La familia que habita hace 40 años el primer estadio de fútbol de Colombia espera ser reubicada

A dos años de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el Distrito de Barranquilla ni siquiera sabe qué hacer con la familia De León que vive en el Estadio Moderno. Pelé estuvo 30 minutos en esa cancha.

El tiempo pasa y deja huellas imborrables en el estadio por el que alguna vez entró el fútbol a Colombia. / Delfina Chacón

El Estadio Moderno Julio Torres, considerado como la cuna del fútbol colombiano, tiene hoy día un aspecto similar al del patio trasero de una casa común y corriente del populoso barrio Montes de Barranquilla, en Atlántico.

Este escenario, que será utilizado en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, no solo espera aún las obras de remodelación que lo habilitarán para la justa deportiva, sino la solución al problema que tiene el Distrito con la familia que lo habita desde hace más de 40 años.

Aunque al entrar se lee un letrero pintado en la pared que dice: “Alcaldía de Barranquilla: El deporte es un derecho de todos”, por ahora el estadio parece un derecho de los herederos de Juan de la Hoz, el antiguo celador de sus instalaciones.

Al lado izquierdo se ven dos puertas, ambas protegidas por una reja: una de ellas es la entrada a la casa y la otra es la entrada a la sede del Club Deportivo Rebolo, el equipo que jugaba en esa cancha antes de que el Distrito la cerrara en enero de 2014 por el deplorable estado de las gradas.

Allí viven Jairo De León y su esposa Luz Marina De La Hoz, quien, de hecho, nació en medio de la celebración por algún gol del Junior de Barranquilla, cuando el equipo no tenía la fuerza del “tiburón” sino la casta de los toros “miura”, su mascota de entonces. Luz Marina es hija del celador, que murió en 2011. Con ellos habitan el estadio 7 familiares más, entre hijos, sobrinos y nietos, que corren por el terreno ahora seco enmontado como pedro por su casa.

La familia se ha apropiado del lugar a tal grado que lo han acondicionado según sus propias necesidades. En lo que pudo haber sido las oficinas del estadio, ahora funcionan dos cuartos, sala, cocina, comedor y baño.

El patio es la cancha, que en lugar de arcos tiene ahora tendederos de ropa que cuelgan por delante de la estatua de Julio Torres, el emblemático jugador del barrio Rebolo que jugó en el equipo local.

Entrada a la casa donde habitan los De León. Foto: Andrea Gualdrón

La gloria de otros días

Por el Estadio Moderno desfilaron estrellas del deporte mundial, nacional y local como Roberto “el flaco” Meléndez, el mejor futbolista amateur de la historia colombiana y primer técnico nacional en dirigir una selección en Copa América; Rigoberto “me muerde” García, el famoso defensor de dentadura protuberante que fue subcampeón con Junior en 1948; Arturo “el guarapo” Mendoza, el autor del primer gol de Colombia en Copa América en un partido en el que Argentina nos ganó 9-1 y la prensa gaucha en vez de celebrar la victoria se preguntó cómo era posible que su selección se dejara anotar un tanto de un equipo amateur.

Allí también jugó Efraín “el caimán” Sánchez, primer futbolista colombiano en ser transferido a un equipo extranjero (en San Lorenzo de Almagro), además de ser el arquero de la selección Colombia en su primer mundial.

Y el futbolista de Rebolo Julio Torres, cuyo nombre dio lugar al del estadio, encontró la muerte en un partido cuando un defensor rival le piso el estómago mientras disputaban un balón dividido. 

En esa arena estuvo en el año 72 Edson Arantes Do Nascimento “Pelé, traído por la empresa Pepsi Cola. El “rey” del futbol quería conocer el lugar por donde entró el futbol a Colombia y en su honor fue colocada una placa, que hace 15 años alguien se robó.

“Él estuvo como media hora y luego se fue, vino mucha gente y mi papá alcanzó a hablar un poco con él, pero nunca supe exactamente qué hablaron”, dijo Luz Marina con tono de nostalgia.

El periodista e historiador deportivo Ahmed Aguirre relató las condiciones en las que se encontraba este centro deportivo en sus inicios y las razones por las cuales fue quedándose de lado. “Era un lugar donde iban las élites, las personas usaban trajes y vestidos elegantes”, describió.

Donde alguna vez los delanteros anotaban goles históricos, hoy cuelgan ropa. Foto: Delfina Chacón.  

El coloso se marchita

Con la construcción del estadio Municipal en los años treinta, actualmente conocido como el Romelio Martínez, el ‘Coloso de la calle 30’ empezó a verse disminuido. Debido a que solo tenía capacidad para albergar a 1.000 personas, el Romelio se convirtió en el centro deportivo principal.

El otrora patrimonio deportivo, pasó a ser sede de los partidos de ligas menores y juegos de barrio. Hay una leyenda entre los vecinos, según la cual unos migrantes santandereanos alquilaban el estadio para jugar entre ellos y no dejaban entrar a nadie que no fuera de esa región.

Hoy el descuido es notable. El estado actual es desolador. El escenario se encuentra sumido en un completo abandono. Las paredes que rodean el estadio tienen notables evidencias de deterioro. El camerino se encuentra plagado de murciélagos. Las graderías están agrietadas y a punto de venirse al suelo. Los marcos viejos y corroídos, yacen entre el monte, y el terreno de juego, mal cuidado y con maleza desproporcionada, se asemeja a un potrero.

Justamente por eso fue el cierre, ya que “en el 2014 la debilitación de la infraestructura amenazaba con causar accidentes de jugadores y aficionados”, según manifestó el periodista John Romero.
En un tiempo, el Estadio Moderno, era centro del proselitismo político. “Cada comienzo de año se paralizaban las actividades para las labores de mantenimiento. Y al momento de terminar los trabajos, el alcalde de turno invitaba a personajes del mundo político y deportivo de la ciudad para que asistieran a la fiesta de la reapertura del recinto.

En esas estuvieron el comentarista deportivo Edgar Perea, cuando se lanzó a la Alcaldía, y el mismísimo expresidente Álvaro Uribe en plena campaña presidencial.

Pero hoy poco se ocupan de él.

La solución definitiva hace parte del circuito de escenarios deportivos que estará habilitando el Estado para el 2018, cuando Barranquilla sea la sede de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, que vuelven a la ciudad después de 72 años.

El Secretario de Deportes reconoció el abandono, la marginación y el desinterés de los gobiernos por el estadio durante poco más de 40 años.

Lo importante ahora –dijo- es lo que vamos a hacer.

Según el Secretario de Deportes, la inversión contemplada es de 9.000 millones de pesos. Los recursos se utilizarán en el cambio del gramado natural a semisintético, la reestructuración de las gradas, iluminación, cerramiento del escenario y un nuevo sistema de celaduría que sacaría del estadio a la familia De León-De la Hoz.

Las obras ya fueron diseñadas por el consorcio Estudio Caribe, que elaboró propuesta de cielo semiabierto para aprovechar las corrientes de aire de la región y contar con ventilación natural.

Es posible que cambié de nombre y, una vez reconstruido, se llame Edgar Perea en honor al comentarista deportivo, pero esto aún no está definido.

El proyecto, sin embargo, ha corrido la misma suerte de todas las inversiones previstas para los juegos.
El periodista John Romero señaló que el retraso se debe a que la Nación primero girará el capital para los Juegos Bolivarianos que se disputarán en la ciudad de Santa Marta en el año 2017; y posteriormente procederá a diligenciar el presupuesto para la realización de los Centroamericanos.
El también periodista Raúl Correa de Andreis afirmó que no se ha abierto ninguna licitación hasta el momento y que tampoco se ha girado un solo peso por parte del gobierno nacional, para la reconstrucción de esta infraestructura deportiva.

Herrera, en efecto, se comprometió en abril que en dos meses arrancarían los trabajos, pero a la fecha ningún albañil se ha asomado por el lugar.

De ese anuncio sólo quedó un remoquete que carga injustamente De León, pues en vista del anuncio millonario de Herrera, ahora los vecinos pasan y le gritan a él “mil millones”.

Viviendo en el Moderno

En tanto se concretan las obras, la familia De León-De la Hoz sigue a la espera de una reubicación y, en lo posible, de una indemnización.

Ya hablaron con el Secretario de Deportes, Joao Herrera, quien les anunció por lo pronto la entrega de una vivienda digna.

Sobre el tema se han pronunciado los comentaristas deportivos. Correa de Andreis, por ejemplo, expresó que la familia debe salir del estadio debido a que este es un bien del Distrito y no una casa de carácter privado.
En entrevista para esta nota, Herrera señaló que el problema tiene que ser resuelto por los abogados, ya que Jairo De León no ingresó en labores de celaduría al estadio, como sí lo hizo su suegro, sino por lazos conyugales. Lo que sí está claro es la reubicación.

Jairo y su familia también se encargaron de desmentir rumores malintencionados que aparentemente se han tejido sobre ellos.

“Se ha dicho que yo vendí este estadio a una multifamiliar y que yo hice negocio con eso, inclusive me llamaron desde el programa de Jorge Cura debido a este hecho”, recordó. “El único negocio que hemos hecho aquí, es venderle agua a los jugadores que participaban de los partidos.

El evento más esperado por los amantes del deporte de Barranquilla se acerca. Solo el tiempo dirá qué tan cierto es la remodelación de los escenarios y si habrá nuevos habitantes en el Estadio Moderno.

Por lo pronto, la brisa ondea sobre la ropa colgada en el travesaño donde alguna vez el equipo Junior marcó goles históricos y mientras los reporteros se alejan, Luz Marina los despide con una voz que suena a angustia: “Espero que la catapila no nos pase por encima”.

*Estudiantes de la Universidad del Norte