 euros por chimpancé”, por lo que señaló a “los grandes culpables, que son las mafias internacionales”.

Las expertas advirtieron de los problemas que causa el uso de primates en espectáculos de circo, de televisión o su tenencia como mascotas en su salud física o mental, ya que son entrenados a base de castigos violentos para llevar a cabo actividades que no forman parte de su naturaleza.

Bustelo puso de relieve el trabajo que llevan a cabo los centros de primates como Rainfer, ubicado en Madrid, que tratan de rehabilitar a los primates a través de su socialización con individuos de su misma especie y a los que aplican tratamientos para enfermedades crónicas causadas por su paso en espectáculos.

Aun así, estos animales ya no son reintroducidos a su hábitat por las graves secuelas que sufren, como ilustra el caso de ‘Tarzán’, un chimpancé que “no se atrevió a salir al aire libre hasta nueve años después de llegar a Rainfer debido a un trastorno de agorafobia causado por haber vivido siempre en espacios cerrados en un circo”.

 

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