A Levith Rúa "no lo quiero muerto": mamá de estudiante del SENA asesinada

Gabriela Romero desapareció el 24 de noviembre de 2017 en Barranquilla. Tres semanas después, su cuerpo fue hallado en Malambo, Atlántico. El expolicía es el único procesado por este crimen.

Luz Divina Cabarcas pide justicia por el femenicidio de su hija.Mauricio Alvarado - El Espectador

La imagen de una mujer desnuda de piernas largas se apareció en el patio de la casa de los Romero Cabarcas en el barrio Vista Hermosa, en Soledad, Atlántico, el 26 de noviembre de 2017. Era Gabriela, la hija de Luz Divina; y ella lo sabía. No le importó si era real o se trataba de una visión. Sin saber nada de su “flaca”, quien fue reportada como desaparecida dos días atrás, el cordón umbilical que las conecta eternamente le insinuó que era un mensaje.

“Esas son ideas tuyas”, le dijo el padre de Gabriela. Sin embargo, una semana y media después, en la noche de velitas, sintió a su hija en un farol, uno cuya vela insistía en apagarse, a pesar de que no hubiera viento. "Ay, Dios mío, ¿será que a mi hija se le está yendo la luz?”, se preguntó Luz Divina.

El 15 de diciembre se confirmaron sus corazonadas.

El cadáver de Gabriela Andrea Romero Cabarcas, de 18 años, fue hallado luego de que un informante reportara a la Policía la ubicación de su cuerpo, que llevaba ya más de 500 horas al sol y al agua cerca de una zona enmontada del sector de Caracolí, en Malambo, Atlántico.

A Levith Aldemar Rúa le imputaron cargos por este feminicidio. Es un expolicía que lleva como antecedentes seis noticias criminales por violencia sexual, amenazas y lesiones personales, y una denuncia de una venezolana por violación. A partir de la investigación alrededor de Gabriela, tres nuevos casos de víctimas de este agresor han llegado a manos de la Fiscalía, entidad que perfiló a Rúa como un violador serial del Caribe.

Después de cumplirse un mes desde que le imputaron cargos por los delitos de acceso carnal violento, feminicidio agravado, hurto calificado agravado y desaparición forzada, Luz Divina decidió viajar a Bogotá en busca de una cita con el fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, para pedir celeridad en el juicio de Rúa.

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La diezmesina a la que le arrebataron la vida

Todo estaba previsto para que Gabriela Andrea llegara al mundo en julio de 1999. Se demoró en salir y, por fin, nació el 4 de agosto, más grande que un bebé normal por su condición diezmesina. Según Luz Divina, nació “maluca”.

Pero el tiempo jugó a favor de la joven. “Gabriela siempre, todos los años, era la reina del colegio” Francisco José de Caldas en Barranquilla, recuerda su mamá mientras saca unas fotografías de Gaby, orgullosa de su belleza. Morena, labios gruesos, ojos grandes, cejas perfectamente depiladas y una sonrisa del tamaño de su rostro.

A Gabriela la describen sus vecinos, familiares y compañeras del Sena, donde estudiaba gestión empresarial, como una mujer única. Compraba bluyines anchos y ella misma le hacía los rotos de moda. Caminaba por la calle sin vacilar, sin mirar al piso, sin enterarse de quién le pasaba por el lado. Le quitaba la crema blanca de las Oreo para macerar la galleta, combinarla con leche en polvo y unas gotas de agua, y se saboreaba las vísceras de pollo y cerdo que le cocinaba su madre, su confidente. Bailaba rap al son de Cancerbero cuando se sumergía en otro mundo con sus audífonos. Pintaba por encargo, por gusto, por pasión, porque quería convertirse en diseñadora gráfica.

Ese sueño se interrumpió. “Desde que se me fue Gaby, se me fue la sonrisa”. Luz Divina pausa, toma una bocanada de aire y recobra la fuerza para continuar con la interminable lista de anécdotas y recuerdos que tiene de su hija.

La sonrisa le aparece en su rostro cuando cuenta que le compró un vestido y una diadema de flores para que le dejaran de decir “niño” a su bebé que nació con un mes de gestación sobrante, un lunar rojo en la cara y el pelo ensortijado. La determinación con la que siempre cuidó a su hija, la impulsó en su viaje del 30 de enero de 2018 a la capital.

El expolicía que asesinó a Gabriela

Hace siete años, Levith Aldemar Rúa Rodríguez perdió su puesto en la Policía cuando fue condenado por violación sexual. Él fue quien citó a Gabriela en un centro comercial con el pretexto de ofrecerle un trabajo de niñera. Desde ese día, el 24 de noviembre de 2017, desapareció la universitaria.

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Luz Divina Cabarcas vio aquel nombre por primera vez en la pantalla del celular de Harold Romero, el papá de Gaby. Su hija había lo había usado ydejó su cuenta de Facebook abierta por equivocación. Allí encontraron las conversaciones que sostuvo con Rúa. “Ma, ese hombre se llevó a la niña, él tiene a Gabriela”, les dijo Gianfranco, su hijo menor.

Al día siguiente, los padres se dirigieron a la Fiscalía. Tenían la esperanza de no escuchar nuevamente la pregunta que les hicieron en una estación de Policía: "¿no será que ella se fue con un noviecito?".

Dos investigadoras los atendieron. “Yo les mostré la conversación y, cuando ellas metieron el nombre de él en el computador, yo vi que ¡pum! comenzaron a salir un montón de letras”, cuenta Luz Divina con la angustia de alguien que revive un momento de plena impotencia y desolación.  “Y él me cogió por el cuello, me ahorcó y me metió el pene", leyeron sus ojos, clavados en el registro judicial de Rúa que contenía la declaración de una de sus víctimas. Sus manos, repletas de pulseras y anillos con los que suele salir, comenzaron a temblar sin remedio.

En 2011, Rúa fue condenado a 14 años de prisión por violar a una mujer en El Paso, Cesar. Durante un permiso de 72 horas de libertad del que gozó en enero del año pasado, retornó a su natal Ponedera, Atlántico, y allí atacó a otra joven.

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Hasta hoy, las autoridades no han explicado por qué salió libre cuatro meses después de ser denunciado por este hecho y cuando apenas había cumplido seis años de su condena.

El 22 de diciembre, a Rúa le imputaron cargos por acceso carnal violento, feminicidio agravado, hurto calificado agravado y desaparición forzada por el caso de Gabriela. Se declaró inocente. (Lea: Juez envía a prisión a Levith Rúa Rodríguez por muerte de estudiante del Sena)

Y ahí no terminan las denuncias contra el hombre. También está pendiente determinar la responsabilidad del expolicía por la violación de una venezolana en diciembre de 2017, quien sobrevivió al ataque y lo señaló como su agresor.

Tras conocerse todos estos casos, el ente investigador perfiló a Rúa como un violador serial que acechaba a jóvenes entre los 15 y 18 años en la región Caribe.

La cobertura mediática del caso de Gabriela estalló como un relámpago, pero desapareció con la misma rapidez. Aunque sus familiares, amigos y grupos de mujeres se han movilizado para reclamar justicia, los procesos judiciales -lentos y engorrosos- aún no le han dado a Luz Divina la tranquilidad que pide, esa que, según ella, no encontrará “hasta que escuche que él no volverá a salir en tantos años”.

Tocando las puertas del fiscal general en Bogotá

A Levith Rúa lo trasladaron a la cárcel de Tramacúa, en Valledupar, donde había pagado su período de reclusión, luego de la imputación de cargos por el caso de Gabriela. En Barranquilla le justificaron a Luz Divina que la movilización se hizo porque la vida del expolicía corría peligro en la capital del Atlántico. Eso a ella no le bastó, por lo que viajó hasta Bogotá para hablar con el fiscal general y pedirle acelerar el proceso.

Lea más: El encuentro entre la madre de Levith Rúa y la de una de sus víctimas.

“¿Por qué se lo llevan a la Tramacúa, si es la zona de confort de él, si está ahí como pez en el agua? ¿Quién me garantiza a mí que a él no le van a dar otro permiso y va a volver a salir?”, se pregunta la madre de Gabriela.

El 30 de enero llegó a la Fiscalía, pero Martínez no estaba. La atendió María Cecilia Córdoba, fiscal de Género, quien le explicó que Rúa aún no es juzgado por los cargos que le imputaron el 22 de diciembre de 2017 por el caso de Gabriela, porque las autoridades competentes tienen hasta 120 días hábiles para determinar si definitivamente fue él quien violó y asesinó a su hija.

“Igual, yo no lo quiero muerto”, manifiesta Luz Divina, armada con un par de pines rosados ajustados a su suéter con fotografías de Gaby, y en su cuello, la cadena de cuarzo y el amuleto de una ficha de dominó que su niña portó hasta su último día. “A mí me sirve vivo y que pague”.

Luz Divina espera que la justicia actúe con celeridad y castigue al hombre que apagó la luz de su flaca.

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Paulina Tejada @PauliTejadaT / Natalia Tamayo @nataliatg13

Atlántico

A Levith Rúa "no lo quiero muerto": mamá de estudiante del SENA asesinada

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