La Loma: el barrio fantasma de Medellín

Enfrentamientos entre combos, amenazas a transportadores, deserción escolar y la falta de garantías de seguridad, han acrecentado el temor de las familias y el deseo de irse del sector.

Corregimiento San Cristobal Gustavo Torrijos

Durante 2013, a causa de enfrentamientos y amenazas entre combos, 95 familias se fueron desplazadas del barrio La Loma del corregimiento San Cristóbal, en  Medellín, que cuenta con  71.518 habitantes.

 A pesar de que se instalaron cinco puntos fijos de la Policía, para garantizar la seguridad a los habitantes, las calles de ese barrio no volvieron a ser las mismas, la gente no volvió a compartir en las aceras y el silencio y el miedo invadieron el territorio.

 Llegado el 2017, algunas familias vieron mejoría en el sector, y decidieron retornar, veían garantías por parte del Estado. Y con ese retorno llegó, también, la idea de una fiesta que rompiera con ese silencio de aparente apatía entre los habitantes.

 Así fue como llegó Fabián Alberto Álvarez, con su núcleo familiar, un líder social que buscaba eliminar las barreras que otros habían puesto en el territorio.

“Decía: ‘Que tan bueno una integración’. Porque desde que pasó lo del desplazamiento se convirtió en un barrio fantasma, usted va y allá no se encuentra a nadie, las calles son cerradas, los niños no salen y antes era muy diferente, antes la gente salía, hacía sus fiestas en el camino”, explica un habitante de sector, que quiso reservar su identidad.

Este sector queda ubicado al occidente de Medellín y logra una conexión con el Urabá, que según el personero delegado para los Derechos Humanos, Juan Fernando Gómez, es un área estratégica para el tráfico de armas y drogas.

 Allí,  Álvarez comenzó a trabajar por la fiesta que soñaba para la comunidad en conjunto con la Personería, la Unidad Municipal de víctimas y la Alcaldía de Medellín, donde lideraba acciones en pro de la convivencia y de diálogo entre la comunidad víctima por desplazamiento o por asesinatos, con la institucionalidad.

De esta manera, Álvarez se convirtió en una pieza clave para generar confianza a quienes se habían ido, para que volvieran, y a los que habitaban allí, para unir fuerzas y  contribuir un ambiente de paz y convivencia.

Después de casi 4 años de exilio, volvió a La Loma en mayo de 2017. Y gracias a una gestión de tres meses logró que la fiesta  la hiciera la Policía. Según relata un habitante del sector, esta celebración que se realizó el 2 de julio, desde las 2:00 p.m. y que terminó a las 4:00 a.m., contó con la presencia de un show de perros para niños, una presentación a cargo de un grupo de la tercera edad y con una orquesta, en la cual Álvarez fue el baterista

Justo al día siguiente la comunidad conoció que habían sido retirados los cinco puntos fijos de la Policía, que era parte de las garantías que el gobierno local les había dado para su seguridad.

“Nosotros volvimos muy confiados porque  la Alcaldía nos dio garantías de seguridad, y nos dijeron que no nos iban a quitar los puntos fijos de la Policía que estaban allí desde el 2013”, explicó un habitante del sector.

 El 14 de julio se conoció el asesinato de Fabían Álvarez, este líder social, cuyo homicidio aún se investiga por parte del Fiscalía. Según el personero, Álvarez había denunciado el riesgo que corrían las familias con la retirada de estas unidades.

“Él manifiesta su preocupación, tanto a la Personería  como la Alcaldía. La Personería lo escala con la policía y la información que tuvimos fue que desafortunadamente después de esas denuncias y de esa fiesta, lo asesinan. Lamentablemente no podemos asegurar que el retiro de estos puntos fijos en un solo sector, fue un hecho desencadenante para el homicidio de él”, explica el personero Gómez.  

 Es así como el miedo se apodera de nuevo de esta comunidad, a esto se le suman problemáticas como la deserción escolar por parte de los niños de sus aulas y la falta de garantías de seguridad por parte de las autoridades, para la permanencia de estas familias.

 “Lo que pasa en La Loma es puro abandono del Estado (…) Usted va a La Loma y usted no ve una cancha de futbol, no encuentra un parque, nosotros le decíamos, a la Alcaldía, que allá los jóvenes no tienen un parque en el cual divertirse, no tienen nada, le pedimos que intervinieran económicamente el sector. Y respondían que no se podía, que no se podía. La Loma es un barrio abandonado,  que solamente lo miran cuando hay balaceras”, explica un habitante del sector.

Según información oficial 10 familias han manifestado su decisión de irse del sector, y se teme por un masivo desplazamiento como el ocurrido en 2013.

La seguridad, la presencia e inversión por parte del Estado, son temas que quedan sobre la mesa.