Risaralda, por la ruta del café

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El encanto que esconden sus montañas, el aroma a café y un agradable clima han convertido al departamento en un gran destino colombiano. Conozca cómo se cultiva el producto insignia nacional y algunos de sus atractivos turísticos más destacados.

En este pequeño pero acogedor lugar de Colombia, los días transcurren entre un delicioso aroma a café, la suave brisa que baja de las montañas y la tranquilidad que emana de sus habitantes. Está ubicado en la región centro occidente del país y no en vano fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Risaralda es uno de los departamentos que conforman el Eje Cafetero junto a Caldas y Quindío, razón por la cual el magnífico grano aquí tiene otra dimensión, deja de ser sólo una cifra para convertirse en una forma de ver y sentir la vida.
 
Sin importar la hora, el día o el lugar, el café le recordará que está en su tierra, la misma que con el paso del tiempo ha ido formando una cultura vivaz impresa en su gente, su arquitectura, economía, ambiente, música, barrios y calles. Aquí los jeeps descapotados, desfiles de mulas, enormes cultivos, vestidos de faldas, sombreros y carriel, y leyendas de fantasmas y ángeles se salen de libros y fotografías para hacer parte de la realidad. Una buena forma de entrar en contacto con este destino es conociendo el origen del producto que lo ha posicionado en el mundo entero. 
 
La historia empieza en Etiopía, cuando el comportamiento inusual de unas cabras llamó la atención. Después de comer las bayas de un arbusto estuvieron más activas, curiosas y despiertas. La misma actitud se repitió en 1511, cuando en La Meca un grupo de opositores del gobierno acompañaban sus tertulias políticas con este grano tostado generando pensamientos nuevos e ideas revolucionarias. En Inglaterra, por ejemplo, las tiendas de café eran frecuentadas por letrados y filósofos, de donde nacen las primeras ideas liberales.
 
“A Colombia entró por Cúcuta de manos de un jesuita y se expandió porque el padre ponía como penitencia la siembra del café. Así sobrevive aún el cafetal orgánico más grande del mundo, que queda en la Mesa de los Santos, en Santander”, cuenta Sebastián Mejía, propietario de la tienda El Barista, en Pereira.
 
Ya enterados de la historia del segundo producto más comercializado del planeta, después del petróleo, los turistas pueden vivir la experiencia de cómo lo cultivan los campesinos  visitando La Finca del Café, en Santa Rosa de Cabal. El recorrido empieza poniéndose la indumentaria: para las mujeres, un poncho que cubre el cuerpo, un sombrero y una pequeña canasta, y para los hombres, sombrero, poncho en el hombro y vara. La primera estación permite conocer el trillado del café, un proceso que a través de una máquina saca la cáscara y deja la almendra para después secarla a altas temperaturas con luz natural.
 
Una vez recibida la teoría, empieza el recorrido por los cafetales. Una infinita cantidad de especies de plantas deja ver que los colombianos poco o nada conocemos de los recursos que da la naturaleza. La caminata dura en promedio una hora y exige buen estado físico para evitar fatigas en las bajadas y subidas de montañas. La recomendación es ir con ropa y zapatos cómodos, aplicarse protector solar y evitar agarrarse de todos los árboles que hay en el camino, pues algunos troncos pueden ser venenosos. La travesía finaliza con un vaso helado de limonada y la suave brisa que llega a una casa de guadua en medio de la nada.
 
Aunque en Risaralda no todo es café, su ambiente gira en torno a lo natural. Otra parada obligada en este departamento son los termales de Santa Rosa de Cabal. Bajo un clima templado y una temperatura que ronda los 19°C, entre enormes y redondas montañas aparece un paraíso verde que sólo transmite paz y tranquilidad. El canto de los pájaros, el sonido del agua cayendo y el aire puro que se respira son la mejor compañía. Aquí los visitantes pueden disfrutar de un baño terapéutico en alguna de las siete piscinas de agua hirviendo o bajo los fríos chorros que caen de las cascadas. Es posible quedarse en una cabaña, la montaña o la casa-finca, desde $120.000.
 
Otra opción de hospedaje y entretenimiento se encuentra en el sector Galicia, en la vía que de Pereira conduce a Cerritos. Se trata del Parque Consotá, ideal para compartir un fin de semana en familia sin tener que desplazarse a la ciudad. Una pista de patinaje, piscinas con toboganes, escenarios deportivos, spa, granja con diversidad de animales y un parque de la memoria indígena son algunas de sus atracciones principales. Los huéspedes pueden elegir entre pasar la noche en un moderno hotel, una cabaña hasta para cinco personas o una familiar con capacidad para ocho. Además de sus planes, buena gastronomía y excelente atención, los precios son muy atractivos. La noche cuesta desde $180.000.
 
Un buen final para una visita inolvidable a esta región puede ser el recorrido por el recién inaugurado Bioparque Ukumarí. Una iniciativa que nació de las autoridades locales de Pereira, el Gobierno Nacional y la empresa privada, con el objetivo de fortalecer a la ciudad como destino turístico. Por el momento, los visitantes pueden conocer la zona de Bosques Andinos que ya cuenta con la presencia de animales como osos, monos, águilas, tairas, aves y tigrillos. El horario de atención es de 9:00 de la mañana a 3:00 de la tarde, de miércoles a domingo y lunes festivos. La entrada por el momento oscila entre $20.000 y $27.000, dependiendo de la estatura. 
 
* Invitación del Fondo Nacional de Turismo, Fontur, y la Cámara Colombiana de Turismo de Risaralda.
 

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