Apicultura, herramienta para el empoderamiento de la mujer rural colombiana

Según un informe de 2018 del Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP, sólo el 13% de mujeres en el mundo son propietarias de tierras rurales.

"La mujer rural está relegada a un segundo o tercer grado, y cuando la mujer empieza a contribuir económicamente a la economía familiar y comienza a tener la capacidad de liderazgo dentro de la comunidad hay un empoderamiento", explica Germán Perilla, el director de la "Honey Bee Initiative". /Imagen de referencia.Pixabay

Con su hija de pocos meses en brazos y una amplia sonrisa de dientes alineados, Cenni Cortés vende la miel que produce en su finca en bolsitas de medio kilo: ella es una de los centenares de mujeres del campo colombiano que encontraron en la apicultura una vía para empoderarse.

"Nosotras hemos sido las que hemos trabajado (...) nosotras hemos llamado a otros apicultores a que se apropien del proyecto, a que miren la viabilidad", explica Cortés, una de las primeras beneficiarias de la "Honey Bee Initiative", impulsada por la Universidad George Mason, de Virginia (EE.UU), y que se desarrolla en Socorro, en el departamento de Santander.

Este programa, que tiene también el apoyo de la Universidad Industrial de Santander (UIS), cuenta con financiación de BBVA Colombia y el 80 % de sus beneficiarios son mujeres.

Cortés representa a la perfección lo que significa ser mujer en Santander: su trabajo, su pujanza y la unión son rasgos de las nacidas en esta región del noreste de Colombia.

Como ella, Johana Mesa abre cuidadosamente la tapa de una de las trece colmenas que tiene en la finca de sus suegros, en la vereda (aldea) Alto de Reinas, a media hora del centro de Socorro.

Tradicionalmente, la mujer se encargaba del cuidado sólo de las abejas melíponas, las que no tienen aguijón, aunque con la "Honey Bee Initiative" se rompe este estereotipo.

Y Mesa es el mejor ejemplo, pues ella sola se encarga del cuidado de todas las colmenas de su finca.

"Aprendí a manejarlas a través de las reuniones y gracias al conocimiento de mi esposo", explica Mesa, ya que este programa tiene como beneficiario principal a familias que ya trabajaron con abejas, como es su caso.

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En la Colombia rural, la mujer es sinónimo de comunidad.

"La mujer rural está relegada a un segundo o tercer grado, y cuando la mujer empieza a contribuir económicamente a la economía familiar y comienza a tener la capacidad de liderazgo dentro de la comunidad hay un empoderamiento", explica Germán Perilla, el director de la "Honey Bee Initiative".

Por ello, Perilla cree que este programa tiene una doble vertiente: por un lado genera oportunidad económica, y por el otro, empoderamiento social.

La clave, dice, es que la mujer rural colombiana "piensa en términos de comunidad y el hombre no. La mujer crea comunidad".

Para conocer el impacto positivo de la iniciativa, un grupo de 30 estudiantes de la Universidad George Mason viajó desde Estados Unidos hasta los confines de Socorro.

Una de ellas es Abby Rasheed, que estudia música y negocios en esa universidad, y que dice que este es el mejor ejemplo de cómo conseguir cambios positivos involucrando a varios sectores de una misma comunidad: "Una escuela o un negocio puede suponer un cambio".

Por contra, su profesora y una de las impulsoras del programa, Lisa Gring-Pemble, cree que la mejor enseñanza que pueden llevarse sus alumnos es que aprendan que "no hay que elegir entre ganar dinero y tener un fin social".

"Hablando con algunas mujeres veo que el impacto ha sido profundo, para muchas de ellas supone una fuente adicional de ingresos que pueden usar para suministrar a su familia y cubrir sus necesidades y también las de la comunidad", concluye esta profesora.

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La principal amenaza para esta industria apícola viene de los pesticidas que se usan para controlar las plagas que afectan a otro de los pilares de la economía rural del departamento: el café.

A Orlando Acosta se le murieron el año pasado todas las abejas de 36 de sus colmenas.

"Uno las veía ahí, en el suelo, muertas, sin poder hacer nada. Para recuperar esas colmenas hay que volver a transformar los núcleos, llevarlas, recoger ese material dañado, cambiarle la cera (...). Más o menos cuesta unos 500.000 pesos (unos 159 dólares) por colmena", afirma.

En su caso, cada una de las colmenas estaba poblada por 70.000 abejas.

Cortés no cree, sin embargo, que sean dos industrias incompatibles: "Tengo finca y uno ve la producción del café un 20 % más alta donde las abejas pueden ir a polinizar la planta. Se retroalimentan, son complementarias. La fecundación de la flor del café es más alta cuando hay abejas cerca que la polinicen. Igual con la miel: cuando hay café cerca siempre sale con esos sabores".

Para la gerente de responsabilidad corporativa de BBVA Colombia, Liliana Corrales, las mujeres que hacen parte de este proyecto "tienen la posibilidad de generar unos recursos financieros y de empoderarse".

Pero no solo desde el punto de vista financiero, dice, sino también de tener un proyecto de vida, "de darle un ejemplo a sus hijos".

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- EFE

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Apicultura, herramienta para el empoderamiento de la mujer rural colombiana

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