Así están los suelos de la región

Una investigación del Instituto Geográfico Agustín Codazzi señala que el 55% de las tierras de 14 municipios de Cundinamarca mantiene su capacidad agrícola, por lo que no deben ser usadas para expansión urbana.

Justo cuando se vive una fuerte discusión por los proyectos de expansión planeados para los municipios de la Sabana, los cuales requieren del agua de Bogotá, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) acaba de publicar un detallado estudio de la calidad de los suelos de 15 municipios de Cundinamarca (ver mapa).

Con este nuevo análisis, que se convierte en una hoja de ruta para alcaldes y planificadores de la región, los mandatarios sabrán en detalle cómo están hoy las tierras de sus municipios, desde las más fértiles para la producción de alimentos hasta las que se deben proteger o recuperar por sus condiciones de vulnerabilidad. En palabras del director del IGAC, Iván Darío Gómez, se trata de “un trabajo que le da herramientas a los municipios para actualizar sus planes de ordenamiento territorial y no utilizar suelos aptos para la agricultura con otros fines, como la expansión urbana; una guía para saber en qué suelos se debe invertir de manera eficiente y cuáles se debe pensar en usos alternos, como la ganadería o la producción forestal”.

¿Qué encontraron los investigadores?

De acuerdo con los resultados, que en pocos días estarán a disposición del público en el sitio web del IGAC, el 55% de las tierras en las zonas analizadas aún tiene condiciones de alta calidad para la siembra de alimentos (zonas 1 y 2 en el mapa). Estos lugares son precisamente los que se deben mantener, no sólo porque la ley así lo obliga, sino porque son la despensa de la región. En cambio, el uso del 45% del suelo restante podría modificarse, ya que tiene condiciones de menor calidad para la agricultura, lo que quiere decir que eventualmente una parte de ese porcentaje podría convertirse en tierra para la expansión urbana. Sin embargo, el suelo es sólo uno de los factores determinantes a la hora de pensar en expansión. Si los municipios quieren crecer, antes tendrán que conseguir agua porque hoy muchos no cuentan con fuentes del líquido. También se encontraron zonas degradadas por el uso de pesticidas y lugares en los que se omitió el uso del suelo para todo tipo de proyectos.

Esta no es la primera vez que se hace un estudio de este tipo. En el 2000, el IGAC hizo un trabajo similar pero a una escala mucho más general (ver mapa). Los resultados de entonces sirvieron como insumo de los planes de ordenamiento territorial que actualmente rigen el crecimiento de los municipios. Sin embargo, como explica el ingeniero del instituto, Ricardo Siachoque, “ese análisis no identificaba con precisión los perímetros de los suelos, por lo que se requería uno mucho más detallado”. Por eso, los alcaldes le pidieron al presidente Juan Manuel Santos que impulsara un nuevo análisis que les permitiera modificar el ordenamiento de sus municipios.

Fue así como en febrero del año 2011 empezó el nuevo estudio, con aportes del Ministerio de Vivienda, la Corporación Autónoma Regional, la Gobernación de Cundinamarca y el IGAC. En total se invirtieron $1.800 millones y el resultado efectivamente dista mucho del obtenido hace más de una década. Un ejemplo es el de Cajicá, que aparecía sin áreas de expansión urbana pero que ahora, de acuerdo al nuevo análisis, tiene espacios para la construcción pero menos tierras fértiles.

El gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, señaló el pasado martes, durante la entrega oficial de los resultados, que “el estudio detallado de suelo es un insumo para los POT y para preservar zonas que hoy se encuentran amenazadas” y agregó que “el conocimiento de las características intrínsecas del suelo es un factor determinante en el proceso de ordenamiento territorial, en la medida que suministra al planificador herramientas para un adecuado desarrollo sostenible”.

A esta hora los alcaldes tienen en su poder toda la información hallada. De ellos dependerá que la Sabana mantenga una de las mejores tierras para la agricultura o que, por el contrario, se haga caso omiso de las recomendaciones del IGAC y la región siga creciendo de manera desordenada, degradando así una gran fuente de alimentos para el departamento y para buena parte del país.