Visita del papa Pablo VI a Colombia en 1968

Así fue como Ingrid Betancourt y su hermana recibieron la primera comunión del papa Pablo VI

Astrid e Ingrid Betancour Pulecio están en el primer grupo de niños que hará su primera comunión durante las ceremonias del Congreso Eucarístico.

Archivo El Espectador

Las comulgantes son hijas del ministro de Educación, doctor Gabriel Betancourt y de la directora del Departamento de Asistencia Social del Distrito Yolanda Pulecio de Betancur.

Astrid e Ingrid, en lo físico, son el reflejo de la belleza y armonía que existen en su mamá. Han heredado inteligencia y, con ella, han captado el ambiente vivido en ocho y seis años de existencia respectivamente. Ya les correspondió los primeros recuerdos se haya dibujada la silueta de París.

El idioma escuchado, cuando se comienza a percibir los sonidos, fue el francés, que, ahora, hablan lo mismo que el español pues además son estudiantes del Liceo Francés, como alumnas de primero y segundo año de primaria.
 

Niñas Comulgantes

El hecho de que Astrid e Ingrid vistan su inmaculado trajecito blanco, en este magno acontecimiento religioso nos llevó a hablar con ellas en el departamento de la familia Betancur Pulecio, situado en la carrera 7ª con la calle 81.

Al entrar se oía música suave y, dentro del reinamiento de la decoración, es posible apreciar la predilección de la dueña de la casa por las porcelanas, de las cuales admiramos numerosas y de las contramarcadas con nombres célebres.

La primera en bajar la escalera fue Ingrid. Su actitud -y la de su hermana menor- la mostró como una niña social y educada para saber ser gentil con los mayores.

Está a la moda con minifalda…, dijimos.

“Fue que me compraron el vestido cuando tenía seis años, y ahora tengo ocho” es la explicación sobre el precioso trajecito de terciopelo color vino.

 

“Voy a pedir por…”

Las niñas Betancur, “las hijas de Yolanda” están siendo preparadas para la primera comunión por una profesora especial y aprovechando las vacaciones. Los vestidos, muy senillos, en organza y con el sello de los clásicos, se están terminando. Para ellas sería doblemente inolvidable “el día más feliz de su vida”, porque coincide con estos días que marcan una etapa en la existencia católica del mundo cuando el Pontífice ha salido del Vaticano para oficiar las ceremonias del Congreso Eucarístico Internacional.

Poco después de Ingrid bajó Astrid recién peinada, con un vestido exacto al de su hermana. Ella también sonríe al responder las preguntas de la conversación en la cual hallamos, a flor de labio, la pureza de dos corazones que acarician la ilusión de recibir, dentro de ellos, a Jesucristo.

“Voy a pedir por el Santo Papa”, dice con una voz que demuestra que ya su dueña tiene nociones de protocolo. Después comprobamos cómo es que los niños captan lo que reciben en el hogar:

“Voy a pedir por mi mamá para que los niños de la calle hallen más alegría en las instituciones a donde los están llevando”. Para nosotros fue conmovedor escuchar a la niña que todo lo tiene, pensar en esa forma sobre sus hermanitos de la calle. “Alegría”, es lo que Astrid pide para ellos. Techo, vestido y pan no son, en su entender, lo principal. Ojalá que su plegaria, en el gran día, sea escuchada.

“Voy a pedir para conseguir que todos los niños vayan a la escuela, como quiere mi papá”, es el tercer renglón. Hablando supimos que nuestra interlocutora, a pesar de sus 8 años sabe quienes son un gran número de niños colombianos.

Ha visto muy de cerca a los de El Albergue que, también, llaman a Yolanda “mamá” y sabe que no todos cuentan con lo que ella tiene…

“Porque papá no se canse tanto” Como la lista iba siendo larga, propone que más bien la escribe. Ingrid está de acuerdo con la opinión de su hermana. También trata de escribir pero no se concentra y su papelito se quedó en blanco.

“Para que los sacerdotes del mundo sean cada día más santos. Para que América Latina sea cada día más importante. También voy a pedir por mis abuelitos y abuelitas”.
 

“Mamá” Yolanda

Presentando excusas, bajó Yolanda, por su demora. Vestida de gris azuloso con peinado de última moda y más reina de belleza. Muchísimo más que cuando con tal carácter, le hicimos la primera entrevista y ella tenía 17 años.

Le contamos sobre las peticiones de Astrid y le preguntamos sobre la situación actual de la campaña para recoger los niños de la calle.

“Se están recogiendo. Se están llevando a sitios aptos para recibirlos y allí se están estudiando individualmente, para conocer quiénes son”.

¿Cuántos en los últimos días?
“Ciento noventa chiquitos y 150 que están en otro lugar”

¿Es para retenerlos durante el Congreso Eucarístico?
“No. Es para seguir trabajando con ellos”

¿Cree que se podrá acabar con el problema de los gamines en Bogotá?
“Esa ha sido mi gran ilusión de toda la vida. ¡Imposible que no!”.
 

 

Planes Financiados

Es que en la actualidad hay el elemento de que siempre se había carecido, el dinero. Sabemos que con la Lotería de Bogotá se ha asegurado la ampliación de los servicios en favor de la niñez.

Conocemos, porque hemos estado en permanente contacto con Yolanda desde que recogió los primeros niños para su Albergue Infantil, que su sueño es tratar a los pequeños como seres humanos, logrando para ellos el calor irremplazable del cariño junto con la protección y la educación.

“Nos haremos cargo solamente de los huérfanos o de aquellos cuyas familias absolutamente no se pueden responsabilizar” oímos decir con el plan de capacitar la familia para cumplir su función.

La ley de la Paternidad Responsable será una gran ayuda para realizar los planes de Yolanda Pulecio de Betancur, que está contemplando la posibilidad de librar a Bogotá de una de las más tremendas fallas: el espectáculo de los gamines, con todo lo que esto significa.

Los Centros Vecinales están fortaleciendo las familias para que no deserten sus hijos. El número de Centros está creciendo y en el barrio Venecia se inaugurará en breve el que se llamará “San Pablo” en honor al Papa.
 

Menos Gamines

“Parece que a él no le gusta que usen el de Pablo Sexto”, dice Yolanda. Otra vez oímos mencionar “Amor a mi trabajo” y todos sabemos cómo es cierto. Yolanda se conmovió cuando fue reina de belleza con el espectáculo de los niños sucios y hambrientos y empezó a recogerlos en la Estación de Policía de la 16. Desde entonces han pasado años, ha viajado, pero al regreso ha vuelto a su labor. Hoy es de increíbles proporciones su obra, tanto que se puede preguntar:

¿Ha notado que hay menos gamines? 
Me gustaría que el público dijera si ha notado que están recogiendo.

El cuadro de mamá y niñas es encantador. Ante nuestros ojos estuvo ella, por primera vez, cuando los suyos miraban inexpertos hacia el próximo futuro de un reinado de belleza en Cartagena. La inteligencia nos impresionó más que la belleza. Ahora podemos decir que las niñas son dignas hijas de Yolanda, cuando sonríen ante la perspectiva del gran día cuando tendrán el privilegio de formar parte del grupo de los de primera comunión en el Congreso Eucarístico.
 

* Este artículo fue escrito por Inés de Montaña y publicado el 13 de agosto de 1968 como preámbulo de la visita de Pablo VI a Colombia, el primer papa en venir al país y a Latinoamérica.