El rescate en el cerro El Gordo

Decenas de bomberos y habitantes de la vereda Pantalio, en La Unión (Antioquia), se enfrentaron al terreno agreste para rescatar con vida a seis personas del accidente aéreo que dejó 71 fallecidos.

EFE.

Los habitantes de la vereda Pantalio fueron los primeros en enfrentarse a la topografía agreste del cerro El Gordo, una montaña de verde intenso y de árboles frondosos que sirve como base militar y sobresale en las llanuras del Oriente antioqueño, exactamente en el límite entre los municipios La Unión y La Ceja.

Después de las 11 de la noche de ayer llegaron los bomberos, primero los de La Unión y La Ceja y después los del Valle de Aburrá. En total, once organismos de socorro, que dejaron atrás la vía principal que conduce a La Unión y recorrieron más de 15 kilómetros por una vía destapada. Luego subieron a pie unos 40 minutos por un camino tan pendiente que debían apoyarse entre ellos, mientras que la temperatura no superaba los 2 °C.

Al llegar al pico de la montaña vieron luces de linternas que mostraban el punto exacto donde habían quedado las partes del avión siniestrado. Descendieron unos 500 metros y se encontraron con un panorama que seguro no habían visto en años y años de atender tragedias: en un área de 80 metros estaban los restos del avión, la cola en lo alto de la montaña y la parte central a lo largo de la falda. Las sillas, con los cuerpos, “parecían un acordeón”, cuenta Elkin González, comandante operativo de los Bomberos de Itagüí. “En 22 años de rescatista no había visto algo así, sólo en las películas”, agrega.

Los cuerpos de socorro hicieron uno de los primeros protocolos que se siguen en casos como este: verificar que no hubiera peligro de incendio por posible combustible derramado. Sin embargo, les extrañó no percibir olor a gasolina ni huellas de vegetación quemada.

El siguiente paso fue ayudar a evacuar a los heridos. Pensaron que era un milagro encontrar gente viva. El primero fue Danilo, el portero del equipo Chapecoense. “Vamos, Danilo. Vamos, Danilo”, decían los socorristas. Sin embargo, el deportista no alcanzó a llegar con vida al hospital de La Ceja.

En medio del rescate, Misael Cadavid Jaramillo, médico y comandante de los Bomberos de Itagüí, no pudo evitar pensar en la poca dotación de los rescatistas en Colombia. Cuánto habrían servido torres de iluminación, cámaras térmicas y escáneres para detectar cuerpos con vida. “Trabajamos con las uñas”, dijo.

El clima no ayudó. A la 1:00 a.m. empezó a llover y los socorristas debieron suspender temporalmente los trabajos. Cuando escampó, después de las 3:00 a.m., un lamento que más bien parecía un susurro los alertó. “¡Silencio!”, gritaron. Corrieron hacia un punto de la montaña, de donde provenían los sonidos de dolor. Entre un árbol, sentado, como lo describe Duván Chavarría, sargento de los Bomberos de La Ceja, estaba un hombre corpulento, de unos 100 kilos y atlético. Tenía una profunda herida en la cabeza y en una pierna y no podía abrir los ojos. Se trataba del último sobreviviente. Horas después se sabría que era Helio Ermito Zanper.

Al llegar la luz del día, los rescatistas dimensionaron lo ocurrido, parecía que el avión hubiera tocado con la barriga la montaña mientras sobrevolaba esta zona del Oriente antioqueño.

Ayer en la tarde habían rescatado 67 cuerpos, de los cuales 35 fueron llevados en helicóptero al hangar de la Gobernación de Antioquia en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. Entre tanto, en el sitio conocido como Don Quijote, en la entrada de la vereda Pantalio, rescatistas, autoridades y habitantes, esperaban que finalizaran las operaciones de rescate de los cadáveres para ingresar al punto donde cayó el avión con 77 personas, en el que iban los jugadores del equipo brasileño Chapecoense, que debería enfrentar a Nacional este miércoles por la final de la Copa Sudamericana.