Belisario y el Nuncio recuerdan visita de Juan Pablo II a Colombia

El expresidente, el embajador del Vaticano en Bogotá y los fieles recuerdan más anécdotas del papa a su paso por distintos lugares del país en 1986.

Juan Pablo II durante su oración por las víctimas de la avalancha de Armero. / Archivo El Espectador

Hace treinta años el Papa San Juan Pablo II llegaba a territorio colombiano, fue el único viaje que el Santo Padre realizó a nuestro país siendo el segundo pontífice en hacerlo después de Pablo VI. Estuvo en varias ciudades y pueblos durante siete días y aunque uno de los motivos principales de su viaje era la renovación de los 400 años de la Virgen de Chiquinquirá, su agenda tuvo algunos cambios debido a las circunstancias dolorosas por las que atravesaba Colombia en esos momentos.

Así pues, estuvo con sacerdotes, empresarios y políticos pero también con las víctimas de Armero, los presos y con la juventud a la que exhortó a trabajar por el bien común teniendo como meta a “Cristo y su enseñanza”. Gente de todas partes se volcó en torno al Papa que por entonces llegó a nuestra patria, tal como lo afirmó a su llegada “En pos de Cristo por los caminos de Colombia”. Fue, sobre todo, un encuentro con el hermano que sufre, con aquellos que en medio del inmenso dolor y la indiferencia pueden sucumbir fácilmente y rendir las herramientas de la esperanza ante lo desolador del camino. Así pues, durante su encuentro con los reclusos en Bogotá les hizo saber que tienen un lugar especial en el corazón del Señor, por cuanto van compartiendo su cruz de manera especial en medio de las horas de cada día.

El expresidente Belisario Betancur, recuerda con especial emoción aquel encuentro del Santo Padre con el pueblo Colombiano. Para él, ha sido siempre ocasión de suma complacencia recordar cómo Juan Pablo II se vinculó al acontecer de la agenda nacional, tocando de manera cercana a los vulnerables y llamando de manera fraterna a la sensibilización de quienes pueden hacer más por los hermanos desamparados.

De manera especial menciona cómo a su llegada le pidió al Obispo de Roma que bendijera a una monja pintada por el maestro Fernando Botero (luego inmortalizada en El Espectador por el caricaturista Osuna) y que recibió cuando tomó posesión de la presidencia. Betancur lo hizo por cuanto los caricaturistas utilizaban la obra para ejercer su trabajo crítico a las acciones del gobierno y el jefe de estado diciendo a su santidad que la monja tenía al diablo, logró que este le diera la bendición para sacarle los eventuales maleficios.

Aquella visita también tuvo un lugar especial para los niños, ellos compartieron con el soberano pontífice en la ciudad de Cali y recibieron de su parte un mensaje lleno de Amor de parte de Cristo que antepone la condición de ser como niños si se pretende alcanzar las bienaventuranzas del cielo. La profesora Elvia Bolaño, recuerda su viaje desde su natal Fundación hasta Cartagena para que su pequeño de 10 años pudiera ver al Papa, afirma con evidente emoción que a ella, toda una activista de las causas y movimientos sociales, le enterneció la mirada del Santo Padre que no tuvo palabras sino un éxtasis interior.

Esa misma paz seguramente sintió Carlos Blanco Botero, a quien se le cruzó la mirada con la de Juan Pablo II cerca al colegio Gimnasio Moderno, en Bogotá, y su única reacción fue llorar como niño en medio de una paz incomprendida y ajena a las nociones de quien las vivió, cuanto menos al entendimiento de este periodista que ha ahora escribe sobre aquellas lágrimas en medio de las hojas secas.

Monseñor Ettore Balestrero, nuncio apostólico en Colombia, resalta de manera particular la entrega total del Papa Juan Pablo II a Jesús eucaristía, comentó que un obispo le dijo que una noche luego de una jornada de muchos compromisos y en la que el vicario de Cristo se notaba bastante cansado, pidió entrar a la capilla y como permaneció allí durante más de  dos horas pensaron que se había quedado dormido y para sorpresa de muchos estaba postrado en actitud de adoración a Jesús Sacramentado.

Ha expresado también que San Juan Pablo II hizo un aporte invaluable al camino de la paz en Colombia, por cuanto hizo referencia siempre a una paz que tenga como centro el hombre y su dignidad, una paz que sea enmarcada en la misericordia. Una paz soportada en las víctimas, respetadas, valoradas. Según él, tanto la justicia como la sociedad deben ser garantistas ante el hermano herido y que dicha justicia se da en su opinión si nos hacemos consientes de ser acogidos y perdonados por Dios.

Si bien no hay todavía una fecha definida para que el Papa Francisco venga a Colombia, se supone que en 2017, para que nuestro país reciba un nuevo Obispo de Roma luego de tres décadas, ha afirmado el Nuncio Apostólico que el Santo Padre le ha expresado de manera personal el gran afecto que siente por nuestra tierra y muy seguramente más pronto que tarde se comenzará una agenda para organizar la visita del Papa Francisco a Colombia.

Sin lugar a dudas la figura de San Juan Pablo II seguirá irrumpiendo en la historia como un apóstol de luz capaz de conciliar pensamientos diversos sin alterar el ejercicio de conservar el magisterio y avocar a la iglesia en torno al conocimiento y contemplación del Dios misericordioso, de Jesucristo su hijo y de la Virgen María su madre que es modelo de obediencia y abandono.

En lo social su prioridad siempre fueron los más necesitados, los sufrientes y marginados grandes conquistadores del corazón de Cristo. Se pudieran mencionar muchas cosas sobre su figura eximia. Para destacar el hecho de haber pedido perdón por los errores y abusos cometidos por parte de la iglesia durante la inquisición, siguiendo los pasos de aquel con su misericordia restableció la relación entre Dios y los hombres y del cual el Papa afirmaba “Mirad al Señor y descubriréis en Él el rostro amoroso de Dios, Jesús es la palabra que el Señor tenía que decir a la humanidad”, misma palabra que hizo andar por nuestro país cuando en 1986 caminó en pos de Cristo por los caminos de Colombia.

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