La buena hora del TLC

Con el envío del Tratado de Libre Comercio al Congreso de EE.UU., el futuro del acuerdo se aclara. La decisión ahora está en el Legislativo.

Seis meses después de haberse comprometido con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, para enviar el Tratado de Libre Comercio ante el Congreso de Estados Unidos, el presidente Barack Obama cumplió su palabra y envío los textos de Colombia, Corea y Panamá al Capitolio. “El acuerdo es una parte importante de los esfuerzos de mi administración para fomentar el crecimiento económico, aumentar las exportaciones y crear trabajos en los Estados Unidos. Creará nuevas oportunidades para los trabajadores americanos, los campesinos, los comerciantes y los consumidores al abrir el mercado colombiano y eliminar los impuestos a los productos de Estados Unidos y la inversión”, afirmó el mandatario estadounidense mediante un comunicado tras el anuncio oficial.

El Gobierno colombiano respiró profundo y Santos dijo: “Quiero agradecerle al presidente Obama que haya cumplido con su palabra y que hoy esté el Tratado en manos del Congreso”. Y aprovechó para lanzar un mensaje al Legislativo para que “aprueben rápidamente el Tratado y de esa manera nuestras relaciones, entre Estados Unidos y Colombia, se fortalezcan en forma significativa”.

El TLC fue firmado en noviembre de hace cinco años bajo las administraciones de Álvaro Uribe y George W. Bush. En aquel entonces el embajador de Colombia en Washington era Luis Alberto Moreno. Tanto la Casa Blanca como el Congreso estaban en manos de republicanos y nada parecía que entorpecería la aprobación del Tratado. Pero las cosas cambiaron. Los demócratas volvieron al poder en Cámara y Senado en enero de 2007, tras 12 años de mayorías republicanas, y Nancy Pelosi, la entonces presidenta de la Cámara, se opuso radicalmente a la aprobación.

De nada valieron las cifras que la administración Uribe entregó incansablemente en Washington sobre los avances en materia de seguridad en Colombia, ni las visitas del jefe de Estado ni el trabajo incansable de la embajadora Carolina Barco. Pelosi y los sindicatos de Estados Unidos, apoyadores históricos de las campañas demócratas, se opusieron al TLC. Los escándalos de la parapolítica, las ‘chuzadas’ del DAS y las denuncias de persecución de líderes sindicalistas no ayudaron.

Pero las cosas, de nuevo, cambiaron en noviembre del año pasado cuando los republicanos, amigos del libre comercio, recuperaron la mayoría de la Cámara de Representantes. Luego llegó Juan Manuel Santos al poder y, con una agenda progresista, su mensaje caló bien en Washington. La Ley de Víctimas, el destape de varios escándalos de corrupción, las políticas sobre la tenencia de la tierra y la protección a los sindicatos se volvieron, sin duda, la mejor carta de presentación que traía el TLC bajo la manga.

El 4 de abril de este año Santos viajó a Washington y se comprometió ante su homólogo con una serie de acuerdos que —asegura— se han cumplido. Todos relacionados con la protección de los trabajadores y los derechos humanos. Ya con Obama del lado del TLC, el meollo del asunto pasó a llamarse TAA: una ley que protege a los trabajadores afectados por el libre comercio. “Sin TAA no habrá TLC”, ha dicho una y otra vez el presidente de Estados Unidos. Los republicanos siempre han querido los TLC. Obama estaba dispuesto a dar la pelea con los sindicatos de su país y con algunos de los legisladores de su propio partido, opositores al Tratado, a cambio de que los republicanos le dieran el sí al TAA. Esta ley es importante, porque beneficia a los trabajadores y sin su voto la reelección de Obama podría tambalear.

En medio de ese debate ha estado desde abril el TLC. La Casa Blanca y los republicanos han logrado acuerdos para destrabar el TAA, pero aún falta la votación. Obama le pide al Congreso “aprobar sin demora los tratados y a su vez el TAA, que ayudará a trabajadores afectados por la situación internacional”.

Ahora, con el envío formal de los acuerdos al Congreso —lo que los gobiernos de Colombia han esperado desde hace cinco años que fue firmado— comienza una etapa rápida que tiene su primer gran obstáculo en la Cámara de Representantes. Allí se espera, para la semana entrante, la votación en plenaria. Habrá oposición y polémica, porque a puertas de un año electoral los que se oponen a los TLC y al TAA no esconderán sus pasiones. Si pasa en la Cámara, el TLC será votado en el Senado, donde el proceso es más sencillo.

Lo cierto es que esta es la noticia más importante para el país de los últimos años en Washington. Estados Unidos es el principal consumidor del mundo. El 40% de las exportaciones de Colombia van para ese mercado y por eso el TLC ha sido tan apetecido.