Álvaro Uribe Vélez protagonista político

Que el expresidente se candidatizara al Congreso y se convirtiera en opositor de Juan Manuel Santos son dos de las noticias políticas más fuertes del año.

Expresidente, Álvaro Uribe Vélez

Alvaro Uribe Vélez es sin duda una figura excepcional de la política colombiana. Así lo registran tanto sus partidarios como sus contradictores, quienes reconocen por igual que para bien o para mal, el expresidente transformó al país durante sus ocho años de mandato. Pero Uribe no sólo fue un presidente popular y el destinatario de odios y de amores por cuenta de su obstinada manera de salirse con la suya, sino también una persona que ejemplifica como pocos la vocación para la política. Mientras todos a su alrededor piden una tregua en el ejercicio de la acción política, Uribe vive para ella. Como lo hace desde hace ya casi tres lustros, el expresidente recorre emisoras regionales en la madrugada; toma fuerza al treparse a algún atril improvisado y se inspira en reuniones populares. Se le iluminan de felicidad los ojos cuando la gente le agradece las ejecutorias del gobierno y se apasiona como pocos cuando argumenta en favor de sus ideas. La conexión que tiene con la gente es producto del amor que profesa por Colombia, pero también, por cuenta de su innata habilidad para leer lo que resulta políticamente más rentable.

Antes de salir de la Presidencia, Uribe había anunciado su intención de crear una universidad virtual y según algunos, pensaba seguir influyendo en la opinión a través de un programa radial en el cual comentaría los acontecimientos nacionales. Sería conferencista internacional y se dedicaría a promover generaciones de políticos alineados con la defensa de su legado en el Gobierno. Volvería a sus fincas y seguramente pasaría algo más de tiempo en familia. Y así empezó. Como expresidente emprendió cientos de viajes por el mundo. Ha visitado más de 50 universidades en 30 países. El año pasado su Universidad obtuvo la personería jurídica, y sus memorias fueron publicadas también en 2012. Desde muy temprano, apenas algunos meses después de haber salido de la casa de Nariño, Uribe decidió que no debía resignarse al papel que hasta ahora habían tenido los expresidentes en Colombia.

Seguramente sin tener claridad hacia donde lo llevaría su determinación, rápidamente marcó distancia con el gobierno que lo sucedió al que acusaba de autor de una cruzada para desprestigiarlo. Criticó la Unidad Nacional, se retiró del Partido de la U y se distanció de sus otrora aliados políticos en el Congreso. Se fue lanza en ristre contra la ley de víctimas, el marco legal para la paz, la reforma tributaria y la redacción del fuero militar. Le hizo reparos a la política agropecuaria y al manejo de las relaciones internacionales. Se opuso, desde que tuvo conocimiento, a las gestiones del Gobierno Santos para llegar a una negociación de paz, y desde entonces ha sido el contradictor más duro a la iniciativa de diálogo que se instaló en La Habana. Para Uribe, Santos desatendió la seguridad, elevó a rango político a los terroristas de las Farc, montó un Estado burocrático y eliminó la confianza inversionista. Desde entonces el ex presidente está comprometido con una aventura política de la que no conocemos aún puerto de destino, desde donde denuncia el desvío del nuevo gobierno de las tesis de la famosa gallina “Rumbo” y sus tres huevitos.

A principios de 2013 era claro que el expresidente Uribe no era un político en retiro, pero no era cierta aún su decisión de aspirar al Congreso, a donde regresaría luego de veinte años. En cuestión de meses Uribe cambió sus compromisos internacionales por una agenda llena de reuniones veredales, al mejor estilo de los talleres democráticos de su primera campaña presidencial. Recogió firmas, consiguió candidatos y se convirtió en activo jefe de la oposición al gobierno y líder de un movimiento político que busca disputar la presidencia. En la actualidad, importantes temas de la agenda política del país se definen con la intervención de Uribe en favor o en contra, y sus tesis hacen parte del debate político permanente. El Centro Democrático será uno de los movimientos más votados en las elecciones de marzo y su candidato a la presidencia está de segundo en las encuestas. El futuro del proceso de paz y su refrendación popular está ligado a la suerte de Uribe, como también lo está la del próximo gobierno. Ya veremos que sucede en el año electoral que se avecina. Pero, por ahora, Uribe es uno de esos personajes que en 2013 definió el rumbo de la política en Colombia, uno de esos individuos sin los cuales no es posible entender los acontecimientos nacionales.