Compañía de carne JBS vinculada con masacre en Amazonas

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El 19 de abril de 2017, nueve hombres fueron brutalmente asesinados en la Masacre de Colniza, en Brasil. Una investigación, realizada por Repórter Brasil y The Guardian, encontró que en el crimen estaría vinculado JBS, la compañía de carne más grande del mundo, y su rival Marfrig. ¿Por qué?

El 19 de abril de 2017, nueve hombres fueron brutalmente asesinados en Brasil. Del hecho, que se conoció como la Masacre de Colniza, se supo que fue llevado a cabo por una pandilla conocida como "los encapuchados" y que su objetivo era amedrentar a los habitantes de la zona, quedarse con sus tierras y extraer los recursos naturales. Hoy, tres años después, una investigación de Repórter Brasil y The Guardian encontró que en el crimen estaría vinculado JBS, la compañía de carne más grande del mundo, y su rival Marfrig. (Puede leer: ¿Cómo ha cambiado el uso del suelo en la Amazonia en los últimos 18 años?)

Los cuerpos fueron encontrados en el estado de Mato Grosso, algunos de ellos mostraban signos de tortura; unos habían sido apuñalados y otros fusilados, reseñó el documento judicial. El 15 de mayo de 2017, los fiscales acusaron a Valdelir João De Souza, un agricultor dueño de dos empresas de madera, por el homicidio, explicaron que había ordenado la masacre, pero que no hizo presencia en el lugar de los hechos. Además, contaron que, junto a otras cuatro personas, hacían parte de un grupo paramilitar ilegal.

Desde ese año, De Souza ha estado prófugo de la justicia. “Continúa criando ganado en un área que ocupó ilegalmente en un acuerdo de reforma agraria en Rondônia. A lo largo de 2018, Souza vendió ganado a los ganaderos de la región que, a su vez, suministraron animales a dos de los mataderos más grandes de Brasil: JBS y Marfrig”, aseguró el medio brasileño en su publicación.

Durante la investigación, el medio de comunicación encontró en los registros sanitarios del gobierno que el 9 de mayo de 2018 en la granja Três Lagoas, uno de los predios del agricultor, se habían transferido 143 vacas (80 vacas entre 13 y 24 meses y 63 vacas de más de 36 meses, todas hembras) a la finca Eçada de Meu Pai, que era propiedad de Maurício Narde. Luego, once minutos después, apareció una transacción de Narde a la compañía JBS, donde iban a ser sacrificadas. Las características de los animales, casualmente, eran las mismas de los de la finca de De Souza.

“Unos meses después, el 25 de junio de 2018, Souza también negoció 153 bovinos con la granja Morro Alto, propiedad de José Carlos de Albuquerque, que ese año estaba en la lista de proveedores de JBS y que suministró una unidad de sacrificio en Marfrig en Rondônia”, reseñó André Campos, investigador de Repórter Brasil.

Según testigos del hecho, entrevistados por el medio brasileño, en las granjas con problemas ambientales se utiliza una práctica conocida como lavado de ganado. Quizás fue la que empleó De Souza para, posteriormente, venderle animales a la compañía.  Pero, ¿en qué consiste este método? Básicamente en transferir desde una granja que presenta deforestación ilegal a una finca que tenga un registro limpio, así se encubre el origen del ganado para los compradores. (Le puede interesar: Demanda de carne vincula a China con deforestación en el Amazonas)

Paradójicamente, en Brasil los propietarios registran sus propias tierras y límites, por eso, en algunos casos, se hace tan complejo el monitoreo para ver si esas granjas están cumpliendo con el compromiso de “deforestación cero en la Amazonía”. Una estrategia, impulsada por Greenpeace, que se implementó en este país en 2009 con el propósito de que los productores de carne supervisaran a sus proveedores y evitaran comprar a esos ganaderos que presentaran problemas socioambientales, entre los que están la deforestación, trabajo forzado, apropiación de tierras, conflictos rurales, entre otros.  

Entre los documentos, estaban unas fotos que comprobaron que en 2015 la granja había sido deforestada. Por eso, según las leyes del gobierno brasileño, era ilegal la transferencia directa de ganado desde la propiedad del agricultor a JBS que se había hecho en 2018. Narde, quien sirvió de tercero en la negociación, le confesó a The Guardian que si se había hecho la transferencia. “Compramos y vendemos. Es solo girar”, sentenció el hombre, quien años atrás había sido empleado de De Souza.

Una auditoría, implementada por fiscales federales,  reveló  que el 19% del ganado que JBS compró en el estado en 2016 tenía "evidencia de irregularidades". Aunque desde esa época la compañía ha tenido un gran progreso en el monitoreo de los proveedores directos, aún sigue teniendo problemas con los indirectos. Para octubre En octubre, la empresa se asoció con WWF para implementar medidas que los ayuden en la búsqueda de la información de proveedores indirectos y evitar problemas a futuro.

El homicidio y la venta ilegal no son los únicos delitos que le encontraron a De Souza. En un informe de Greenpeace, publicado justo después de la masacre, se detalló que la empresa de madera, Madeireira Cedroarana, de la cual es propietario había acumulado multas por cerca de $150,000 (£ 116,000) impuestas por la agencia ambiental de Brasil, Ibama. (Puede leer: El Amazonas ha perdido cerca de 38 millones de km cuadrados en la última década)

El caso sigue sin respuesta y mientras se resuelve De Souza sigue prófugo, según él, por miedo. Mientras hallan un culpable JBS, en entrevista con el medio brasileño, sostuvo que “el agricultor  no era un proveedor y que no adquiere ganado de granjas involucradas en la deforestación de bosques nativos, invasión de reservas indígenas de conservación, violencia rural, conflictos de tierras o que usaban trabajo esclavo o infantil". Sin embargo, The Guardian adquirió unos documentos en donde la compañía reconoce que el 53% de su ganado amazónico proviene de proveedores indirectos. (Puede leer: En Brasil, la selva amazónica continúa cediendo a la ganadería)

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