“Aún los niños prefieren callar”: Alba Reyes

En su rol de embajadora de la reconciliación, la mamá de Sergio Urrego recorre colegios para contar su experiencia, socializar la ley de convivencia escolar y hablar sobre prevención del suicidio.

Fundación Sergio Urrego

Hace cinco años, el joven Sergio Urrego se quitó la vida en un centro comercial de Bogotá tras ser víctima de discriminación en su colegio, pues algunas directivas y profesores lo rechazaron por ser gay. Su caso evidenció las falencias del sistema educativo en materia de convivencia escolar y dio paso a la primera condena penal por actos de discriminación en una institución educativa. Luego de su fallecimiento, su mamá, Alba Reyes, creó una fundación para apoyar a niños y adolescentes que se sienten excluidos por cualquier motivo y recientemente fue nombrada Embajadora de la Reconciliación del Programa de Alianzas para la Reconciliación de USAID y Acdi/Voca.(Lea aquí: “El caso de Sergio Urrego se está olvidando”: Alba Reyes)

Junto a otras personalidades como la deportista Mariana Pajón, el chef Harry Sazón y Natalia Ponce de León, sobreviviente de violencia de género, Alba Reyes tiene la misión de recorrer el país enviando un mensaje de reconciliación. En su caso particular, está dedicada a la divulgación de la ley de convivencia escolar, que no se aplicó cuando su hijo fue discriminado por su orientación sexual en el Colegio Gimnasio Castillo Campestre. El menor fue obligado a contarle a sus padres sobre su orientación sexual y a asistir a un psicólogo para poder volver a clases; una exigencia que violó sus derechos fundamentales. (Lea aquí: Caso Sergio Urrego: exrectora Amanda Castillo no será procesada por discriminación)

La ley de convivencia, por el contrario, había creado desde 2013 una ruta de atención en casos de violencia y un sistema nacional único de información para reportar estos casos. Así mismo, creó mecanismos de prevención, protección, detección temprana y de denuncia de aquellas conductas que atentan contra la convivencia escolar, la ciudadanía y el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes dentro y fuera de la escuela.

La Corte Constitucional determinó en el caso de Sergio Urrego que las rutas de acción y las garantías de convivencia escolar no lograron detectar una posible situación de intimidación, pues nunca fueron implementadas por las autoridades competentes, y concluyó que existía para ese momento un déficit de protección general para las víctimas de acoso escolar. “A pesar de que existe un marco regulatorio claro y una política pública definida desde el 2013, la misma no ha sido implementada con vigorosidad”, afirmó el alto tribunal, que ordenó al Ministerio de Educación revisar los manuales de convivencias de los colegios para garantizar que no discriminen a los estudiantes por su orientación sexual.

Alba Reyes ha recorrido una decena de colegios en Bogotá, Cúcuta, Arauca, Ciénaga, Chaparral, Buenaventura, Quibdó y Santa Marta exponiendo su historia y contándoles a otros papás su experiencia para que no se repita otro caso como el de Sergio Urrego. “Quiero socializar la ley de convivencia, que los padres sepan que en los colegios de sus hijos debe existir un comité de convivencia escolar y que no se pueden cometer arbitrariedades. Los manuales de convivencia, además, deben respetar la orientación sexual y los derechos fundamentales de los jóvenes. También trato de hablar de los cinco cambios que sufrí como mamá y mujer, que básicamente cuentan el daño que produce la discriminación en una familia y en una persona. En estas conversaciones me encuentro, por lo general, con dos casos de discriminación por diferentes motivos. Los padres se acercan a contarme lo que han pasado sus hijos y muchas veces son los mismos estudiantes los que me dicen”, afirmó Alba Reyes.

La directora de la Fundación Sergio Urrego, que hoy cuenta con 45 voluntarios, agrega que la discriminación en los colegios sigue siendo una constante, y expone el caso de una niña a la que las directivas de su colegio le impidieron aspirar a la personería simplemente porque tenía tatuado su cuerpo. “Aún los niños prefieren callar. Por eso brindamos acompañamiento psicosocial a quienes nos lo solicitan y también asesoría jurídica en algunos casos, sobre todo a niños trans que luchan con sus EPS para hacer el tránsito. Al igual que como me pasó con Sergio, me he encontrado con niños a los que los han desescolarizado por su orientación sexual”, agrega Reyes. Hasta la fecha, 425 menores han recibido acompañamiento psicosocial de la fundación y 7, asesoría jurídica.