Turismo cultural: “Herencia de los dioses”, el valor de las artesanías indígenas

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Un viaje con sentido para ayudar al sostenimiento económico, social y cultural de comunidades indígenas de Guainía, Guaviare y Vaupés.

Las comunidades indígenas de Colombia expresan su creatividad y su cultura a través de las artesanías, que, además, son una forma de preservar y compartir sus saberes y, en los últimos años, también han sido sinónimo de desarrollo económico y social en algunos departamentos del país, entre los que se encuentran Guaviare, Guainía y Vaupés.

Es así como viajar a estos territorios no solo nos permite reencontrarnos con la naturaleza y explorar algunos de los territorios más biodiversos del país, sino también conocer la historia y las tradiciones de pueblos indígenas con saberes milenarios y tradiciones sostenibles.

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Según la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico (CDA), estos departamentos —ubicados en la Amazonia colombiana, que comprende cerca del 40 % del territorio del país y es la zona menos poblada— tienen un sinfín de representaciones indígenas que buscan la conservación de su cultura y formas de vida, siendo estas plasmadas en objetos, cantos, bailes, alimentación y ritos.

En medio de este territorio habitan dos comunidades de los departamentos de Guainía y Vaupés: curripacos y cubeos, respectivamente. Estas etnias indígenas atesoran riquezas ancestrales en su cultura; una de ellas, la creación de objetos a los que llaman “herencia de los dioses”, que son elaborados con recursos naturales tomados del suelo y de las plantas, y son objetos de uso cotidiano con los que reafirman sus costumbres y saberes.

“Las artesanías debemos entenderlas en dos conceptos: desde una mirada occidental, en donde hablamos de objetos decorativos, y desde una visión cosmogónica, la de los pueblos indígenas amazónicos”, asegura Umar Pizarro, profesional de Artes Plásticas de la Corporación CDA, quien viene acompañando varias iniciativas empresariales enfocadas en las artes indígenas, como una alternativa de desarrollo económica, ambiental y social en los departamentos.

“En nuestras comunidades no se habla de artesanías, sino de implementos de uso cotidiano que desde la infancia hacen parte de la crianza y el desarrollo; por ejemplo, la múcura es una vasija que representa y posee múltiples usos, desde la recolección del agua, que al ser de arcilla la filtra y la mantiene fresca, o el guardar y conservar la chicha, que alegra las festividades”, añade Pizarro.

Otro caso es el de la totuma: en occidente es considerada familia de las calabazas, las cortan, las pintan y las tallan, convirtiéndose en un elemento que se embellece, pero para el pueblo indígena no es decorativo, es un elemento que acompaña los días calurosos, en lugar de vasos tienen totumas para beber agua, tomar chicha y hacer mingaos.

“Cuando entendemos estas diferencias empezamos a apreciar aún más hechos representativos como el de la etnia cubea, ubicada en el departamento del Vaupés, donde los indígenas trabajan por la conservación de su cultura a través de una de sus más viejas tradiciones: la alfarería, que durante años fue liderada por las abuelas indígenas, pero actualmente también es realizada por hombres, y tiene como material principal el barro azul”, cuenta Lizeth Yepes, periodista del proyecto Negocios Verdes, de la Corporación CDA, y magíster en Comunicación, Desarrollo y Cambio Social.

Ella añade que en esta comunidad no se usan maquinarias, y una de las principales características de su proceso de creación es que cubren las piezas de barro o arcilla con ceniza de palo cabé, que les permite compactarlas y garantizar el temple a la hora de la quema, convirtiéndolas en piezas únicas que conservan su origen ancestral como una marca frente a otro tipo de artesanías de barro en Colombia.

Por su parte, la cultura curripaca, localizada en el río Isana y cabecera del río Negro, siempre está estableciendo formas de arraigo con su territorio y con los recursos allí presentes. Ejemplo de esto son los procesos de tejido, que han liderado por años.

Uno de ellos es la fibra chiqui chiqui, un recurso natural que abunda en el departamento del Guainía en medio de su extenso bosque. La palma puede alcanzar una altura de doce metros y con la edad se rasga en numerosas fibras que cuelgan, y son estas el material utilizado para elaborar productos artesanales únicos, siendo un insumo que permite el uso sostenible, si se hace bajo criterios de extracción limpia.

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“Nosotros aprovechamos los recursos naturales, sin hacer daño a la naturaleza; también buscamos el bienestar de nuestras familias y tener una mejor calidad de vida. Que en nuestros hijos se quede este trabajo, fundamental para no perder nuestra cultura”, afirma Jaime Rodríguez, representante legal de Sipada, una de las empresas que hace parte de Negocios Verdes, iniciativa que apoya a empresas locales que aportan al cuidado y el uso sostenible del medio ambiente.

Como él, hay decenas de familias que cada día trabajan para hacer productos de calidad. Visitar sus Negocios Verdes y comprar sus productos es valorar piezas que, más allá de su belleza, tienen un fuerte contenido de historia, cultura, tradición y oportunidades económicas y sociales para quienes dependen de esta actividad.

“Hablar de artesanías en los territorios indígenas, especialmente en los de nuestra jurisdicción de la Corporación CDA, Guainía, Guaviare, Vaupés, no es solamente hablar de decoración o de elementos que ayudan en el embellecimiento de un lugar; para nosotros, las artesanías son una forma de vida; hacen parte de nuestra existencia, de nuestra cotidianidad, de nuestras labores diarias, de nuestra culinaria, de todo lo que queremos compartir con quienes nos visitan”, concluye Umar Pizarro.

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