Las batallas detrás de la marcha de la diversidad sexual

A pesar de la oposición de un concejal y la reciente agresión a dos líderes LGBT, mañana el barrio Getsemaní será testigo, por octava vez, de esta movilización.

Para la población LGBT de la ciudad, la marcha de la diversidad no es solo una expresión festiva sino también un espacio para reclamar sus derechos. / Marcela Madrid

Es domingo por la tarde en el barrio El Pozón de Cartagena. Giselle Góngora Ramos llega a la casa de su mamá, al frente de un taller de motos, con un escotado vestido, tacones y un peinado a medio lado. No termina de atravesar el umbral de la terraza cuando empieza a recibir piropos de hombres y mujeres que pasan por la acera.

Cuando se sienta en la sala, donde se alcanza a escuchar la champeta que sale de los picós vecinos, se le acerca su sobrino de cuatro años con una pelota rosada entre las manos y le dice “esta bolita es pa’ niñas, no pa’ niños”. “Nada de eso, eso no es de niñas ni de niños, eso es lo mismo”, le responde Giselle, mujer transgénero y reina de la diversidad sexual de Cartagena. 

“Ese pelaito va a ser machista”, sentencia Dominga Ramos, la mamá de Giselle. Dominga es madre comunitaria y desde hace 30 años recibe en su casa a una docena de niños de tres y cuatro años, a quienes cuida y enseña en un espacio adaptado para ello. En el lustro que ha transcurrido desde que su hijo decidió convertirse física y jurídicamente en mujer ha escuchado varias veces la misma pregunta por parte de sus niños: “seño, ¿él es hombre o es mujer?”, a lo que responde “él es mi hijo y es mujer”. 

Aunque reconoce que todavía le cuesta referirse a Giselle como “ella”, Dominga cuenta que estuvo a su lado cuando decidió cambiar su profesión (dejó de ser profesor para abrir un spa), su figura y hasta su cédula. También la acompañó hace 20 días, cuando le pusieron la corona y se convirtió en una de las representantes más visibles de la población LGBT de la ciudad. (Lea aquí: Concejal de Cartagena ahora busca prohibir marcha de diversidad sexual)

El 12 de noviembre Giselle estará en una carroza encabezando la octava Marcha de la diversidad sexual de Cartagena, a pesar de que un concejal de la ciudad intentara impedir el evento invocando los derechos de los niños. 

En la sesión del pasado 24 de octubre, el concejal Antonio Salim Guerra tomó la palabra para expresar sus preocupaciones frente a esta actividad que hace parte de la programación de las Fiestas de la Independencia. “Aquí no podemos presentarnos con un desfile de diversidad sexual, el desfile del orgullo gay, donde haya niños y niñas, porque afecta su normal desarrollo sexual”. 

Para Dominga Ramos, la madre comunitaria, la madre soltera de cinco hijos, la madre de una reina trans; el concejal está equivocado: “En la familia hay cosas que no se deben ocultar porque los niños las descubren, hay que hablarles con la verdad”.

Dos semanas después de las polémicas declaraciones del concejal, la comunidad LGBT de la ciudad recibió otro duro golpe: dos mujeres trans fueron agredidas violentamente, según lo denunció la corporación Caribe Afirmativo.

Yimara Sajjir, quien hace parte del comité organizador de la marcha y fue reina en el pasado, fue atacada el pasado domingo por un hombre que se le acercó y le causó heridas en el rostro y el brazo. El mismo día, Sharon Guerrero, virreina de la diversidad este año, fue golpeada por dos hombres en su barrio.

Entre tacones y bolillos

No es la primera vez que los organizadores de la marcha se encuentran con tropiezos. Este recorrido de media hora y un kilómetro de distancia carga con una década de historia llena de altibajos.

El primer intento por institucionalizar algo parecido a un desfile, carnaval o marcha gay en Cartagena fue en 2006. Guillermo Herrera, líder LGBT, recuerda que ese año surgió la osada propuesta de sacar a la calle esos pequeños desfiles y reinados que hacían en las discotecas de los barrios populares; con una meta adicional: incluirlos en la programación de las famosas fiestas de noviembre, esas que cada año captan la atención del país en torno a la elección de “la mujer más bella de Colombia”.  

Se asesoraron de los expertos –el reinado trans del Mar en Santa Marta, la Guacherna Gay en Barranquilla- y consiguieron el visto bueno de la Alcaldía. Cuando llegó el esperado 7 de noviembre todos llegaron al sitio acordado con vestidos, tacones y pancartas; pero en la entrada del barrio Bocagrande, de donde saldría el desfile, se encontraron con un centenar de policías que les impidieron el paso, argumentando que les faltaban unos permisos para cerrar las calles.

Victoria Daza recuerda que ese día, siendo menor de edad y aún con figura masculina, era la primera vez que se ponía un vestido, y también la primera vez que tuvo que quitarse los tacones y correr descalza para evitar que los uniformados la alcanzaran y la golpearan. 

Aunque contaban con el apoyo de la Alcaldía y del cabildo de Getsemaní, tenían claro que faltaba mucho por luchar. Tres años más tarde, en 2009, lograron que la primera Marcha de la diversidad sexual fuera incluida dentro de la programación de las Fiestas de la Independencia, y que se eligiera a la primera reina de esta población. Pero no habían terminado de bajarse de las carrozas cuando se oyeron los primeros reclamos desde el Concejo Distrital. 

En una sesión de seis horas -según lo reseñado en la bitácora del Observatorio al Concejo de Funcicar- varios concejales manifestaron su indignación frente al hecho de que la marcha se hubiera hecho de día y con niños como espectadores. Salim Guerra remató, como lo registró la bitácora, expresando “su renuencia a aceptar que grupos poblacionales de variada índole presencien o interactúen con los eventos de naturaleza homosexual”. Desde entonces, la marcha se realiza en horario nocturno. 

Pero las agresiones continuaron. El año pasado, en la mitad del recorrido, los participantes fueron golpeados por un grupo de policías que querían impedir que continuaran caminando. Victoria, varias mujeres trans y la Secretaria de Participación, quien denunció el hecho, resultaron heridas. Esta vez ella no alcanzó a correr y terminó en la clínica. 

Marcha, no desfile

Este año, bajo el lema “Cartagena se trasviste de colores”, los siete colectivos que organizan la marcha tienen todo  listo para que asistan 2.000 personas, medios de comunicación, drones, cantantes de champeta y delegaciones de Barranquilla, Santa Marta, La Guajira y hasta Zipaquirá. 

Pero aunque haya disfraces, reinas y comparsas, este no es un desfile ni un carnaval, sino una marcha que lleva un mensaje claro: “hay una población a la que se le siguen vulnerando sus derechos, se le sigue asesinando y se le sigue excluyendo de la ciudadanía”, explica Alex Pérez, de la corporación Caribe Afirmativo. 

Según esta organización, 9 personas LGBT fueron amenazadas en Bolívar durante 2015, la cifra más alta del país. Además, entre 2012 y 2015 se han presentado 10 homicidios y 29 hechos de violencia policial contra esta población en el departamento.

Por eso no es casualidad que la marcha haga parte de agenda de las Fiestas de Independencia, ese homenaje anual a la rebelión y la libertad del pueblo Cartagenero; ni que tenga lugar en el barrio Getsemaní, que fuera cuna de esa rebelión hace 205 años.

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