Cuarta entrega

Basura convertida en energía: ¿la cura es peor que la enfermedad?

Transformar millones de toneladas de basura en energía para suplir las necesidades de ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, se plantea como una estrategia para detener la bomba de tiempo en la que están convertidos los rellenos sanitarios del país.

Getty Images

Autor: Joseph Casañas 

El problema del manejo de basuras en Colombia está sobre diagnosticado y es claro que el asunto no se está manejando como debe ser. Se avecina, sino se acatan las recomendaciones de los organismos de control, una avalancha de declaraciones de emergencia sanitaria que se convertirán en pañitos de agua tibia y no frenarán la detonación de esta bomba de tiempo repleta de porquería. Los escombros amenazan con lacerar la salud pública y el medioambiente, mientras se libra un debate académico y político.

La auditoría más reciente presentada por la Contraloría muestra datos preocupantes. Por ejemplo, reveló que en Colombia se producen alrededor de 11,3 millones de toneladas de basura al año, pero sólo se aprovecha el 1,8 % de los desperdicios. Una comprobación de que en Colombia poco o nada se recicla.

“En la mayoría de los centros urbanos no hay una adecuada gestión en el manejo de los residuos sólidos, se evidenció alta generación de residuos, escasa separación de la fuente, bajo aprovechamiento y manejo inadecuado de residuos peligrosos”, dice el documento. Además: El barrio que nació de la basura

Basta con darle una mirada a las cifras que presenta la Contraloría para darse cuenta de que el asunto requiere intervención inmediata. Según el organismo de control, Bogotá es la ciudad del país que genera más basura, sin embargo, únicamente se están aprovechando 78.616 toneladas de las 2.2 millones que se generan anualmente. Un índice de aprovechamiento de solo el 3,5%.

El panorama es similar en otras ciudades del país, en Barranquilla el índice de aprovechamiento de residuos sólidos es de 0,13%, en Medellín no se tiene información precisa sobre el tema porque las autoridades no hacen un seguimiento riguroso del asunto y, en Soacha se recogen 131.429 toneladas al año, de las cuales se aprovechan 63, un índice de 0.05%, uno de los más bajos del país. La Contraloría advierte que para Bogotá y Soacha la situación es más delicada porque, según la licencia ambiental, el relleno sanitario de Doña Juana se copará en 2022. Otra cosa dice el alcalde Enrique Peñalosa, quien asegura que el relleno tiene más de 20 años de vida útil.

A la luz del documento de la Contraloría, el caso de Cali es el más vergonzoso. Según un el Informe Nacional de calidad ambiental urbana para ciudades superiores a 500.00 habitantes elaborado en 2015 por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la capital del Valle del Cauca presenta, entre otras cosas "ausencia de estrategias de aprovechamiento de residuos sólidos urbanos" y "ausencias de control por parte de las autoridades ambientales".

El caso de Bucaramanga fue trabajado ampliamente en este texto: Rellenos sanitarios, un dolor de cabeza

Para la Contraloría es claro que la falta de correctivos que deberían tomar los gobernantes para hacer frente a esta situación está creando un escenario adverso que se agrava con el paso del tiempo. El asunto se replica en todo el país. Las soluciones que plantean los municipios tienen que ver, en su mayoría, con la compra de terrenos para ampliar la vida útil de los rellenos sanitarios. Sin embargo, no hay plazo que no se cumpla y cuando esto pase, el problema habrá crecido lo suficiente como para convertirse en un monstruo de mil cabezas. ¿qué deben hacer entonces los ciudadanos y gobernadores para enfrentarlo?

Para Oscar Suárez, Ingeniero Industrial e investigador en desarrollo rural sustentable de la Universidad Nacional, la solución del problema es más sencilla de lo que se cree, pero hacen falta tres cosas: voluntad política, actitud y cultura ciudadana.

Según el experto, la construcción de plantas capaces de transformar la basura en energía es el recurso más expedito para hacer frente a esta problemática.

El mecanismo funciona así: “Todos los residuos orgánicos se almacenan en un cuarto cerrado en el que se inicia el proceso de descomposición. Estos residuos se convierten en gas o en líquido. El líquido, después de un proceso, se puede convertir en fertilizante utilizado para la producción de alimentos, mientras que el gas, se genera como resultado de un proceso que contempla altísimas temperaturas- Ese gas se puede conducir por un ducto que termina en un tanque de almacenamiento, luego va a una caldera y allí se somete a combustión. El gas se convierte en vapor, el vapor mueve unas turbinas y así para generar energía. Realmente no es un proceso complejo”, dice.

También: Residuos sustentables, la apuesta de Tumaco

Sobre el tema, Oscar S. Medina, profesor asociado al departamento de ingeniería química de la Universidad Nacional, explica que, con esta solución térmica para el problema de las basuras, “se podrían evitan los lixiviados (líquidos tóxicos que escurren las basuras), controlar los vectores y de paso, generar la energía eléctrica del alumbrado público de toda la ciudad o la energía para respaldar la movilidad de Transmilenio”.

Según el experto, el año pasado el Programa de Investigación sobre Residuos Sólidos de la Universidad Nacional de Colombia, presentó a la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, (Uaesp), un estudio técnico en el que se abordó la posibilidad de construir una planta para convertir la basura en energía en la capital de la República.

“En ese momento se estimó que una planta de arranque, capaz de procesar 500 toneladas diarias de basuras, tendría un valor aproximado de US$ 100 millones. Sin embargo, nos dijeron que eso era mucho dinero”.

Sin embargo, según Suárez, en los últimos años, por indemnizaciones producto de los problemas del relleno de Doña Juana, el Distrito ha tenido que pagar US$120 millones. “Con esa plata ya se hubiera construido una planta para procesar 500 toneladas diarias en localidades como Kennedy, Barios Unidos y Suba”.

Generación de energía a partir de la basura ¿Energía 100% limpia?

Aunque en Colombia la discusión sobre la conveniencia de la generación de energía utilizando la basura aún no se presentado de manera profusa, en otros países del continente y en parte de Europa, el debate va en crescendo. Por ejemplo, en mayo de este año y luego de que el Ministerio de Energía y Minería de Argentina firmara un convenio con la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE) para generar energía a partir de residuos sólidos para Buenos Aires, Leonel Mingo, coordinador de campañas de Greenpeace, envió una dura carta al ministerio en la que advierte que “quemar basura mata y está comprobado y el gobierno pretende avanzar con este plan caprichoso y obsoleto que los países europeos están abandonando”.

Mingo recuerda que “la incineración es una fuente de emisiones de una gran cantidad de compuestos tóxicos para la salud, incluyendo varias sustancias cancerígenas. Según la OMS, 7 millones de personas al año mueren por causas directamente relacionadas con la contaminación del aire siendo la quema de basura contribuyente al hecho”.

Agrega que “mientras que el mundo debate estrategias cada vez más integradas y orientadas a reducir la toxicidad, vemos con preocupación que Argentina apuesta por tecnologías que están dejando de ser usadas en el mundo (…) la aplicación de esta tecnología constituye una violación al Convenio de Estocolmo, que busca reducir al mínimo la emisión de sustancias". Lea la carta completa AQUÍ

Sobre esta dicotomía, Julián García, investigador en asuntos relacionados con el cambio climático de la Universidad Nacional, señala que la evidencia atmosférica arroja que estos procesos de combustión en realidad no generan energías limpias porque “se producen metales pesados y cenizas tóxicas. Además, la presencia de dióxido de carbono, metano, y moléculas de cloro, que se producen en estos procesos, destruyen la capa de ozono. Por eso, está en duda que esta tendencia de transformar la basura en energía sea amigable con el medio ambiente”.

García agrega que los gases generados por estos procesos de transformación de la basura generan contaminantes orgánicos persistentes como las dioxinas y los furanos, que según ha advertido la Organización Mundial de la Salud, son cancerígenos y deben ser eliminados.

“Convertir los residuos en energía es una estrategia que puede atacar el problema de la disminución de la cantidad de basuras que se encuentran en los botaderos, también se pueden generar altos volúmenes de energía, pero, en términos ambientales, es una alternativa nociva”, finaliza.

 

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