"No formamos controversia, buscamos otra manera de hacer las cosas"

Represa abajo empieza la cuenca media y baja del río Sinú. La economía de las comunidades afrocolombianas y mestizas asentadas en estos lugares, se basa principalmente en la agricultura y la pesca del bocachico.  Pero después de la construcción de la represa éste ha comenzado a desaparecer, lo que dio lugar al nacimiento de iniciativas como Asprocig, para desarrollar espacios agroecológicos de sostenimiento para los campesinos.

La tres lanchas arrancan con el grupo de ambientalistas, esta vez con la corriente a favor, a eso del medio día. El calor no da espera ni un segundo, el cielo es azul, pero siempre cambiante por las nubes traviesas que imitan la alegría de los pueblos a borde de río. La cantidad de familias que viven de cerca las aguas del Sinú es incalculable; a unas ya se las ha tragado el agua, otras se las ingenian para seguir trabajando con la tierra.

La Asociación para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú, Asprocig, nació inicialmente como un conglomerado de apoyo a los campesinos y pescadores de la zona; después de Urrá, se convirtió en un colectivo de lucha y proposición de nuevas estrategias para solventar a las familias que se habían quedado sin el bocachico.

Los sistemas agroecológicos tienen el apoyo económico y educativo de la organización: le enseñan a producir sus propios alimentos evitando al máximo el uso de químicos; buscan que en lugar de monocultivos, cada familia o finca tenga lo suficiente para su propio sustento, y además, les ayudan a los campesinos que así lo desean a comercializar con los productos.

 "No somos intermediarios, nosotros les tomámos sus productos en consignación y cuando alguien llega a Asprocig y los compra, entonces les damos su dinero", afirma su representante legal, Miguel Suárez.

El principal problema con el que cuenta la organización actualmente es la forma como está concebido el sistema electoral para las ciudades pequeñas: cada tres años cambian de alcalde, lo que implica también un cambio de pensamiento político y por lo tanto apoyo o no a una organización que se opone tanto a iniciativas del Gobierno Nacional como la construcción de la segunda parte de la represa. En este momento, de cuatro municipios afectados en la cuenca media y baja (San Pelayo, San Bernardo del Viento y Nariño), sólo Santa Cruz de Lorica se declara abiertamente en apoyo a los pequeños campesinos de la zona, brindándoles ayuda económica para la construcción de granjas de las que puedan conseguir sustento diario y dinero extra.

Lorica a nivel de Sinú, se ve como una gran ciudad antigua. Grandes casonas, un puerto de medio kilómetro y el atardecer de la planicie costera: es como ver un fragmento de una novela de Gabo. A lo lejos empieza a escucharse ya el sonido de la gaita, luego se le van uniendo los otros instrumentos y para la gran llegada ya todo el municipio es una sola fiesta; llegar a Lorica da ganas de cerveza, alpargatas y un  árbol que de buena sombra.

Luego se acerca con toda la seriedad que implica tener siete años y saber tocar el acordeón, una morena dulce y de baja estatura, que al lado de la cantante y el 'guacharaquero' pierde en tamaño y gana en aprobación del público. Los tres son estudiantes del mismo colegio, que además de un enfoque musical, educan a sus pupilos pensando en el medio ambiente, en la eco agricultura y el cuidado de los recursos, una mirada muy indígena de la vida: "el agua no se vende, se ama y se defiende". La canción que interpretan esta vez habla de cómo los habitantes de la rivera del Sinú, Emberas incluidos, deben unirse por el cuidado de sus recursos hídricos, toda hecha al ritmo de La Piragua.

Caída ya la noche, un paseo por las calles centrales de Lorica dan ganas de ser embrujado para verse impedido a abandonar el lugar: casonas de un solo piso con patio central; mujeres que se balancean en sillas mecedoras mientras un abanico acompaña el movimiento pendular; bicicletas y motocicletas rodando por las intrincadas y angostas calles; pero sobre todo, el clima y las sonrisas interminables de su gente, un calor humano que al lado de tan privilegiado clima se vuelve redundante. Las noches de Lorica deben ser lo más cercano a vivir con Dios.