Costa Caribe, de regreso al mundo de las velas y los mechones

Ante los constantes cortes de energía de Electricaribe, intervenida este martes, la gente ha tenido que comprar el producto como si vivieran en la época de la colonia. Una crónica desde el barrio Carlos Meisel.

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Desde temprano los habitantes del barrio Carlos Meisel, ubicado en el sur de Barranquilla, comienzan a prepararse para una eterna, calurosa y oscura noche.

Las señoras se abanican en las terrazas de las casas y los niños lloran.

Son las ocho de la noche y el sopor es insoportable.

La gente acomoda colchonetas cerca de la puerta abierta, para poder recibir un soplo de brisa que hoy parece menos solidaria que nunca.

La única luz de las habitaciones las producen las velas, que alguien mandó a comprar hace unas horas en la tienda de la esquina.

El panorama se ha venido repitiendo tres veces por semana desde el año 2012, cuando empezó la crisis del servicio de la empresa Electricaribe, intervenida hoy por el gobierno nacional.

Y es el mismo que se vive en Jardines de Villa Estadio, Las Gaviotas, Los Almendros, Los Ángeles, Los Balcanes y Los Cedros, para citar algunos de los que se pueden captar en una noche de observación por las zonas populares de Barranquilla y cualquier municipio de la Costa.

En todos los casos, las velas son la opción.

La primera fábrica de productos parafinados se instaló en Barranquilla en el año 1879, cuando la Asamblea del Estado de Bolívar autorizó al empresario Jacinto Consuegra, mediante la ley número 10, a establecer una fábrica de velas esteáricas.

La luz eléctrica apenas llegaría en 1892, cuando se instaló en la ciudad la Compañía de Electricidad de Barranquilla, que de hecho apenas cubría un total de 300 casas.

Desde entonces las espermas, como también le llamaban en la región, han tenido ciclos irregulares, pues si bien los ciudadanos han pasado a la modernidad de las redes y los bombillos, lo cierto es que con cada crisis han tenido que volver a las veladoras.

En la ciudad funcionan unas diez fábricas, que producen alrededor de 250 mil velas por día.

Según Orlando Jiménez, presidente de la Unión Nacional de Comerciantes, Undeco, las 12.000 tiendas que tienen registradas en todo el departamento del Atlántico, han reportado incrementos entre el 20 y 30 por ciento de la rotación, en los últimos cuatro años.

Las velas, sin embargo, no resuelven el problema del comercio.

Jennifer Bedoya, madre soltera y peluquera de oficio, cuenta como día a día su sustento y el de su hijo se ve menguados debido al mal servicio de energía.

Ella, al igual que muchos otros comerciantes del sector que atienden negocios de heladerías y pequeños restaurantes, se han visto afectados económicamente.

Cuenta que muchas veces ha tenido que cerrar las puertas de la peluquería que improvisado en la sala de su casa para no tener que arriesgarse con un local, porque literalmente no puede trabajar por falta de fluido eléctrico para poder conectar su secadora de pelo o la máquina para hacer cortes de hombre.

De hecho, en la puerta de su casa hay un letrero que recibe a los clientes con un desparpajo: “cortes sin blower”, pues como en las casas regresaron a los mechones, los peluqueros volvieron a las tijeras.  (Lea aquí: Gobierno toma posesión de Electricaribe)

Al principio, la luz tenue y amarilla simulaba en las casas un paisaje pintoresco propio de un 7 de diciembre o una fiesta de la Inmaculada Concepción. Pero con el tiempo, pesó más la sofocación que ni siquiera puede apaciguar un vaso de agua helada.

La gente ha tenido que comprar el producto como si vivieran en la época de la colonia, donde solo a la luz de mechones se podía alumbrar la oscura noche. La diferencia es que ahora el calor arrecia más. (Lea aquí:  “Hoy es el día más feliz para la región”: gobernador de Bolívar sobre intervención de Electricaribe)

Con las velas también se han puesto de moda los mechones, que los comerciantes informales arman con tela de trapero, botellas de mediano tamaño y gas líquido, para ayudar a los vecinos a escapar de las tinieblas.

La situación, según documento de la Superintendencia de Servicios Públicos, firmado por Patricia Duque Cruz, es cada vez peor.

Con más de 2.5 millones de usuarios, Electricaribe es la segunda empresa en Colombia en cuanto al número de suscriptores, pero a su vez es la primera en reclamaciones.

En el año 2015 registró 1’580.209 quejas, de las cuales estaban pendientes por resolver, 1’044.680, la mayoría de ellas por apagones, deficiencias en la prestación, daño en electrodomésticos y facturación. 

Las cifras del 2016 indican un incremento de al menos el 25% en todos los fremtes.

Ello quiere decir que frente a los racionamientos y la falta de respuesta sobre ellos, el remedio seguirá siendo el mismo del siglo XIX.

*Estudiante de la Universidad del Norte, de Barranquilla.