Keradó: río que huele sabroso

Un olor a Jazmín inunda el salón. Los ansiosos espectadores se abren paso con las sillas, dispuestos a dejarse deleitar por los placeres de la danza; guardan silencio. Cuatro instrumentos y diez bailarines, todos expelen un aroma similar al de la perfección.

Una decena de adolescentes de la comunidad indígena Embera Katío, envueltos en ropas tradicionales y con los pies desnudos, realizan movimientos al son de la tambora, las maracas, la flauta y la raspa. Son movimientos alegres, de bienvenida; reflejan el privilegio de vivir en comunidad, compartir la crianza de los hijos, la preparación de la comida, la misma aorta que los comunica con el mundo.

El gran festejo se debe a la visita de un grupo de ambientalistas y preocupados el entorno, que a través de aguerridas navegaciones buscan conmover al país sobre la necesidad de proteger los recursos hídricos. 'Referendo por el Agua' ya se untó Amazonas, Magdalena y Atrato, y después del Sinú, espera conocerse el Cauca, el Bogotá y el Meta: gota a gota, buscan recoger el millón y medio de firmas que necesitan para que el congreso considere la idea de convertir el agua en un derecho fundamental.

La navegación por el Sinú empieza desde Puerto Frasquillo, una pequeña comarca a una hora de Tierralta, Córdoba. Llegar a él equivale a inmiscuirse en lo más ruidoso de la Costa Caribe, con una serie interminable de vallenatos de poca circulación, carne colgada de tubos metálicos, flotadores infantiles, hamacas y venta de 'frías'. Después de recorrerse la docena de casas que lo componen, el viajero se encuentra frente a frente con la inmensidad del Sinú, que en este punto ya ha sido alimentado por Río Verde, Río Esmeralda, el Crucito y el Contrate.

La guardia indígena de la Comunidad de Begidó, utiliza armas tradicionales y camisas azules, para diferenciarse de los grupos armados -legales e ilegales- que rondan por la zona: su acompañamiento facilita el acceso de extraños a la comunidad; si ellos aprueban a los visitantes, la llegada será una fiesta en la que todos participan.

La guardia va encabezando, durante dos horas, el recorrido ríos Sinú y Esmeralda arriba de las tres embarcaciones de madera repletas de visitantes. Es un viaje tranquilo, apenas si la embarcación toca el agua; cuando el motor se detiene de repente, se pueden inclusive escuchar los latidos del corazón del compañero de silla.

A un kilómetro de distancia se logran divisar los coloridos cuerpos de los indígenas. Todos corren al encuentro, es un día de fiesta porque después de años de súplicas, finalmente están siento escuchados. "Cabera, cabera". Los viajeros se ven rápidamente despojados de su equipaje, quienes no cuentan con botas de caucho van a caballito sobre los locales más fuertes, las mujeres parecen flores posadas sobre el pasto, dispuestas a responder a todas las sonrisas que alcancen con la mirada: cada cual hace lo suyo para que complacer a los "kapunía" -no indígenas-.

El gran festejo se debe a la visita de un grupo de ambientalistas y preocupados el entorno, que a través de aguerridas navegaciones buscan conmover al país sobre la necesidad de proteger los recursos hídricos. 'Referendo por el Agua' ya se untó Amazonas, Magdalena y Atrato, y después del Sinú, espera conocerse el Cauca, el Bogotá y el Meta: gota a gota, buscan recoger el millón y medio de firmas que necesitan para que el congreso considere la idea de convertir el agua en un derecho fundamental.

Los Embera Katíos se pintan el rostro, las manos y las piernas con jagua, una tinta que sirve de tatuaje temporal. Cada mujer decora su rostro con figuras delicadas, que recuerdan el fluir de las flores. En las piernas se hacen medias, enredaderas, manillas y zapatos. Los hombres dibujan varoniles barbas y guantes en las manos. Las mujeres usan faldas de colores, algunas de ellas son telas occidentales que recuerdan épocas navideñas o personajes de televisión infantil, otras son todo un resumen de las creaciones de Miró o Kandisky.

Las blusas son la mejor parte: a manera de camisilla de torero, tienen de fondo un color vivo, entre más vistoso, pareciera ganar cercanía con lo maravilloso. Después, tejido a mano y en base a delgadas tiras de tela, se mezclan divertidas figuras, algunas recordando animales, otras plantas o júbilos pasados.

Esta comunidad en particular tiene una sinergia poco común. Las madres muestran con orgullo a sus pequeños de pelo liso y piel café; unos y otros se sonríen, acarician, besan y apoyan con palabras de aliento. Cuando alguien toma la palabra, es escuchado con cuidado, aplaudido al final de su intervención, y sus consejos tenidos en cuenta: es como si el fluir de los gigantescos ríos que los circundan, les dieran la paz necesaria para amarse con libertad.

Todos hablan embera y algunos son más fluidos con el español: es la lengua que les ha ayudado a defenderse de la inmersión de los kapunía. Diez años atrás su vida era tranquila, cuando necesitaban comida se acercaban al río y el bocachico pululaba entre el agua. Ahora reciben kapunías en su comunidad porque "la cultura tan bonita que nosotros tenemos se va a acabar. Por eso nosotros pedimos ayuda nacional e internacional, porque nosotros no queremos abandonar nuestro territorio", denuncia Juan de Jesús Domicó. Desde que fue construida la represa Urrá I, el pez que nadaba contracorriente para desovar, ahora se ve impedido por una gran pared gris que le impide llegar desde la cuenca media y baja hasta el nacimiento del Sinú.

La lucha diaria por la convivencia sana con su entorno, se vio envuelta en problemas políticos no indígenas. Pero los Embera han sabido conservar sus tradiciones; los niños hablan un fluido Embera, a pesar de recibir clases en español; la dieta se basa en el maíz y el pescado; las ideas siguen siendo las mismas de sus ancestros, respetan la diversidad sexual, son amorosos y cálidos.

Mientras siguen en la lucha por impedir la construcción del 'Proyecto Río Sinú' -Urrá II-, los embera tienen miedo de que sus líderes terminen como el asesinado Kimi Pernía Domicó, que le entregó su vida a tratar de evitar la construcción del megaproyecto.

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