Las ‘chatarreras’ de Santa Rita, entre el hogar y las minas

En este corregimiento del municipio de Andes, en el suroeste antioqueño, la minería no es solo asunto de hombres. Allí las mujeres aportan gran parte de la mano de obra, sobre todo en lo que se conoce como chatarrería.

Las chatarreras empacan lo seleccionado y cada 15 días le pagan al arriero $10.000 por cada bulto, por lo general son 5 para bajar al entable. Leidy Arboleda

Las mujeres (…) defienden, transforman, redefinen y recrean el lugar en sitios que pueden ser experimentados de diferentes maneras. Estas luchas basadas en el lugar revelan que las mujeres no actúan como víctimas sino como agentes conscientes que poseen su propia integridad sobre las condiciones de vida corporal y de su medio ambiente”. Harcourt

A sus 73 años, Soraida Restrepo es una de las ‘chatarreras’ del corregimiento Santa Rita del municipio de Andes, mujeres que se dedican a recoger desechos de las minas para escarbar y ver si encuentran un poco de oro. Antes de salir a trabajar en las minas de la vereda San Agustín prepara el desayuno y almuerzo para su familia, mientras ambienta la madrugada –se levanta a las 4:30 de la mañana- con la música carrilera que escucha en un radio heredado de sus padres hace más de 30 años.

La situación económica de la familia de Soraida no es buena: su esposo, de 83 años, trabaja poco y está muy enfermo; y el hijo con quien vive –tuvo ocho- no tiene trabajo permanente. Pese a esta situación familiar, la sonrisa de Soraida parece no desgastarse, tal vez por la motivación de sus nueve nietos y de lo útil que la hace sentir su trabajo.

Sale de su casa a las 6:00 de la mañana y antes de emprender el recorrido a su lugar de trabajo entra, como todos los días, a comprar cinco buñuelos a la única panadería del corregimiento. De ahí camina unas tres horas, aunque a veces la alcanza una ‘chiva’ o algún minero la lleva en su moto.

La mina donde trabaja beneficia a unas 500 personas, entre ellas una 15 o 20 mujeres cabeza de hogar, según cuenta Jaime Estrada, administrador de la mina ‘Jaime Bulla’.

Entre los años 2008 y 2010, la minería reactivó la economía de Santa Rita. Su riqueza ambiental, sin explorar y explotar, fue un atractivo para las personas residentes en zonas con vocación minera. Esto ocasionó un gran flujo de mineros al municipio, entre ellos Eliana Ibáñez y su esposo, quienes llegaron a Santa Rita hace más de cinco años, luego de trabajar en Segovia.

La minería ha sido considerada como una práctica para “machos”, pero en Santa Rita esta labor se caracteriza por la presencia de mujeres que ven allí una gran oportunidad de fuente de trabajo. “Las mujeres son las encargadas del abastecimiento del trabajador minero. Habrá casos de mujeres dentro de la minera: mazamorrera o el barequeo que es la parte más artesanal de la minería”, comenta el historiador de Andes Gustavo Zapata sobre el posible papel que desarrolla la mujer dentro de la minería.

Riesgo y beneficios

Dentro de los socavones el trabajo es arduo y peligroso. “Hay que hacer mucha fuerza porque es demasiado resbaloso, fácilmente se puede caer y las rocas que se sacan son muy pesadas”, dice Eliana Ibáñez.

Los riesgos cotidianos no se compensan con las ganancias, según dicen las chatarreras. “Uno se gana $350.000 en 15 días, pero de ahí debe sacar para pagar el arriero, que cobra $10.000 por cada bulto que uno necesite bajar al entable (…), es poco lo que le queda a uno, pero sí me parece más rentable y me va mejor que cogiendo café”, comenta Soraida, una fumadora constante que evita hacerlo en su trabajo para no incomodar a los demás y evitar accidentes.

La realidad económica de estas mujeres está al otro extremo de las damas  mineras que se convirtieron en mitos, como “María Centeno” en Santa Fe de Antioquia, quien habría poseído inmensas fortunas y hombres a su servicio. “Eso está entre la realidad y la ficción. En Andes no se conoce de algo parecido”, dice Gustavo Zapata.

Pese a los riesgos, el trabajo en las minas les ha traídos a las ‘chatarreras’ otros beneficios. Esta labor les ha permitido obtener más ingresos económicos y compartir más con sus esposos e hijos. Cuando se dedicaban a la agricultura permanecían la mayor parte del tiempo fuera de casa, ya que para recolectar el café se debe madrugar y estar por un lapso de 10 a 11 horas, esto si se quiere obtener una buena remuneración, sobre todo las mujeres que son las únicas proveedoras del hogar.

Regulación de la minería en Colombia

En Colombia, el sector minero está regido por la Ley 685 de 2001 (Código de minas), que dispone la minería como interés público. De allí parte que trasnacionales inviertan y entre dinero al Estado. El Código no reconoce a los mineros artesanales, ya que los presenta como trabajadores ilegales. No se reconoce su actividad como una práctica de sustento.

La presencia de las mujeres en las actividades mineras varía dependiendo de la región donde se encuentren, el tipo de minería que se realiza y las restricciones socioculturales de las comunidades en las que participan: mientras en la minería de aluvión llevada a cabo en regiones como el Chocó es usual que hombres y mujeres trabajen a la par, en la minería de veta existe una prohibición explícita del Código Sustantivo del Trabajo (artículo 242), que inhabilita a los empleadores contratarlas en labores subterráneas de socavón.

*Este artículo fue publicado en el periódico De la Urbe, de la Universidad Antioquia

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