Hay 15 líderes amenazados en la ciudad

El crimen que marcó el liderazgo comunal en Cartagena

El homicidio de Jorge Luis García, presidente de la JAC del sector 3 de Junio, permanece impune desde hace más de tres meses. Los líderes de la zona temen seguir trabajando por sus barrios.

El 12 de noviembre, mientras Cartagena celebraba sus fiestas de Independencia, los comunales salieron a reclamar justicia en el caso de Jorge Luis García Berrío. / Marcela Madrid Vergara

De Jorge Luis García Berrío dicen que era hombre de pocos amigos, que era terco y que trabajaba por los jóvenes de su barrio. Pero, sobre todo, dicen que hablaba de más, y que por eso terminó envuelto en una sábana blanca, con ocho heridas de bala en su cuerpo, a las tres de la tarde del pasado 5 de octubre.

El homicidio de este enfermero de 37 años no sólo conmocionó a los vecinos del sector 3 de Junio del barrio Henequén en el suroccidente de Cartagena, sino a los más de 300 líderes comunales de la ciudad. Ahí presidía la Junta de Acción Comunal y “su obsesión era buscar que la juventud no se perdiera en la droga y que encontrara otro camino”, cuenta Geverson Ortiz, líder comunal y amigo cercano de García Berrío.

Pero al parecer también se dedicó a “hablar de más”, es decir, a denunciar la presencia de ollas de droga en el sector. En 3 de Junio, una zona donde conviven unas 800 familias sin servicios públicos, con calles sin pavimentar, riesgos de deslizamiento, donde no hay un CAI y poco entra la Policía, la autoridad la impone una banda de microtráfico conocida como los Ronda, que controla el negocio de venta de droga en Henequén y al menos otros seis barrios aledaños, como Nelson Mandela.

De ellos, la administración distrital dice saber tres cosas: “Es una familia tradicional, mantienen vínculos con organizaciones criminales más grandes, se dedican al sicariato y al microtráfico”, como explica el secretario del Interior, Fernando Niño.

Una persona que conoce a fondo el sector y que pidió la reserva de su identidad cuenta que las disputas con otros grupos por el control de la venta de droga empezaron en 2013 y se recrudecieron en 2014. Ese año, recuerda luego de enumerar una serie de apodos, fueron ocho los muertos en Henequén, como lo confirman las cifras del Centro de Observación y Seguimiento del Delito (Cosed).

Algunos pagaron por atreverse a hacerles competencia a los Ronda en su zona; otros, por intentar salirse de la banda cuando ya era demasiado tarde, cuando sabían demasiado.

Aunque Jorge Luis García Berrío nunca denunció ser blanco de amenazas, una persona que conoció de cerca su actividad como líder asegura que hace algunos años había sido intimidado por los Ronda. A raíz de eso se fue a vivir a la casa de su madre en El Líbano, el barrio donde había crecido y donde no hay control por parte de la banda.

Dos años después, ignorando las súplicas de su familia, decidió regresar a 3 de Junio. Desde allí siguió liderando los asuntos urgentes del barrio, especialmente la legalización de los terrenos para buscar que, después de casi una década de haber invadido la zona donde antes funcionaba el basurero de la ciudad, pudieran tener servicios públicos.

Un muerto en la calle principal

La de Jorge Luis García Berrío es una de las cientos de viviendas de tabla y piso de barro que conforman 3 de Junio. Manzana F, lote 8. De ahí provenían los disparos que escucharon los vecinos el pasado jueves 5 de octubre, mientras reposaban el almuerzo.

Según declararon dos testigos a las autoridades, al asomarse alcanzaron a ver a un hombre joven huir de la casa y se acercaron para intentar ayudar a la víctima. Lo llevaron cargado por la vía principal, pero luego de dos cuadras se dieron cuenta de que el esfuerzo era inútil. Soltaron el cuerpo, lo cubrieron con una sábana blanca y llamaron a la Policía.

Ahí, en la calle principal de 3 de Junio, que el presidente de su JAC soñó con ver pavimentada, lo encontró un patrullero con heridas abiertas en el tórax, el abdomen, la zona lumbar, el brazo y la mano izquierda.

La noticia hizo eco rápidamente en la ciudad. El alcalde encargado rechazó el crimen y convocó a un consejo de seguridad extraordinario, el Concejo Distrital pidió justicia y los líderes comunales organizaron una renuncia colectiva como símbolo de protesta.

A los pocos días, el secretario del Interior anunció que las investigaciones de la Fiscalía estaban a punto de dar con los responsables.

Más de dos meses han pasado desde la muerte de Jorge Luis García Berrío y todavía no hay capturas. En una audiencia pública que realizó el Concejo el pasado 20 de noviembre, el comandante de la Policía de Cartagena, Luis Poveda, anunció que ya tienen identificados a los responsables —“hay una organización delincuencial detrás del homicidio de Jorge Luis”—, pero siguen recopilando las pruebas.

Comunales, blanco de amenazas

Con el paso de los días siguieron los plantones de los comunales en el centro de Cartagena, ya fuera bajo la Torre del Reloj o a las puertas de la Alcaldía. Pero lejos de ahí, los habitantes de 3 de Junio y otros barrios cercanos se iban quedando sin líderes, pues la mayoría de los miembros de la junta decidieron huir o mantener un perfil bajo.

“Nadie va a asumir el liderazgo porque tienen miedo. No sólo en 3 de Junio, en todos los sectores aledaños a Nelson Mandela”, cuenta Geverson Ortiz, presidente de la Asojac de la localidad 3, que abarca estos barrios.

Para la dirigencia comunal de Cartagena, el de Jorge Luis García Berrío no es un caso aislado y la inseguridad entre quienes ejercen el liderazgo es generalizada, especialmente por cuenta de los grupos que controlan el expendio de droga. Según cifras de Fedejac, el órgano que agrupa las más de 300 JAC de la ciudad, son 15 los comunales que están amenazados, y en los últimos 20 años han sido asesinados 10, la mitad de ellos de Nelson Mandela.

Ariel Beltrán, presidente de Fedejac, explica que cada vez que la Policía llega a una olla, los delincuentes asumen que fue el líder comunal quien hizo la llamada. Por eso le pide a la Policía que haga su trabajo y que los saquen a ellos de ese lío: “Nuestro trabajo no es luchar contra el microtráfico. Esa lápida, por favor, que nos la quiten”.