El papa y el arzobispo

Una sola fe, dos modelos antagónicos

Los discursos de dos jerarcas de la Iglesia católica revelan distancias entre Roma y Medellín en temas muy sensibles para la supervivencia de la fe.

El arzobispo de Medellín, Ricardo Tobón, saluda al papa Francisco durante su visita a Colombia el año pasado. / Cortesía de El Mundo

Uno tiene 82 años y es el obispo de Roma; el otro, 67 y es el arzobispo de Medellín. Coincidieron en Aparecida (Brasil), en mayo de 2007, en la Comisión de Redacción del documento final de la V Conferencia de Obispos Latinoamericanos y del Caribe. El entonces arzobispo argentino Jorge Mario Bergoglio salió elegido presidente de la Comisión y marcó la pauta en la redacción de un texto que apelaba a un nuevo orden social en Latinoamérica basado en la dignidad del ser humano y la justicia. “Teología de la liberación”, dirían algunos, como Ricardo Tobón, joven arzobispo conservador de la Diócesis Sonsón-Rionegro, discípulo del cardenal Alfonso López Trujillo, fallecido en 2008.

Entonces, hace casi ya 12 años, chocaron dos modelos de administración de la Iglesia que fácilmente se explican con este ejemplo: Francisco, recién nombrado papa en marzo de 2013, se mudó a la austera Casa Santa Marta, rechazando el lujoso Palacio Apostólico en el Vaticano. Monseñor Ricardo Tobón también dejó su palacio arzobispal, a pocas calles de la Catedral de Medellín, pero para comprarse un lujoso apartamento de más de US$1 millón en el exclusivo barrio El Poblado, también en 2013, gracias a una colecta entre parroquias.

Ambos han sido denunciados por encubrimiento en casos de pederastia. Sin mostrar evidencia, el exnuncio en Washington Carlo María Viganó dijo que Francisco fue informado en el año 2013 de los abusos del excardenal de Washington Theodore McCarrick, suspendido en junio de 2018. Sobre el arzobispo de Medellín sobran las evidencias: la investigación periodística titulada “Dejad que los niños vengan a mí”, emitida en la W Radio, descubrió un pasado oscuro sobre las maniobras de Tobón y uno de sus protegidos: el sacerdote Roberto Cadavid, denunciado en múltiples ocasiones por abusar de menores en distintas parroquias del Valle de Aburrá.

De hecho, aunque suspendió a Cadavid del ejercicio ministerial en 2012, el arzobispo de Medellín, Ricardo Tobón, lo protegió y, además, lo recomendó para trabajar en la Diócesis de Brooklyn, ocultando a su homólogo neoyorquino, Nicholas DiMarzio, los antecedentes del religioso.

Cuarenta y tres días separaron los discursos que el papa Francisco y monseñor Ricardo Tobón pronunciaron frente a su curia, con motivo de las celebraciones del pasado fin de año. El arzobispo de Medellín reunió a su presbiterio en el Seminario Mayor el 8 de noviembre y Francisco hizo lo propio con los suyos en Roma el 21 de diciembre. En este discurso anual, Tobón y Bergoglio hablaron sobre la reciente oleada de denuncias contra sacerdotes pederastas y abusadores de menores. Sus reflexiones demuestran que siguen chocando dos modelos de Iglesia, los mismos que chocaron en Aparecida en 2007.

Aquí algunos ejemplos:

Francisco, en tercera persona, reconoce el problema: “También hoy muchos David, sin pestañear, entran en la red de corrupción, traicionan a Dios, sus mandamientos, su propia vocación y la confianza de los pequeños y sus familiares”. Ricardo Tobón, en primera persona: “Así es como hemos abusado de personas de la vida litúrgica, de la vida pastoral, del uso del dinero y de la comunidad. Desde diversos campos, con humildad, hemos caído en la corrupción y en la justificación de nuestros actos”.

Francisco agradece a los medios: “Algunos, dentro de la Iglesia, se alzan contra ciertos agentes de la comunicación (…) En cambio, me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas”. Tobón, en cambio, los acusa: “Un calculado y pretencioso uso de los medios de comunicación social, donde no tiene cabida lo bueno que hacemos, sino las fallas que cometemos”.

Del rol de la justicia civil, el obispo de Roma sostiene: “La Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso (…) Convertíos y entregaos a la justicia humana”. El arzobispo de Medellín señala: “Yo no denuncio ante las autoridades civiles. A las personas que vienen a denunciar se les dice siempre: ‘Si usted quiere, ojalá lo hiciera, ponga esto ante la autoridad civil’, pero la Arquidiócesis, la Iglesia, no denuncia ante las autoridades civiles”.

Sobre los escándalos contra la Iglesia, Francisco le dice a su curia: “Por eso, la Iglesia no se limitará a curarse a sí misma, sino que tratará de afrontar este mal que causa la muerte lenta de tantas personas, a nivel moral, psicológico y humano”. Ricardo Tobón, a sus sacerdotes: “La Iglesia, como una potencia orientadora y moral de la sociedad y de la cultura, especialmente en Occidente, estorba. Y por eso, con orden y con astucia, se han venido utilizando diversos medios para atacar a la Iglesia”.

Tobón prosigue: “Pero el ataque perfecto ha venido con las denuncias de pederastia. Así nos quitan imagen, autoridad, tiempo, fuerzas, recursos económicos y, sobre todo, personas”. Francisco, por su parte, hace un mea culpa como jefe de la Iglesia: “También hoy hay muchos ‘ungidos del Señor’, hombres consagrados, que abusan de los débiles, valiéndose de su poder moral y de la persuasión”.

Sobre las víctimas, el papa Francisco cita a Jesús: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar”. El arzobispo Ricardo Tobón duda y admite que las ha “auxiliado”: “No es fácil crear caminos para atender adecuadamente a las víctimas, que a veces no dicen la verdad, que a veces quieren aprovecharse de la circunstancia, que a veces piden ayuda y después dicen que se les hizo mal con la ayuda que se les dio”.

El propio Tobón redondea así la supuesta conspiración en marcha: “El proyecto es grande y el propósito es realmente quitar a la Iglesia su espacio y su misión”. El papa, en contraste, avanza en el reconocimiento del error: “Desde hace varios años la Iglesia se está comprometiendo seriamente por erradicar el mal de los abusos, que grita la venganza del Señor, del Dios que nunca olvida el sufrimiento experimentado por muchos menores a causa de los clérigos y personas consagradas: abusos de poder, de conciencia y sexuales”.

Aunque monseñor Ricardo Tobón ofrece arrepentimiento y acción en otros apartes de su oratoria, las frases expuestas aquí merecen que la Iglesia explique con cuál discurso quiere erradicar la pederastia de su seno: con el del papa o con el del arzobispo de Medellín. El mismo que sigue la línea del papa Juan Pablo II o los cardenales Alfonso López Trujillo y Tarcisio Bertone.

Desde Aparecida, casi 12 años después, siguen chocando dos modelos de Iglesia: Bergoglio vs. Tobón. ¿Cuál prevalecerá?

*Periodista y director de Partida W de la W Radio

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2019-01-23T06:33:42-05:00

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Juan Pablo Barrientos (*)

Antioquia

Una sola fe, dos modelos antagónicos

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