Suicidio y política: desastres de Gramalote

Aunque la tragedia no cobró vidas, el desespero ha llevado a los habitantes desterrados a atentar contra su integridad. Otros han muerto de tristeza y hay quienes perdieron la razón.

Lo de aquel día, cuentan sus habitantes, fue un terremoto en cámara lenta. El poder de la naturaleza se alzó contra 153 años de historia y una a una las casas fueron cayendo. La iglesia se desmoronó ante la mirada impotente de sus habitantes, el piso se levantó y una inmensa grieta que surgió de lo profundo de la tierra fue devorando con todo un municipio en cuestión de horas. Ese día, el 17 de diciembre de 2010, los gramaloteros vivieron su propio apocalipsis.

"Corrimos a la altura de la montaña y era impresionante ver cómo se caía el colegio, el hospital, las casas, todo. Aparte de la grieta que surgió de la tierra, hubo una avalancha. Fue algo muy doloroso", recuerda Liliana Yáñez, gramalotera de nacimiento, concejal del municipio.

Hoy, las estructuras que se mantienen en pie son muro de lamentaciones. Basta con recorrerlo para encontrar frases que la gente plasmó antes de partir, algunos incluso con humor. "Adiós Gramalote", "Gracias Papá Dios por siempre", "Vengo esta casa barata, gangazo", "Adiós mi gente, los quiero mucho", "No terminar de tumbar esta casa sin mi autorización", "Aquí vivió Marrú", "Gracias Dios por todo".

Las frases, leídas una vez se ingresa al municipio, que al estar ubicado en una montaña se aprecia de abajo hacia arriba, contrastan con algunas fotos y números de candidatos de cara a los comicios de octubre próximo. A la vista una iglesia que quedó hecha ruinas, un parque destruido y todas las estructuras que la rodean hechas pedazos. Aquí, en medio de un sol asfixiante y con el silencio propio de un lugar deshabitado que pareciera haber sido bombardeado, aparece Luis Stapper, líder gramalotero.

"Hemos tenido muchos problemas, tanto en salud como educación. Los niños no se están adaptando a los nuevos colegios en la ciudad de Cúcuta o en los otros municipios. Primero que todo, por las costumbres que había en la institución, en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de Gramalote. Era un colegio donde había una disciplina, reglas que no hay en la ciudad. Muchos han sido objeto de burlas de sus compañeritos, chistes que los están afectando. Se sienten desplazados, humillados", asevera, antes de tocar el tema que prendió las alarmas en la comunidad. "Hay personas que han atentado contra su propia vida. Un caso muy puntual fue con un señor que tenía el revólver en la cabeza, llegó su esposa y lo alcanzó a evitar. Hay varios casos que se han tratado como amigos, con la ayuda del padre Fabián Stapper, mi hermano, que les ha colaborado mucho. Hay otros gramaloteros que se la pasan en Cúcuta tomando, están desesperados".

Sin embargo, no todos estos casos se han podido evitar. Tanto Luis Stapper como Liliana Yáñez recuerdan a don Jaime, un gramalotero que a los 58 años de edad decidió acabar con su angustia. Yáñez lo definió como un hombre callado, dedicado a su esposa y sus dos hijos. No se le veía en fiestas o reuniones, sin que ello implicara que fuera egocéntrico. Trabajaba como pesero, nombre con el que, en esta región del país, identifican a quienes comercializan con carne. Hace cerca de un mes, sumido en la tristeza y sintiendo que estar en Cúcuta era estar tierra ajena, entró a un baño y atentó contra su vida valiéndose de su dotación de trabajo.

"Hay otras que han muerto porque no aguantan la presión y unas más, desafortunadamente, están mal. Es que es muy difícil salir de un contexto de paz, de tranquilidad, donde muchos vivían de su negocio, de la agricultura, a ir con los brazos cruzados a una ciudad. Hay personas que no pueden ir por el mercado que les da el Gobierno porque no tienen cómo llegar hasta allí, no tienen para pagar un pasaje", asevera Stapper.

Mientras el ascenso continuaba, un anciano apareció en medio del parque, con tono sonriente y acompañado de algunos familiares. "Es don Arturo, su hijo es médico. Al parecer no está bien, no ha asumido lo que pasó", apunta a decir Marrú Orlando Escalante, funcionario de la Defensa Civil. El señor continúa caminando hasta desviar por una de las calles de la zona baja del municipio. Al parecer, para él esta sigue siendo su casa, luzca como luzca.

Cuentan los aquí presentes que otro factor determinante que llevó a la depresión fue ver cómo les robaban todas sus cosas. El 18 de diciembre, el caos se apoderó del municipio. Decenas de familias regresaron a bordo de un camión en busca de sus pertenencias y de lo que a su paso encontraran. Una infinita fila de vehículos intentaba ingresar a Gramalote mientras, impotentes, muchos campesinos que no tenían cómo contratar un vehículo veían que sus enseres se los estaban llevando. Hoy, hay una imagen curiosa al ingresar a Gramalote. Un televisor se sostiene en medio de una de estas casas destruidas, una especie de invitación a ver lo que nadie se imagina. 

"La gente de Gramalote, podría decir que toda, quedó muy traumatizada con lo que pasó, de ver cómo, de un momento a otro, les cambió la vida y tuvieron que abandonar de una manera abrupta su municipio, ver cómo el trabajo y esfuerzo de toda una vida, en un día terminó. Tuvieron que irse y dejar el arraigo con el municipio en cuestión de horas y esto llevó a la desesperación", comenta la concejal Yáñez.

Así las cosas, al caso del señor que se puso un revólver en la cabeza, o del pesero, o del anciano del parque que al parecer perdió la razón, bien podrían sumarse otros, el más reciente el jueves anterior. Ese día, cuenta la cabildante Yáñez, sepultaron a don Nemesio, que murió a sus 80 y pico de años producto de la tristeza y de los males que lo aquejaba.

También se recuerda aquí a Alonso, esposo y padre de dos hijos a quien se le fue esa chispa de humor que lo caracterizaba. Él lo perdió todo en Gramalote. Ahora, cuenta la concejal, luce muy deprimido y preocupado porque sus pequeños estudian en colegios diferentes, lo que hace crecer su angustia. Y de igual manera su hermano, Alberto, más conocido como 'Chiquitín' entre los gramaloteros. Tenía un restaurante en el municipio, era su vida, su casa, su fuente de ingresos, todo. Ahora, anda a la buena de Dios, pues de su local no quedó absolutamente nada.

De igual manera podría recordarse a la señora Rafaela, que insistió en que la regresaran a su municipio y días después de hacerlo murió de la tristeza por el impacto que le produjo ver su casa en ruinas. Es que sólo basta con hablar con ellos para notar una crisis nerviosa que parece prolongarse ante la falta de respuestas.

En Campoalegre, en la zona baja de la montaña y a pocos minutos del casco urbano de Gramalote, está Luis Humberto Sandoval. Con tono de voz fuerte, este líder comunitario estaba construyendo unas bases de concreto cuando fue consultado.

"Nosotros pensábamos volver al otro día o a los dos días. Eso se iba a quedar así, creíamos, no que se iba a destruir como se destruyó. Lo que no nos robaron se quedó allá metido, se perdió, la policía tampoco nos dejaba entrar a sacar lo de nosotros mismos. Y entraban otras personas y nos robaron", sostiene. 

"De ahí pa'lante a sufrir. El alcalde, hasta luego, se perdió. La Cruz Roja fue quien nos dijo: 'el trabajo ustedes lo colocan'. Y todos hemos trabajado juntos. Acá donde estamos haremos seis albergues (de tres metros de largo por seis de ancho), con la ayuda de la Cruz Roja y el Sena. No sabemos de gobierno, de Alcaldía, de nada nada nada", agrega, para finalmente sentar su voz de protesta. "Llevamos cuatro meses, han venido a buscar el sitio para el pueblo, pero nadie nos ha dicho donde quedará. Que el presidente (Juan Manuel) Santos nos diga si es cierto o es mentira que Gramalote existirá".

Junto a él está su hermana, Carmen Rosa Sandoval, quien más allá de hablar de la reconstrucción, se refiere al supuesto abandono de la Alcaldía de Gramalote y a las situaciones en que los menores arriesgan sus vidas a diario. "Los niños están asistiendo al colegio del municipio de Santiago. La preocupación de nosotros es que sigue lloviendo y el estado de las vías es terrible, hay derrumbes por todo lado, y a los niños los está recogiendo un camión en el que viajan 50 aproximadamente: van como animalitos, todos apretados". Al igual que lo hizo el señor Humberto, la señora Carmen deja ver su malestar. "Aquí nunca nos han llegado a decir: 'tomen, esto viene de parte de la Alcaldía'. Han venido entidades como la Defensa Civil, la Cruz Roja, la Asociación de Cafeteros, el Cuerpo de Bomberos. De mi parte pediría, ahora que hay elecciones, a alguien que se haga cargo del pueblo, que le duela lo que nos ha pasado, y no que se siente detrás de un escritorio a comerse la plata y no cumpla lo que diga".

Aquí en Campoalegre, que a la entrada cuenta con una imagen blanca de la Virgen María de aproximadamente un metro con 70 centímetros de alto, que fue rescatada del siniestro, viven 30 personas en dos habitaciones.

Entre La Lomita y Cúcuta

Y al fin La Lomita, el barrio que sobrevivió a la tragedia. Aquí, en lo alto de la montaña, están quienes vivieron el caos y resisten a irse. Hay un puesto de mercado, una casa que hace las veces de restaurante, una venta de carne y una piscina a medio terminar, pues estaba en obra cuando la loma se vino encima. Aparte, su tradicional venta de chance, ya que la gente le sigue apostando a la suerte, al igual que en Cúcuta, donde por doquier se ven casas de apuestas.

"Algunas familias de Gramalote decidieron quedarse en la parte alta, en la salida al municipio de Lourdes. Son casas que permanecen en buen estado y por eso han decidido establecer algunas actividades económicas con tiendas con venta de mercado, de carne. Son alrededor de 50 personas, unas 10 familias que se quedaron", explica Yáñez.

En el restaurante, mientras amablemente brindan chocheco, comida muy parecida al plátano tanto en apariencia como sabor, y apreciando un cuadro de la Virgen de Monguí, tal vez a la que más se encomiendan los gramaloteros, surgen las bromas, que en el fondo esconden una crisis institucional. Aseguran varias personas aquí reunidas que el día de la tragedia sólo se registró un desaparecido, el alcalde, puesto que no se le vio ayudando a la gente y posteriormente se supo que fue uno de los primeros que le huyó a la crisis.

Se refieren a Rafael Ángel Celis Rincón, ahora exalcalde de Gramalote, pues fue destituido luego de otra historia desafortunada para el municipio. En diciembre de 2009, el entonces alcalde, Gabriel Alfonso Celis Rincón, falleció. De inmediato su hermano se postuló y la gente, entre conmocionada y apasionada pensando que traspasar al poder a un familiar de su antiguo dignatario les daría estabilidad, lo eligió. Sin embargo, en marzo pasado el Tribunal Administrativo de Norte de Santander confirmó el fallo de primera instancia proferido por el Juzgado Primero Administrativo del Circuito de Cúcuta, que declaró nulo tal mandato. De acuerdo con éste, Rafael Celis no tenía derecho siquiera a postularse, toda vez que su consanguinidad con el burgomaestre fallecido era causal de inhabilidad.

Así las cosas, la Alcaldía fue asumida por Rosa Helena Escalante Rodríguez, una mujer de 32 años de edad que, a juicio de varios gramaloteros, hace parte del mismo grupo de la administración destituida y, por ende, representa la continuidad y genera desconfianza.

A la entrada de la Alcaldía de Gramalote, ubicada en la Biblioteca Pública de Cúcuta, hay un anuncio: "Comisaría de familia, municipio de Gramalote ofrece atención sicológica. Miércoles 8:30 a.m. a 12:00 m Jueves: 8:30 a.m. a 12 m. Nota: sólo para la comunidad adscrita al municipio de Gramalote. Biblioteca pública Julio Pérez Ferrero. Piso 2. Bloque cafetería". El aviso, en medio de estos casos de depresión, alcoholismo, pérdida de razón y suicidio, sonaba esperanzador para atender a los cerca de 6.800 gramaloteros.

No obstante, la alcaldesa reconoció falencias. "Tenemos una sola persona brindando asesoría sicológica. Sabemos que es muy poco, pero ella ha estado trabajando con la gente en Cúcuta, en los municipios. Ya en coordinación con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Gobernación de Norte de Santander nos han ofrecido tres personas más".

Agrega Escalante Rodríguez que le ha enviado cartas a varias universidades con el fin de pedir apoyo a aquellas facultades que tienen sicólogos o personas que pueden contribuir. Aparte, reconoció que ha recibido información oficial sobre la manera en que este problema está creciendo. "Cuando la persona se suicidó supe del tema. No estaba todavía de alcaldesa encargada. Llamé al hijo, hablé con él, le ofrecí la ayuda de la sicóloga. Ella también atendió a la esposa de este señor y al otro hijo y se ha mantenido un contacto. Acepto que se pudo haber hecho más de haber conocido el tema. Y sí, hay muchos casos de los cuales me han informado y les he dado atención inmediata, a pesar de contar con tan poca gente".

A pocas calles de allí, el problema crece como bola de nieve. En el colegio INEM están 19 familias de Gramalote. A los problemas de convivencia entre ellos mismos, esta semana se sumó que la coordinadora del albergue, Lidia Rodríguez, les pidió que se fueran. El argumento es que ellos están recibiendo un subsidio mensual de $200.000, aproximadamente, y que entre los alumnos del plantel hay malestar por su presencia. No obstante, ellos se resisten a salir por miedo a la ciudad y porque consideran que con ese dinero no alcanza para mucho.

Sobre el particular, la alcaldesa dice estar en busca de soluciones. “Llevo 15 días en el cargo, el gobernador (William Villamizar) me dejó como encargada, no sé por cuánto tiempo. Estamos realizando laborales desde el Comité Local de Atención y Prevención de Desastres con actividades semanales de cara a la reconstrucción. Haremos un censo, ya que sabemos que tenemos gente en el municipio de Lourdes, Santiago, San Cayetano y en Cúcuta hay en prácticamente en todos los barrios. Están muy dispersos y necesitamos unirlos”.

Consultada sobre las actividades a las que hace mención, Escalante Rodríguez aseguró: "En construirles albergues temporales con el fin de unirlos en un solo lugar". Al respecto, la gran crítica de muchos gramaloteros es que los albergues no se están construyendo en un mismo lugar, de manera que la unificación de sus habitantes se hace más compleja. "Se tenía previsto un espacio bastante grande en el municipio de Santiago sobre el cual Ingeominas no nos dio viabilidad porque estaba amenazado por el río, posible inundación. Allí pensábamos hacer albergues temporales", asevera la alcaldesa tras reconocer que se ven obligados a construirlos por separado.

Ajeno a este panorama, el presidente Juan Manuel Santos ha reiterado su intención de construir el nuevo municipio, con el aval de la comunidad. Algunos gramaloteros le creen, otros no. Además, el Ejecutivo ha sostenido que el Fondo de Calamidades cuenta con los recursos económicos para asistir a los gramaloteros, así como a las demás personas afectadas por las lluvias en Colombia. Pero allí pierden la paciencia. "Sabemos que es un proceso, y no le estamos pidiendo al señor presidente de la República que en ocho días nos reconstruya el municipio, pero el caos lo está generando la demora y hay que insistir en el aspecto sicológico. Muchas promesas, pero nada concreto", puntualiza Luis Stapper.

Año electoral, año de promesas baldías

En Cúcuta está Fabián Stapper Carvajal, el sacerdote del que tanto hablan los gramaloteros como su líder y en quien han puesto su fe para no cometer locuras y pensar que un nuevo Gramalote será posible. Oriundo del municipio, y luego de hacer un recuento de lo que sucedió y de hablar de la asistencia económica y moral que su parroquia hace, toca el tema de la coyuntura electoral y lo perjudicial que ha sido para hablar con seriedad del reasentamiento del municipio.

"Estamos en una situación crítica en esta época electoral donde priman  intereses para mantenerse en el poder. Y Gramalote es uno de los problemas, cuando debería ser al contrario: el principal. Tenemos dispersión y eso lleva a que se encierren en sus problemas, a que se sientan solos, desamparados y se caiga en situaciones como la del señor Jaime y muchos otros que están deprimidos", asegura.

El sacerdote, que no puede tener aspiraciones políticas porque el derecho canónico se lo impide, cuenta que están enviando mercados a la gente con promesas de reconstrucción falsas. De paso, también critica a su propia Iglesia Católica. "No es posible que el alcalde sea el primero que salga del municipio, debió ser el último. De la misma manera el párroco, lo tengo que decir. Cuando un barco se hunde el último que suelta el timón es el que lo conduce. Están aprovechando estos momentos de tribulación de la gente para proponer candidatos. Gramalote no está para politiquería, nombran una alcaldesa que sabemos que es del mismo grupo. Lo que se necesita es un líder que los una". 

La alcaldesa se pronunció sobre el tema. "No quiero que las cosas se hagan porque Fulanito o Zutanito los ayudó. Por eso quiero que los líderes de Gramalote participen en la reconstrucción por iniciativa propia y no por pagar favores".

Por su lado, Luis Stapper, aquel hombre que estaba en el parque principal de Gramalote, da su punto de vista. "El año electoral ha complicado mucho las cosas porque, con dos candidatos a asumir la Alcaldía de Gramalote, o más, crece la división. Unos están con el candidato A y otros con el B. Creo que Gramalote no necesita Alcalde, sino una persona que le ponga el pecho a la situación. Hay mucha politiquería".

La versión oficial del nuevo Gramalote

Marta Lucía Calvache, directora del servicio geológico de Ingeominas, asegura que hace cuatro semanas se le presentó un estudio al Ministerio de Ambiente. Según explicó, se han analizado terrenos que no queden lejos del municipio actual y que no corran riesgos. Hay cuatro opciones: Miraflores, Valderrama, Teherán y Salazar.

Ingeominas, explica la funcionaria, puede que considere apropiado alguno de ellos. La demora radica en que deben reunirse varias instituciones (Ministerio de Ambiente, Dirección de Gestión de Riesgo, Ingeominas, Ideam, Colombia Humanitaria. Gobernación de Norte de Santander, Alcaldía de Gramalote, entre otros) con el fin de avalar o descartar un terreno a partir del análisis que le corresponda a cada una.

Calvache reconoció que es incierto saber cuándo habrá un nuevo Gramalote. Por ahora, una vez tengan un terreno de común acuerdo, se le informará a la comunidad para que ellos participen en el proceso.

Para ver el especial multimedia, haga clic AQUÍ

Twitter: @AlfonsoRicoT

[email protected]