Agua potable, el sueño de Lloró, Chocó

Pese a su pluviosidad y riqueza ambiental, este municipio nunca ha tenido una central de tratamiento de agua.

Lavadero comunitario de Lloró, Chocó. / Fotos: Óscar Güesguán - El Espectador

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Lloró es el lugar más lluvioso de Colombia debido a sus 13.300 milímetros de precipitaciones anuales. Para llegar a esa localidad, se deben recorrer 45 kilómetros por vía fluvial o terrestre desde Quibdó, la capital del departamento de Chocó. Se trata de un municipio rodeado por la espesa selva del Pacífico y habitado por 10.835 personas, en su mayoría, afrodescendientes e indígenas, quienes comparten una paradoja que ha acompañado la historia del pueblo: pese a su pluviosidad, nunca ha tenido agua potable durante un día completo.

Los lloroseños obtienen el servicio básico gracias a los ríos Atrato y Andágueda, fuentes hídricas que pasan muy cerca a sus viviendas, y a los tanques que se cargan luego de los prolongados aguaceros. De esta forma, el municipio de clima cálido-húmedo, que cuenta con una temperatura promedio de 26°C, se abastece del líquido para los oficios diarios y el consumo humano. De acuerdo con un estudio de la Defensoría del Pueblo de 2009, el 56% del agua para cocinar en Lloró viene del agua de lluvia, un 20% de ríos o quebradas y tan sólo el 1% de un acueducto. “La situación es grave. Ha existido acueducto pero nunca ha funcionado las 24 horas del día. Durante el verano hay que usar el agua del río y hervirla, porque a veces la lluvia no es suficiente”, manifestó Arnoldo Garrido, representante legal del Consejo Comunitario Integral de Lloró.

El uso del agua de lluvia y de las afluentes que rodean el municipio ha sido una práctica común, sin embargo, las enfermedades producidas por el uso de ese líquido son habituales. Virgelina Rentería Tapias, coordinadora del Puesto de Salud, un sitio olvidado que cuenta con dos médicos, una enfermera, una bacterióloga y seis auxiliares, explicó que además de la Malaria, por la que hasta marzo de este año se habían registrado 215 casos, “el Dengue, la Tuberculosis (TB), las Infecciones Respiratorias Aguadas (IRA) y la Enfermedad Diarreica Aguda (EDA), son frecuentes, debido al agua contaminada que consume toda la población y la falta de brigadas de salud”.

La minería es la actividad productiva principal en el municipio. Después de Antioquia, Chocó es el segundo departamento que explota oro en el país, según el Sistema General de Regalías, su producción alcanzó los 8.064.180 de gramos y dejó regalías por $23.226'407.612.

El mal estado del agua no solo afecta la salud de los habitantes de Lloró; la pesca, una de las actividades productivas más significativas para los pobladores luego de la minería, ha disminuido su intensidad. Según Neftalí Machado, conductor fluvial y pescador, quien se ha dedicado a transportar a sus vecinos en pequeñas lanchas con improvisados asientos desde Quibdó hasta Lloró y viceversa, “el río ha perdido navegabilidad y gran cantidad de peces se esconden debido al ruido de las máquinas que hacen parte del trabajo minero, lo cual dificulta la pesca”.

En vista del chocante panorama en este municipio del Pacífico colombiano, varias empresas se unen para entregar una planta potabilizadora que mitigue la problemática. Coca-Cola, la Fundación Natura y Marca País Colombia, entregarán el proyecto, que hace parte del programa ‘Agua Potable’, el cual ha creado 14 construcciones similares en Cundinamarca, Antioquia, La Guajira, Magdalena, Boyacá, Córdoba, Caldas, Valle del Cauca, Meta y Chocó.

La planta potabilizadora utilizará agua, sal y energía eléctrica para producir agua totalmente apta para el consumo humano, lo cual evitará la manipulación de agentes contaminantes como el gas cloro, que puede resultar tóxico, causa irritación en piel, ojos y nariz y en grandes cantidades, ampollas en el cutis. El centro de tratamiento aportará lo requerido para brindar el importante líquido a 4.000 habitantes.

Vender agua para recibir agua

Un puente que se mueve mientras transitan motocicletas y miles de personas a diario, separa al antiguo Lloró, del nuevo, nombrados así luego de que en noviembre de 2013 el río Atrato y el río Andágueda se desbordaran y se llevaran a su paso alrededor de 500 viviendas dejando al menos 800 damnificados. Sin embargo, es un solo Lloró, con sus calles empedradas y los rostros de gente optimista y alegre, quienes se sientan durante horas frente a sus casas para hablar, jugar póker o beber una cerveza. Esos mismos habitantes ven hoy más cerca la posibilidad de tener agua potable, por lo cual, participan del proyecto.

Coca-Cola venderá el agua de los lloroseños. Se trata de botellas llenas de agua de lluvia con un diseño propio, creado por los artesanos del pueblo y con la colaboración de la población en general, quienes recogieron el líquido. Cada una de estas tiene un costo de $1.000.000 y podrán adquirirse en la página web www.natura.org.co. El objetivo final es vender 370 botellas, es decir, recaudar $370 millones destinados a la planta potabilizadora, que facilitará el acceso al agua y así, brindar una mejor calidad de vida a niños, jóvenes y adultos.

Pero llevar agua potable a un municipio no se reduce a la instalación de una planta. Luego de la construcción, la infraestructura necesitará mantenimiento, pero antes, campañas educativas, pues en Lloró la mayoría de hogares no cuenta con grifos, duchas o letrinas. Marco Llinás, gerente de Asuntos Públicos de Coca-Cola Colombia, destacó que “la idea es empoderar a la comunidad, que finalmente es la dueña del proyecto. Ellos deben velar por su agua, hacer el mantenimiento respectivo y estar pendiente del funcionamiento.

Por su parte, Elsa Matilde Escobar, directora de la Fundación Natura, recalca la importancia de la educación en un proyecto de este tipo, pues los lloroseños no conciben el agua como un recurso finito, pues siempre se han proveído de sus ríos. “Será un proceso. Se llevarán cartillas y juegos a los niños y capacitación a los maestros para que sean ellos quienes transmitan el conocimiento y entre todos aprendan a cuidar el agua”.

Pero las dificultades del olvidado Lloró no se reducen al agua potable. Su marcada pobreza y el difícil acceso a la educación son latentes. Para el exministro de Medio Ambiente, Manuel Rodríguez, es una tragedia. “Es la población más pobre del país pero con una gran riqueza cultural y medio ambiental, con recursos que son explotados de manera ilegal, y aunque no se debe estigmatizar labores como la minería, se deben buscar nuevas fuentes de producción y empleo”.

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@Tatianamolinav

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