"A dónde iremos a parar"

El último día de viaje promete una salida triunfal al Caribe. A los intrépidos ambientalistas se les han unido otros nuevos guerreros del planeta provenientes de Argentina, Chile, el Salvador y Ecuador. Juntos se embarcan Cuenca Baja del río, donde las familias mestizas viven de la agricultura.

Los habitantes de San Bernardo del Viento están aprendiendo a cultivar otra vez. El problema más grande que tienen ahora es la sedimentación de la tierra: cuando ésta decide irse al río porque no hay raíces que la enamoren para quedarse en la costa; la agricultura que no está acompañada de educación ecológica no tiene en cuenta aspectos como la distancia que debe existir entre el borde del río y las primeras viviendas o el fin de los árboles. Muchos campesinos construyen sus viviendas a borde de río o empiezan los cultivos ahí, y a la más mínima inundación se ven gravemente afectados.

De entre los locales que esperan a orilla de río, sale una voz anónima, escondida en los otros cuerpos para denunciar que "los campesinos ribereños están locos para cultivar y todo eso. Anteriormente usted venía por aquí y encontraba cosechas por toda esta orilla. Hoy en día el campesino no se atreve a hacer eso porque no sabe en qué momento se le va a venir el río. Hoy en día el campesino no sabe ni en qué mes puede cultivar, por el sistema de que si cultiva hoy ya mañana se le viene una cantidad de agua, le mata toda la cosecha. La inundación pasada duró seis meses. El río Sinú siempre ha tenido sus inundaciones pero duraban quince días y uno sabe bandear eso. Pero la anterior fue de seis meses y dejó al campesino en la ruina".

Para los locales de San Bernardo del Viento, que las aguas ahora tengan el reloj de las inundaciones descontrolado, es una suerte de venganza de la naturaleza porque el río fue represado.

Siguiendo el camino de las aguas hacia el mar, el Referendo por el Agua se encuentra frente a frente con la historia. El río Sinú, aburrido de la monotonía del paisaje, decidió un día cambiar de rumbo y creó una nueva salida al mar que ahora se llama Tinajones. Fue así como poco a poco las familias de Caño Grande dejaron de tener agua y peces en abundancia, y se quedaron con un pequeño brazo del caudal. Nadie quiso nunca regresar al río a su estado original y por eso ahora el lugar se ve como un Sinú a pequeña escala.

A pesar del cambio de hace varias décadas, los habitantes de Caño Grande aprendieron a llevar sus vidas, construyeron casas en la nueva rivera del río y plantaron cultivos. El problema llegó cuando el río perdió fuerza y el mar empezó a ganar terreno manglar arriba: la sal de las aguas del Caribe malogran la tierra, la vuelven no apta para el cultivo. Para contrarrestar la situación las mujeres de Caño Grande decidieron unir sus fuerzas y buscar juntas el bienestar de sus familias: Mujeres para el Desarrollo de Caño Grande.

"Empezamos a hacer rifas sin fondos, atrevidas que fuimos. Cuando recolectábamos dinero, pagábamos las rifas. Cuando tuvimos fondos empezamos a comercializar bocachico aquí en la zona; después nos unimos a Asprocig y ellos nos han ayudado más con recursos económicos".

Cerca de 500 familias viven a ambas orillas de Caño Grande, un lugar repleto de niños, matas de plátano, pasto de medio metro de alto, lanchas de madera y puentes con dudosas medidas de seguridad. Su final da inicio al más maravilloso manglar, angosto, repleto de raíces, bejucos que cuelgan como serpentinas, tal vez celebrando la triunfal salida del río al Caribe.

La llegada a San Antero (Playa Blanca) se reconoce por el cambio radical de las olas. La tranquilidad del Sinú se pierde entre los vallenatos que parecen dirigir el movimiento ondulado del mar.

Recordando a Kimi

La navegación de casi un día de duración, se convierte en 30 minutos en bus de vuelta a Lorica. Al regreso hay ya un tupido grupo de indígenas, activistas, ambientalistas y habitantes de la ciudad: todos se han reunido a darle la bienvenida al Encuentro Internacional de Afectados por Represas, en donde comisiones nacionales e internacionales se reúnen a aprender de las afecciones ajenas y a idear estrategias conjuntas para evitar la construcción de hidroeléctricas en sus propias zonas. La bienvenida sirvió también como excusa para honrar al asesinado líder indígena Kimi Pernía Domicó, que murió luchando contra la construcción de Urrá I.

De repente empieza a llover, los truenos no se hacen esperar y Santa Cruz de Lorica se queda sin fluido eléctrico: todo el no programado evento parece una jugada de la naturaleza. Celebrando el agua, el Sinú se ve enriquecido por un torrente sin límites, caído del cielo. En honor a Kimi se va la electricidad, que él no quería. A pesar de la oscuridad, la alegría y el espíritu que siempre lo acompañaron sigue viva: los adolescentes que visten trajes tradicionales y se pintan rostro y cuerpo con jagua, bailan y cantan; aunque nadie pueda verlos, si pueden sentir su buena energía.