El final anunciado de los glaciares colombianos

Si bien en Colombia los glaciares no son vitales para nuestra supervivencia, los fuertes cambios de clima sí pueden afectar enormemente los páramos, que nos proveen el 50% del agua. Un escenario nada alentador.

Mathias Vuille ha dedicado los últimos quince años de su vida a estudiar el impacto que el cambio climático está generando sobre los glaciares y los páramos de los Andes Tropicales. Ha recorrido Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Colombia está en los parajes que aún tiene por explorar, pero no ha sido poca la literatura y las investigaciones que ha estudiado con minuciosidad sobre nuestro país. Estudió en Suiza, tiene un doctorado en climatología de la Universidad de Berna, viajó a Estados Unidos a trabajar como docente en la Universidad de Massachusetts y hoy es profesor de climatología y ciencias ambientales en la en la U. de Albany que hace parte de la Universidad estatal de Nueva York. En su paso por Colombia habló con El Espectador.

¿Cómo es la rutina es su trabajo?

El trabajo de campo es muy duro pero me emociona mucho. Yo trabajo en las cumbres más altas de los Andes, instalamos estaciones a 6.000 o 6.500 metros. Por ejemplo, tenemos una estación en el Sur de Perú, en el campo de hielo más grande que hay en los trópicos (el Quelccaya). En las expediciones, vamos con guías, nos quedamos en el campo por dos semanas para instalar estaciones climáticas, hacemos perforaciones en los glaciares y tomamos testigos de hielo para saber más cómo ha sido el clima en el pasado y cómo ha cambiado. Con estos estudios podemos intentar comprender mejor las consecuencias del cambio del clima y cómo podría ser este fenómeno en el futuro.

¿Cómo funciona eso de viajar en el tiempo con las muestras de hielo?

Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, se puede ver cuánta nieve ha caído cada año, se puede hacer una reconstrucción del Fenómeno del Niño de los últimos dos mil años; podemos entender mejor cómo fue la vegetación alrededor del glaciar, cómo ha cambiado la dirección del viento. Hay un análisis químico que se puede hacer con el hielo para estimar la temperatura del pasado. Lo más difícil es sacar el hielo y transportarlo al laboratorio congelado, que no haya ninguna alteración.

¿Qué hallazgos sorprendentes han hecho?

Estamos observando cosas que no se habían visto antes. Por ejemplo, en las capas de hielo polares podemos analizar la composición atmosférica del pasado y los gases de efecto invernadero, y hemos encontrado que la concentración que vemos hoy nunca había sido tan alta en el último millón de años.

¿Cuál es la proporción de lo que se está perdiendo cada año en glaciares en Colombia?

Aquí en Colombia hay estudios que se hicieron con el liderazgo de mi colega Germán Poveda de Medellín, que dicen que la mayor parte de la cordillera que aún tiene glaciares va a perderlos totalmente en un lapso de 50 a 80 años. Hay lugares, por ejemplo en el sur del Perú y en Bolivia, en donde diez o quince años atrás vimos glaciares y ahora no hay. Está el caso muy famoso del glaciar Chacaltaya, cerca de La Paz en Bolivia, que fue el refugio más alto del mundo donde se podía esquiar y ahora no existe, se fue en diez o quince años; fue un retroceso muy rápido.

En Colombia si bien los glaciares no son tan representativos en nuestra vida los páramos sí proveen el 50% de nuestra agua, ¿qué se está haciendo para su conservación?

La gente está empezando a comprender el valor de los páramos y los servicios ambientales que nos dan. En Colombia los glaciares no son tan importantes porque son demasiado pequeños pero hacia el sur, en los climas más secos como Bolivia y Perú, no tenemos los páramos porque no hay suficiente lluvia, sólo tenemos los glaciares y allí son muy importantes. El problema es cómo podemos protegerlos a ambos. Los páramos están fuertemente afectados por el cambio del clima, el problema es que los cambios del clima en los próximos cien años van a ser muy rápidos y no es claro si la vegetación tiene la capacidad de adaptarse a esa velocidad. Es un gran problema. Se pueden proteger los páramos de la deforestación, ganadería, agricultura, pero no se pueden proteger del cambio del clima.