Opinión

Más allá de la "lección" del alcalde Gutiérrez sobre polémica foto con Popeye

La "memoria colectiva" y la "fama", dos temas sensibles a los que llama el debate sobre este controvertido episodio, en el que tres mujeres contratistas de la Alcaldía de Medellín  posaron sonrientes junto al exsicario de Pablo Escobar.

El Alcalde Federico Gutiérrez llevó a las tres contratistas al Museo Casa de la Memoria donde él mismo fue su guíaAlcaldía de Medellín

El pasado 29 de diciembre se divulgó una polémica foto en la que tres mujeres contratistas de la Alcaldía de Medellín  posaban sonrientes junto a "Popeye", exsicario de Pablo Escobar. (Lea también: Polémica por fotografía de contratistas de la Alcaldía de Medellín con “Popeye”

"La primer decisión en su momento fue, sí, se tienen que ir", aseguró el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y agregó: "¿pero qué gano yo si después llegan tres mujeres o tres hombres más y se toman otra fotografía con él o con otro referente de la ilegalidad?" El mandatario decidió entonces invitar a las mujeres al Museo Casa de la Memoria en Medellín para que recorrieran las exposiciones dedicadas a los años 70, 80 y 90 y "sacaran sus propias conclusiones sobre lo que significa para las víctimas poner en lo más alto a los victimarios", afirmó Gutiérrez.

El propio alcalde fungió de guía durante el recorrido por estas tres salas explicando lo que significó la influencia del narcotráfico en la ciudad, las víctimas y los hechos que rodearon estos 30 años que aún no terminan de tener eco no solo en Medellín sino en todo el departamento de Antioquia por la actual diseminación del fenómeno narcoparamilitar. (Lea también: "Popeye" ha tenido reuniones con miembros de La Oficina: Fiscalía)

El alcalde Gutierrez tocó un tema de amplio y de sensible debate como lo es la memoria colectiva. Ésta generalmemte se hace dentro de "marcos sociales de la memoria", como bien lo decía el sociólogo francés Maurice Hallwbachs. Es decir, espacios, tiempos, lenguajes, religión, familia, etc. relativamente compartida dentro de un grupo social.

Las contratisas eran mujeres paisas. ¿No sabían realmente quiénes fueron Popeye y Pablo Escobar? ¿Estaban absolutamente desconectadas de lo que ha ocurrido en Medellín en los últimos 40 años? Probablemente este "indignante" evento para muchos esté ilustrando una cuestión estructural más profunda  que solo el hecho de haberse perdido unas cuántas clases de historia.

Lo que podría estar revelando el episodio de la polémica foto con Popeye es que en mucha de la construcción de memoria en el país se hace solo desde una apilamiento vacío de eventos del pasado, de acontecimientos "excepcionales", sin advertir el sentido para la vida social, política y cotidiana que supone recordar, con todo y sus incoherencias, silencios y confusiones que implican incluso el cuestionamiento de los distintos gobienros nacionales y municipales que rigieron (y rigen) en épocas de influencia narco paramilitar. 

El alcade vio la necesidad de llevarlas al lugar desde donde se cuenta una historia oficial de la memoria, el Museo Casa de la Memoria, desde donde se nos dice "lo que deberíamos recordar" y "cómo lo deberíamos recordar". Pero, ¿por qué no se les preguntó qué significó para ellas ese momento de euforia de posar para una foto junto a Popeye, en lugar de reaccionar de una manera paternalista "enseñando una lección"? ¿Por qué un hombre como Popeye aun sigue despertando admiración en algunos habitantes de aquella ciudad bastión del narcoráfico de finales del siglo pasado?

El choque entre esa memoria histórica y oficial y la memoria individual y colectiva puede revelar el desfase que hay en nuestra relación con el pasado encarnado en la actuación de estas mujeres.

Ningún medio hizo eco de algún tipo de respuestas alrrededor de las declaraciones de las contratistas antes de que se les dijera qué "estaba mal". Algunos solo registraron "la lección que dio el alcalde" a este trío de mujeres. Probablememte porque escuchar las motivaciones de estas mujeres comunes y  corrientes, trabajadoras, porbablemente madres, hijas, esposas como muchos otros ciudadanos colombianos, revele el aspecto más inmoral de nuestra política y nuestras costumbres: la admiración por las figuras que detentan el poder sin importar qué tipo de consecuencias tenga el ejercicio de ese poder, ni cómo se hayan "hecho respetar" o cómo se hayan ganado su "fama".

¿Pero qué significa ser famoso? Ser famoso significa ser un individuo excepcional. Generalmente dicha excepcionalidad está asociada a lo que se es y  lo que se hace. Además, dicha excepcionalidad se caracteriza por encarnar aquello que una sociedad valora como digno de ser imitado o absolutamente repudiable. (Lea también: Fama en tiempos líquidos)

La reputación, el prestigio, la autenticidad, son algunas características de a quién consideramos famoso, generalmente asociadas con virtudes que se desean sean imitadas para todos los miembros de una comunidad. 

Sin embargo, en nuestra era marcada por el valor de exhibición, la singularidad de los individuos famosos debe ser valorada, legitimada y reconocida por el pueblo, transformado hoy en "audiencia". No es gratuito entonces que Popeye se haya volcado a ser una figura de YouTube. Esta nueva forma “democrática” de valorar la autenticidad debe ser exhibida y legitimada por ese nuevo pueblo, el  público, y Popeye lo tiene en su canal de videos en internet.

Esta foto con Popeye quizá revela que la fama no representa ningún bien moral en esta nuestra era de la exibición, odiamos a Popeye, pero vemos a Popeye, lo legitimamos. Y no solo es Popeye, puede ser cualquier otro político "famoso" por sus no muy decorosos y decentes actos. La fama, un bien perseguido más allá del bien, pero sobre todo del mal.