Las dificultades para las personas con discapacidad visual en las escuelas públicas

A pesar de que el Estado debería garantizar que los niños y jóvenes con visión reducida tengan acceso a educación de calidad y en igualdad de condiciones con otros estudiantes, en la práctica esto no se cumple. La historia de Jesús Castro es el reflejo de esta realidad en el departamento del Atlántico.

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Jesús López Castro es uno de los 242.365 niños con discapacidad visual que asisten al colegio en Barranquilla. Este niño de 9 años vino desde Cartagena buscando una mejor educación. Jesús es alegre y juguetón, le encanta correr, montar bicicleta, escuchar música y jugar con su tablet. Su madre, Fabiola Castro, asegura que desde temprana edad le han enseñado que su discapacidad no lo hace menos que nadie. “Jesús es un niño muy independiente, dentro de su discapacidad Jesús no es dependiente de papá y mamá”, afirma Fabiola.

La vida escolar de Jesús inició en el Colegio Olga Gonzalez Arraut, en Cartagena, Bolívar, su ciudad natal. Esta institución le dio a él y a sus padres las bases para enfrentarse al resto de su vida escolar. Sin embargo, no la veían ni física, ni académicamente apta para su hijo. Su mamá comenzó a buscar alternativas por internet y descubrió la existencia de colegios públicos en Barranquilla que estaban mejor preparados para recibir niños con discapacidad visual. Decidieron visitar las instituciones y consideraron la opción de trasladarse a otra ciudad.

Al llegar a Barranquilla visitaron el Liceo de Bolívar, pero no cumplió con sus expectativas. Según Fabiola, sus instalaciones tenían muchos desniveles. “Yo no veía ese colegio apto para mi hijo, porque Jesús es un niño que cuando está jugando a veces pierde la noción del espacio, entonces preferí evitar un accidente". Luego visitaron la institución educativa La Magdalena. Ese colegio no tenía desniveles y contaba con personal de apoyo que estaba dispuesto a asistir a Jesús y facilitar su vida escolar. A pesar de esto la transición no fue fácil, Jesús no sabía leer y escribir en braille y para poder iniciar las clases debía tener conocimiento básico del sistema.

“Con Jesús comenzamos su proceso desde pequeño. En transición él venía cada 15 días para enseñarle y explicarle a utilizar el braille y el ábaco”, afirma Margarita Guevara, docente de apoyo de la institución La Magdalena.

La ayuda del colegio no es suficiente. Les toca acercarse a fundaciones como Fundavé y a la Fundación Paso las Palmas, en donde les brindan kits con útiles escolares, balones sonoros, refuerzos de lectura y escritura en braille, clases de música y demás herramientas tiflológicas, ciencia que estudia las condiciones y la problemática que rodea a las personas con discapacidad visual.

Según el artículo cuarto de  la ley 115 de 1994 es responsabilidad del Estado velar por la calidad de la educación y los padres no deberían estar buscando el apoyo de entidades privadas. “El Estado deberá atender en forma permanente los factores que favorecen la calidad y el mejoramiento de la educación". Lo anterior quiere decir que la nación debe encargarse de la formación de educadores, los recursos y métodos educativos, la innovación e investigación educativa y la inspección y evaluación del proceso educativo, pero esto no se está viendo reflejado en los colegios.

No solo los padres tienen que buscar apoyo en entidades no gubernamentales, sino también los profesores deben adaptar los materiales de sus clases, ya que el gobierno no les está dando las herramientas necesarias para sus clases. A pesar de que sí hay presupuesto por parte del Distrito para suministrar materiales especializados a los colegios, estos no son entregados. "Hay que analizar qué es lo que está fallando en cada entidad territorial, por qué se desvían los dineros, porque los recursos y los dineros existen y es por eso que las escuelas nos quejamos, porque muchas veces no tenemos el material especializado”, asegura la docente Margarita Guevara.

Además, el personal de apoyo enviado a la institución por parte de la Alcaldía no es suficiente. La docente de apoyo de planta, Margarita Guevara, no da abasto para atender a todos los niños con discapacidad visual del plantel y con la ayuda que le es enviada por parte del Distrito tiene que asistir a otras instituciones. Solo visita “La Magdalena” dos veces por semana. Esto causa inconformidad en los padres de familia pues sienten que sus hijos necesitan un poco más de atención para poder avanzar a la par de sus compañeros.

“Cada niño es diferente, me gustaría que Jesús tuviera una persona de apoyo para que le dicte y así mantenerse al ritmo de sus compañeros, para que no sea una carga para el docente porque él no está atendiendo solo a Jesús, sino a casi 30 alumnos más, eso es lo que me gustaría de pronto que se pudiera cambiar”, dijo la mamá del niño.

No obstante, Orlando Salcedo Acevedo, delegado de la Secretaría de Educación Inclusiva, asegura que hay 36 docentes de apoyo distribuidos en 33 instituciones educativas distritales, pero esto no es suficiente para instituciones como “La Magdalena” en donde hay más de un niño con discapacidad visual y el personal de apoyo no logra brindarle la atención necesaria a cada uno de ellos. Además, asegura de que la Secretaria se apoya del Instituto Nacional para Ciegos (INCI) para proveer materiales exclusivos para los estudiantes con discapacidad visual y alfabetizar a docentes y estudiantes en áreas tecnológicas.

Las licencias de programas digitales son dadas por el gobierno a las instituciones, sin embargo para el uso de estas es necesario que cada niño tenga un computador, lo cual es un problema pues muchos son de escasos recursos y no tienen acceso a un ordenador propio. “Tengo una estudiante muy pobre que me preguntó que si podía usar el computador de una amiga para hacer tareas –que contaba con los programas- pero no debería ser así, porque ella debería tener un computador para ella”.

No se puede negar que el Distrito brinda personal de apoyo para las instituciones, pero cuando se trata de útiles se queda corto. Materiales como punzones, cuadernos y pizarras son necesarios para que el niño tenga un buen desempeño en el colegio, pero estos no están siendo dados a los colegios por parte del Gobierno, sino que son donados por entidades privadas como Fundavé. “Constantemente no están dando los útiles. La Secretaria pareciera que estuviera delegando a las fundaciones la entrega de kits o cosas importantes en vez de darlos ellos mismos”, aseguró Margarita Guevara.

La falta de apoyo a los niños y jóvenes con discapacidad visual en instituciones distritales suponen un gran problema para su desempeño en el ámbito escolar. Además de una gran problemática al momento en que quieran enfrentarse a una universidad, en donde la atención brindada por un profesor a los estudiantes no es la misma que la de un docente de primaria o bachillerato.

Entidades de Educación Superior como la Universidad del Atlántico han manifestado que la transición de colegio a universidad es muy difícil, porque los niños no tienen los conocimientos necesarios para ir al ritmo de sus demás compañeros. La encargada del programa Diverser de La Universidad del Atlántico, Oris Mercado, comentó que sienten que los jóvenes vienen muy deficientes  a la hora de ingresar y toca hacer todo el trabajo que en la Educación Básica y Media se debió hacer.

Actualmente, el futuro de 242.365 niños como Jesús es incierto. Al pasar a la universidad los desafíos solo se hacen más grandes, y una preparación no adecuada y la falta de material puede hacer que las brechas entre estos niños y el resto de sus compañeros crezcan, lo que crea una situación de desventaja. Por el momento Jesús y estos niños deben apoyarse en instituciones privadas y fundaciones para poder tener acceso a materiales y refuerzos en distintas áreas tiflológicas que no le son brindados por parte del Gobierno. Hasta que los recursos no sean destinados a los diferentes implementos que necesitan estos niños para surgir en el ámbito académico, los estudiantes como Jesús y sus padres tendrán que seguir buscando apoyo en otros lugares.