Bella y valiente

A Marion Jaimes, señorita Boyacá en 2009, le falta vanidad y le sobra coraje para que el cáncer de ovario que padece la derrote. La reina utiliza las redes sociales para reconfortar a otras pacientes con la misma enfermedad.

Marion Jaimes, señorita Boyacá en 2009, padece cáncer de ovario desde noviembre del año pasado. Aunque perdió el pelo por la quimioterapia, la reina mantiene su porte. / Óscar Pérez - El Espectador
Marion Jaimes, señorita Boyacá en 2009, padece cáncer de ovario desde noviembre del año pasado. Aunque perdió el pelo por la quimioterapia, la reina mantiene su porte. / Óscar Pérez - El Espectador

“Me miro sin pelo en el espejo y me siento bella. Me miro y me gusta lo que soy ahora”. Ese es el talante de Marion Jaimes, y aunque en 2009 representó a Boyacá en el Reinado Nacional de la Belleza, de reina vanidosa no tiene ni un pelo.

En noviembre del año pasado notó que su esbelto abdomen comenzaba a hincharse. Al principio lo atribuyó a su inevitable “gusto por la rellena y la fritanga”, pero cuando el vientre le creció como a una madre con tres meses de embarazo, se preocupó.

Antes había ido al médico varias veces. Tenía problemas gástricos y la menstruación irregular, pero nadie supo decirle qué le pasaba. “Debe ser un problema del colon”, conjeturaban, a pesar de que los exámenes no lo revelaban.

Una ecografía bastó para mostrar que la reina, que se llevó el título de la más dulce y simpática en Cartagena, tenía en el ovario derecho un tumor maligno del tamaño de un balón de microfútbol.

Todos pensaron que el momento de gloria de Marion había terminado. “El pelo se le va a caer, el porte de reina se le va a acabar, se va a poner pálida y triste”, pensaba Félix, su padre, bautizado por amigos y conocidos como El Gato, por el personaje animado y porque más de una vez le ha hecho el quite a la muerte. Un derrame cerebral lo dejó inconsciente y en 1998 sufrió cáncer de mama. “Yo perdí todas las esperanzas, lo único que me daban fuerzas eran mis cuatro hijos. A uno se le acaba el aliento”, cuenta él.

Pero el cáncer parece haber tenido el efecto contrario en la reina. Se aferró al dios que nunca había conocido tan íntimamente, dejó las vanidades y, decidida a curarse, le dijo a su doctor: “Todo lo que tenga que hacer, hágalo”, incluso dejarle una cicatriz que le atraviesa el abdomen, pero que era indispensable para extraerle el tumor en su totalidad y no dejar rastros de células cancerígenas.

Sin embargo, el diagnóstico después de la operación mostró que la boyacense seguía con cáncer. Tendría que someterse a dieciséis sesiones de quimioterapia, una dosis fuerte cada tres semanas y dos refuerzos en el intermedio.

“La primera fue muy dura. Los efectos me duraron tres días. A mí, que me gusta tanto comer, todo me daba náuseas y no me daban ganas ni de pararme de la cama”, narra Marion Jaimes, quien después de la pesadilla de aquella sesión recuperó el aliento y hoy, a medio camino de terminar el tratamiento, conserva el porte y la vitalidad de reina que tanto preocupaban a su padre.

El 15 de febrero es la fecha que Marion más recuerda de esta etapa con cáncer. Fue el día en el que se levantó y vio mechones de pelo en su almohada. Resuelta a que el aspecto no iba a importarle, se afeitó la cabeza y, sin pensarlo, con un mensaje en Facebook inició una campaña en redes sociales: “Creo que ha llegado la hora de la caída del pelo, pero doy gracias a Dios porque sé que crecerá, porque no es una pierna ni un brazo, ni mucho menos las ganas de vivir y de luchar por mi futuro. Quiero que todos aquellos que estén en este proceso vean en mí la fuerza, la fe, la paciencia y la verraquera que Dios me ha dado para que salgamos adelante y superemos esto”.

El mensaje conmocionó a sus más de 5.000 amigos en la red social. La respuesta de otras personas con cáncer fue inmediata. Desde entonces le escriben historias de cualquier rincón del país, sobre todo mujeres jóvenes que como ella tienen cáncer de ovario, y le preguntan cómo logra mantenerse en pie si tiene la muerte tan cerca. Por Skype, Facebook y Twitter ella responde, caso por caso, como si tuviera la obligación de dar un respiro a tantos que creen que es el fin: “Este cáncer me lo puso Dios para entregarles mi esperanza a ustedes”.

 

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