En 14 años 5.156 niños bajaron sus fusiles

Las Farc han tenido en su poder a menores desde la primera infancia, a quienes les encomiendan tareas de combate desde los 6 años. Informe del ICBF.

A los once años, Gina Moreno, de Chaparral, Tolima, decidió unirse a las Farc. Cansada del maltrato y abandono de sus padres, huyó con su hermana a los brazos de quienes, con fusiles, les prometieron la protección que tanto reclamaban.

La niña se acostumbró al estricto reglamento, a las guardias de madrugada, a la incertidumbre de no se saber quién y cuándo iba a atacar, y apenas con unas semanas en la guerrilla, disparó su primer fusil. Qué sensación de poder y grandeza experimentó. "Pensaba que ya nadie me iba a maltratar, que me mirarían a los ojos y me respetarían", recuerda.

En cuatro años pasó por cuatro frentes y una columna móvil, hasta que un día la encontró la Policía. Al principio, sintió rabia y miedo de que le arrebataran su "hogar", pero diez años después, un hijo, una vida tranquila y una profesión de enfermera con la que siente que está "reparando el daño del pasado" no los cambiaría por nada. "Las Farc me robaron mi infancia y mi libertad", manifiesta.

Desde 1999, cuando comenzó el Programa de Atención Especializada a Niños Desvinculados de los Grupos Armados, el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) ha reportado los casos de 5.156 menores de edad que, como Gina, alguna vez estuvieron en las filas de los insurgentes, pero, por fortuna, lograron escapar.

Al respecto, César Darío Guisao, director regional del ICBF en el departamento, asegura que "los municipios más alejados de Medellín y con mayores dificultades de acceso se han convertido en verdaderos fortines de los grupos armados, que buscan allí sus militantes", mientras el área rural es mucho más vulnerable, debido, en gran medida, a la escasa oferta institucional.

Las estadísticas del ICBF también dejan ver que el 24% de los menores atendidos aseguran haber llegado a los grupos ilegales cuando tenían entre 3 y 12 años, y el 76% ingresó entre los 13 y 18 años. "Son alarmantes las edades en que nuestros niños y niñas son reclutados por los grupos armados ilegales", dice el director general del Instituto, Diego Molano. "Muchos de ellos nacen ya reclutados y algunos desvinculados nos han dicho que están allá desde los tres años", agrega.

El nuevo escenario del reclutamiento

Aunque según el informe del ICBF, el 60% de los niños desvinculados salen de las Farc y el 15% del Eln, nuevos grupos aparecen como reclutadores. Hasta junio de 2012 se reportó el ingreso de 126 menores de edad a las llamadas bandas criminales, también conocidas como Bacrim.

"Efectivamente, la Defensoría del Pueblo, a través del Sistema de Alertas Tempranas, ha denunciado el riesgo de utilización y reclutamiento que corren los niños y niñas por parte de los grupos post-desmovilización de las autodefensas", advierte Mario Suescún, delegado de la Defensoría para temas de infancia. "Las autoridades nacionales y locales están perfectamente enteradas de esos riesgos", agrega.

Estos niños viven una situación aún más difícil cuando se enfrentan a funcionarios del sistema judicial que no los reconocen como víctimas de estos grupos, sino como victimarios. "Hay fiscales que están procesando judicialmente a menores de edad que logran escaparse de las bandas criminales", dice el delegado. A esto se suma el hecho de que en la actualidad sólo se conocen tres sentencias por el dleito de reclutamiento contra guerrilleros o paramilitares que se han acogido a la Ley de Justicia y Paz.

Los menores que pertenecen a minorías étnicas también son blanco de los grupos armados. Tal como lo han denunciado entidades como la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), en departamentos como Cauca, Chocó y Nariño los grupos armados ilegales siguen reclutando menores de edad que forman parte de comunidades indígenas y de otras etnias. Factores como la agudeza del conflicto armado y la precaria situación económica de los resguardos aumentan la vulnerabilidad de los niños y niñas indígenas, cuyos cabildos han tenido incluso que presionar a los grupos armados para lograr que sus víctimas regresen a casa.

Sin embargo, no es tan fácil desvincular a niños que integran filas de los grupos armados. De acuerdo a Estela Duque, sicóloga clínica y terapeuta de Taller de Vida, una organización que ayuda a niños que han salido del conflicto e intentan construir un proyecto de vida, a los insurgentes no les conviene perderlos de sus estructuras: "un niño desconoce los riesgos de la guerra, muchos son abandonados que van de mano en mano y quieren buscar algo que los proteja, van a obedecer siempre, a manifestar lealtad y cumplimiento, no van a cuestionar mucho y lo poco que le dan les va a parecer grandísimo".

Los retos del gobierno al respecto son innumerables. El ICBF los acoge, pero según Duque, "no es suficiente. Hay que abrir las puertas para la inclusión social. La mayoría de estos niños escoden su historia para buscar un trabajo o estudiar, ya que se sienten rechazados, pero los ciudadanos tenemos que entender que ellos no fueron victimarios, sino víctimas. Niñas y niños con derechos vulnerados".

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