La vida después de la ‘Operación Jaque’

Los liberados intentan salir adelante. Veintitrés uniformados aún siguen en la selva.

Atrás quedaron los rumores de todo tipo que, aquel día de oro para las Fuerzas Militares colombianas, corrieron de boca en boca entre los periodistas durante las primeras horas de la mañana —que había muerto Íngrid Betancourt, decían unos. Que capturaron a un alto mando de la guerrilla, se escuchaba más allá—. Lejos en el tiempo permanecen, también, las palabras del entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien en rueda de prensa anunció la gran noticia que en minutos le dio la vuelta al mundo: “Como resultado de una operación militar conjunta y de inteligencia de rescate planeado, se logró la liberación de la ex candidata presidencial… tres norteamericanos y 11 miembros de la Fuerza Pública cerca del río Inírida a 72 kilómetros de San José del Guaviare”. Y el sentido grito de batalla, horas después, cuando Colombia entera los veía en directo a su llegada al aeropuerto militar de Catam, del sargento José Ricardo Marulanda, quien levantó sus brazos al cielo para decirse a sí mismo “bienvenido a la libertad”.

Todas las pinceladas de lo que fue el 2 de julio de 2008, el asombro, los aplausos y la sonrisa colectiva de muchos ciudadanos por las calles, se fueron diluyendo a lo largo de estos 12 meses para situarse entre los recuerdos de la operación militar más importante en la historia reciente del país, a través de la cual fueron rescatados 15 secuestrados de las Farc, que para muchos marcó un punto de quiebre definitivo en el declive de una de las guerrillas activas más viejas del mundo.

Un año después del regreso a la vida de esas 15 familias perduran, por supuesto, las consecuencias que van más allá de los detalles y que tienen que ver, principalmente, con la dinámica de la guerra y las implicaciones que la ‘Operación Jaque’ ha tenido en el interior de las Farc y del propio Ejército.

En opinión del investigador de la Universidad Nacional, Alejo Vargas, la llamada “operación perfecta” obligó al grupo subversivo a cambiar una estrategia de más de 10 años que él califica como la “guerra de rehenes”, que no es más que tratar de presionar al Gobierno para que negocie un intercambio humanitario —meses después de ‘Jaque’ la guerrilla entregó unilateralmente a Alan Jara y Sigifredo López, los dos últimos políticos secuestrados. Sin embargo, este año secuestró a un concejal en el Huila y, aunque aún no se ha confirmado, al presidente del Concejo de San José del Guaviare—. Asimismo, el cinematográfico rescate significó un duro y efectivo golpe a la moral de las Farc.

En contraste, para los hombres del Ejército el operativo histórico encarnó el éxito sin precedentes y  el fortalecimiento de la institución, triunfos que se ven ensombrecidos, no obstante, debido al escándalo de los llamados falsos positivos, que tienen a los militares en la mira de muchas organizaciones de derechos humanos internacionales.

Pero más allá de la superpublicitada conquista de las Fuerzas Militares y del rotundo estacazo al corazón mismo de la guerrilla, al cumplirse un año de la ‘Operación Jaque’ bien vale la pena recordar a los 23 miembros de la Fuerza Pública que siguen encadenados a las selvas y montañas del país. Los llamados “canjeables” a los que esta semana se suma el soldado Josué Daniel Calvo, secuestrado según las Farc el pasado mes de abril.

Es evidente que otra de las consecuencias de ‘Jaque’ es que prácticamente sacó el tema del secuestro de la agenda internacional. Incluso, no se puede negar que ni en Colombia se habla con igual vehemencia de ese asunto desde el 2 de julio de 2008. El analista Enrique Serrano lo resume así: “El secuestro dejó de ser causa nacional. Al menos, de manera explícita”.

En ese sentido, Marleny Orjuela, cabeza de la asociación que agrupa a las familias de los rehenes, cuyos miembros continúan sin falta yendo a la Plaza de Bolívar en Bogotá a exigir el acuerdo humanitario, aprovechó esta conmemoración para pedir hechos concretos en pro de la liberación. Su voz no fue la única. Los propios rescatados hace un año no se cansan de rogar por lo mismo.

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