El caficultor antioqueño que protagoniza un comercial estadounidense

Humberto Galeano vive en Jardín, Antioquia, tiene 57 años y ha estado toda su vida entre las montañas de Antioquia. Sus padres y abuelos le enseñaron la tradición del café y ahora espera que los jóvenes vuelvan a ver el futuro entre las montañas de su tierra.

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Mientras se toma una taza de café importado de la India reconoce la diferencia entre el grano que se cultiva en Colombia y el de otras partes del mundo. Por tantos sabores que pueda probar, tiene la certeza de que el de su tierra es, para él, el mejor, porque “es más suave”.

Humberto Galeano creció entre cafetales. Heredó el oficio de sus padres, quienes lo aprendieron de sus abuelos, y espera que sus hijos – Andrea y Danilo Galeano - sigan con el legado que ha llevado en sus espaldas durante 57 años. Hasta ahora ha logrado su objetivo porque Danilo lo acompaña a recoger café y Andrea – aunque estudia biología en Medellín – se une a su labor en las vacaciones y espera aprender de la naturaleza para aplicar su conocimiento en la finca.

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Ha cultivado diferentes variedades de café: arábigo pajarito, royal y ahora castillo, en su finca de cinco hectáreas y media ubicada en la vereda Arboleda del municipio de Jardín, Antioquia. Con otros caficultores comenzó a tocar puertas para vender su grano y llegó a una empresa que permitió que su producto atravesara fronteras y llegara a personas que hablan diferentes idiomas.  Galeano es la imagen de una marca de café extranjera que lo usa como insumo para sus productos. Donde antes estaba George Clooney, ahora están él y otros dos caficultores que quieren mostrar su cultura al mundo. “Increíble!”, así lo define.

El comercial muestra cómo llega a su finca y la recorre en compañía de su hija (Andrea Galeano) en medio de los paisajes exuberantes de Jardín, caminando entre los cafetales y montañas que son atractivo de este municipio y atravesando en una camioneta los senderos por los que transportan sus cultivos en este lugar del suroeste anrioqueño.

“El consejo que le doy a mis hijos es que sigan cultivando. Así estudien y vayan donde vayan no olviden el origen, somos campesinos”. Cree que la ciudad es realmente una selva de cemento, donde sus habitantes olvidan que sin el campo no podrían existir. Ese es su llamado y el que ha hecho el sector rural en los últimos años, pero que él no se cansa de repetir.

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Su invitación: volver al origen y estar orgullosos de este. Su origen es el campo, el café. Y ser caficultor un oficio en el que espera  los jóvenes vuelvan a creer.