#CartasAJasmín: “No queremos mujeres encerradas en casa, muertas de miedo”

Jasmín Álvarez Romero, de 24 años, fue encontrada con brutales golpes y quemaduras tras desaparecer dos días al tomar un taxi en Cartagena. Está en coma y lucha por su vida. Amigos, familiares y desconocidos le escriben estas cartas para decirle que no está sola.

Ilustración - El Espectador

El domingo 22 de enero, los zapatos de Jasmín apenas se asomaban un poco bajo unas láminas de draibol con las que quisieron ocultar su cuerpo al que habrían creído muerto, el sol y la tierra ardían en el Anillo Vial, a las afueras de Cartagena. Dos motociclistas los avistaron, se bajaron y revisaron. Era Jasmín Álvarez Romero, con señales de violencia, golpes y quemaduras. Estaba inconsciente, pero con signos vitales. La angustia que generó su desaparición durante dos días había terminado, pero continuaba su lucha por vivir en la Clínica San José de Torices. (Lea aquí la historia del caso de Jasmín)

La joven de 24 años aún está en un coma inducido debido a la gravedad de sus heridas, mientras sus familiares, amigos y desconocidos piden esclarecer los hechos, identificar a los responsables y que se imparta justicia. Este viernes habrá un plantón a las 3:30p.m. en la Torre del Reloj.

Quienes la conocen de siempre, quienes supieron su nombre por la tragedia de la que es víctima y quienes apenas hablaron un par de veces con ella le escribieron cartas en El Espectador, para decirle a ella que no está sola.

“Querida Jasmín:

Mi madre, la costurera, dice que tu nombre, Jasmín, es una de las flores más elegantes, que desprende un aroma que no puede dejar de sentirse, y se queda colgado a uno por donde se vaya. Una flor adecuada para regalar a un ser querido, por eso se hacen ramos de novia con sus flores. Increíble lo que nos puede significar una simple flor de seis pétalos.

Ninguno de nosotros debería dejar de soñar y trabajar para que tu nombre sea el último escrito en esa lista de mujeres víctimas, en un mundo que da vueltas delirando en su locura, y que sigue maltratando, amparado por esa complicidad en que se incurre desde la indiferencia e indolencia ciudadana, así como la negligencia estatal frente a casos como el tuyo.

¿Acaso aquellos que cambian la emisora y el canal ante la noticia de tu tragedia, creen que los dedos de la violencia no pueden tocar su puerta? Como suele suceder, muchos se enteran demasiado tarde que también son vulnerables sus madres, hijas, novias, esposas, nietas, hermanas, y  amigas. El grito de muchos hombres y mujeres solo se escucha, cuando ya no pueden hacer nada para evitar que  ocurran de nuevo cosas como las que te pasaron a ti, Jasmín, a quien esperamos de nuevo entre nosotros.

No queremos mujeres encerradas en casa, muertas de miedo por tomar un taxi de noche, o al caminar solas por una calle nocturna. Queremos mujeres haciendo del mundo un mejor lugar gracias a su sonrisa, sirviendo de inspiración para nuestras mejores acciones, siendo nuestras compañeras en un mundo difícil para todos, en el que debemos protegernos unos a otros.

Te envío un abrazo, allá donde estés, con mis manos sucias de tierra”. J.J. Junieles

*Si quiere publicar una carta puede enviarla a pcuartas@elespectador.com

Temas relacionados