Fin del secuestro: causa nacional

Desde hace más de 50 años se vienen cometiendo plagios de personas en el país por parte de grupos ilegales de todas las tendencias. Este domingo, la ciudadanía alza la voz para decir “no más” y pedir el regreso inmediato de los cautivos.

En un repetido hecho de opinión pública que tiene contados antecedentes en Colombia, un inmenso coro de ciudadanos de todos los oficios, razas, clases sociales, edades, credos y convicciones políticas o ideológicas, se pronunciarán este domingo para exigir la libertad inmediata de todos los secuestrados que, de manera inhumana, se pudren  en las selvas y montañas del país, muchos de ellos desde hace más de una década.

La movilización contra el secuestro será mundial y estará ambientada con la música de destacados artistas colombianos como Shakira, Juanes, Carlos Vives y otros talentos internacionales, quienes pedirán cantando el regreso a casa de cerca de 3.000 no hay una cifra oficial definitiva secuestrados que permanecen privados de su libertad o sometidos a crueles maltratos. Un grupo de víctimas colombianas que hoy se conocen gracias a quienes ya alcanzaron el sueño de volver a sus hogares.

Dramáticos relatos y peores vivencias que detallan perversas secuencias de grilletes al cuello y en las manos, noches atadas a enormes árboles de la selva, solitarios días con mala alimentación y permanentes castigos físicos y psicológicos por actos de libertad. Una cadena de suplicios que hoy rechaza la comunidad nacional e internacional a tal punto que la sociedad colombiana por fin se ha levantado de su letargo de varias décadas y hoy convierte la suerte de los plagiados en una auténtica causa nacional.

Es la tercera vez en lo que va corrido del año  que se programa una gran manifestación contra el secuestro y la violencia. El pasado 4 de febrero, gracias a una convocatoria de los medios de comunicación y de la red social virtual Facebook, una mancha blanca recorrió el país y en al menos 100 ciudades del mundo se reclamó a los grupos armados ilegales, especialmente a las Farc, poner fin a la práctica del secuestro. Ese día, más de 10 millones de colombianos inundaron calles y caminos del país, en un acto de opinión pública que se constituyó en un masivo rechazo colombiano al secuestro.

El 6 de marzo se realizó la segunda movilización popular en honor a las víctimas de la violencia. Esta vez la convocatoria llegó por cuenta de las organizaciones civiles. Las concentraciones fueron menores, pero igualmente significativas. Ahora,


por iniciativa del sargento de la Policía, Julio César Buitrago, quien pasó nueve años y once meses secuestrado y fue liberado el pasado 2 de julio, nace una nueva marcha. “Hagamos otra marcha como la del 4 de febrero, señor Presidente”, fue su clamor minutos después de recobrar su libertad. Y su voluntad fue cumplida.

Hoy no existe un solo colombiano que no acepte que el secuestro es un desastre. Por ejemplo, el ex asesor de Paz del gobierno de Andrés Pastrana, Lázaro Vivero, sostiene que tarde o temprano las Farc tendrán que evaluar la práctica por medio de la cual se han financiado a lo largo de su existencia. “Yo espero que se abra paso en la guerrilla una tendencia política para terminar con los secuestros”, sostiene el analista. El mismo criterio del ex congresista del Huila Orlando Beltrán, liberado por las Farc el 27 de febrero de este año, quien consideró que la marcha es un buen instrumento de presión para la organización insurgente.

“El secuestro ha desprestigiado mundialmente la lucha guerrillera. Hasta el mismo Hugo Chávez presidente de Venezuela está pidiendo a las Farc que dejen de secuestrar”, insistió Orlando Beltrán. A regañadientes, así lo aceptó también recientemente el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien igualmente les pidió a las Farc que desistan de esta práctica. El tema ha tomado tal importancia que hoy, en diversos escenarios del mundo, ya no se habla de secuestrados sino de los nuevos campos de concentración en pleno siglo XXI.

Contra todas estas evidencias saldrán hoy a protestar los colombianos. Sin embargo, hay quienes, como el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, creen que las Farc harán oídos sordos al clamor ciudadano. “Hay que hacerlo por solidaridad, pero creo que las Farc, como lo que son, una banda de secuestradores, no son susceptibles a este tipo de movilizaciones”, resaltó. Una opinión que comparte el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, quien también marchará hoy, pero tiene claro que la guerrilla de las Farc “nunca le ha parado bolas a estas protestas”.

Tampoco a sus propios pactos. En el año 1984, en el denominado Acuerdo de La Uribe, celebrado con el gobierno de Belisario Betancur, se comprometió a no secuestrar ni a extorsionar, reconociendo que se trataba de actos lesivos de la dignidad humana, pero nunca cumplió su palabra. Por el contrario, multiplicó esta actividad hasta proporciones alarmantes. Y


cuando el ilícito negocio rompió todos los límites de lo posible, decidió utilizarlo para sacar dividendos políticos. Por eso, una década después se dio a la tarea de promoverlo como el canje de secuestrados por sus hombres presos en las cárceles.

Y como el mal ejemplo se propaga, lo asumió el Eln, lo replicó el narcotráfico, lo repitieron las autodefensas y hoy representa una plaga contra la que el país entero saldrá a protestar. El secuestro envileció la guerra, carcomió las ideologías y amedrentó a la sociedad. Pero tarde o temprano la sociedad iba a reaccionar, y por estos días se siente con más fuerza que nunca. Después de arrastrar por 50 años la pesada cadena del secuestro, ha llegado la hora de decir no más. Ese es el significado de las marchas que tendrán lugar en los cuatro puntos cardinales del territorio nacional. Por el objetivo de la libertad, se pronunciará Colombia.

Ningún motivo distinto puede invocar ser el beneficiario de la jornada. Se trata de un mandato ciudadano por la libertad, sin distingos de clase, filiación política o edad. Su significado es claramente político, pero no pertenece a partido alguno. Es el grito de un país contra un flagelo que se enquistó en sus entrañas y que sólo la solidaridad puede erradicar definitivamente. Un acto de democracia auténtica por un ideal colectivo, una visión de futuro lejos de las cadenas, una liberación verdadera contra la esclavitud que crearon los mercaderes del secuestro.

Por las víctimas de ayer y de hoy, por la memoria de los que nunca volvieron, por los que recuperaron sus vidas pagando su rescate y por aquellos que siguen en la penumbra del cautiverio, hoy 20 de julio de 2008, 198 años después del primer grito de Independencia para acceder a la primera República, más de 40 millones de colombianos, acompañados de miles de sus mejores músicos en todas las ciudades del país, e incluso más allá de las fronteras, en Madrid, París, Nueva York o Londres, volverán a unirse en un solo grito largo, enérgico, solidario, revolucionario y repetido: libertad, libertad, libertad.

 

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