Cali, con autoestima pero insegura

El alcalde Jorge Iván Ospina evalúa su gestión y dice que los problemas de violencia requieren del apoyo firme del Gobierno. Este miércoles, encuesta y gran debate con los tres principales candidatos a sucederlo.

A casi tres meses de finalizar su gestión, el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, cree que su mayor logro es haberle devuelto a los caleños su autoestima, algo que se había debilitado en anteriores administraciones. Lo importante para él, elegido por el movimiento ciudadano Podemos Cali, es que hay optimismo, a lo cual contribuyó poner en marcha el sistema masivo de transporte MIO, las 21 megaobras de infraestructura que hoy se adelantan en la ciudad y apostarle a la calidad educativa.

Sin embargo, la inseguridad aún no deja tranquilos a los caleños. Según Ospina, para bajar los índices de homicidios se requiere de la ayuda de la Nación para darle ‘jaque mate’ al narcotráfico, principal protagonista de la violencia que se vive en las calles de la capital vallecaucana. En diálogo con El Espectador, el alcalde habla también del desempleo y se lamenta de que la empresa de aseo Emsirva haya sido liquidada por el gobierno Uribe y que la empresa de servicios públicos Emcali siga en manos de la Nación.

¿Qué es lo positivo de su gestión?
El caleño ha venido recuperando su autoestima, el respeto por su ciudad, el reconocimiento de la importancia de que los esfuerzos deben ser colectivos, y ahora es consciente de que se debe superar la cultura mafiosa. El mayor de los desarrollos es que hoy hay un pueblo optimista, que recupera su cultura tributaria y su civismo. Sabemos que nadie nos va a regalar nada y que nos corresponde a todos construirlo.

¿Y cómo logró mejorar el optimismo de los caleños?
Con el funcionamiento del MIO, proyecto que llevaba un atraso de 36 meses y que ha mejorado la movilidad en la ciudad, ha cambiado sus entornos y es un claro espacio para la renovación urbana y la cultura ciudadana. En él se movilizan 320.000 pasajeros por día y no hemos parado en seguir complementando las obras del sistema, como las troncales, las estaciones y el Miocable, hoy en proceso de desarrollo.

Usted se la jugó por las megaobras. ¿Cómo van?
Gracias a la contribución de los caleños, a través de la figura de valorización por $800 mil millones, se ha facilitado la construcción de 21 megaobras, un desarrollo que le ha cambiado la cara a la ciudad y mejorado sus condiciones de movilidad y espacio público y para el que los caleños han aportado cerca de $220.000 millones, con los cuales hemos podido hacer contratación.

Y también habla mucho de calidad en la educación...
Hemos posibilitado inversiones que pasaron de $4.000 millones por año a $45.000, la implementación de tecnología, capacitación a los rectores y la incorporación de 3.000 maestros. También se bajó la deserción estudiantil.

Sin embargo, la inseguridad sigue siendo un problema que acosa a los caleños y no se encuentran soluciones...
La inseguridad es un tema que resolveremos en la medida en que la Nación comprenda que debe trasladar grandes recursos para atender la seguridad rural y urbana. Hay que posibilitar una mayor cantidad de cámaras, de miembros de la fuerza pública y de más fiscales. Y, por parte de las alcaldías, se deben adelantar acciones de carácter preventivo con los adolescentes. En cuanto a las bandas del narcotráfico, fenómeno que está claramente asociado a fenómenos transnacionales —donde una circunstancia de riña o de venganza en México puede significar muertes en Cali o viceversa— demanda una gran discusión global sobre quiénes producen las armas y la droga y quiénes la consumen. Si se asumiera, quizás los alcaldes colombianos no tendríamos tantas angustias.

¿Qué actores ilegales tienen más peso en la inseguridad de Cali?
Por fortuna aún no tenemos bandas criminales que azoten en forma sistemática nuestros barrios o que adelanten procesos extorsivos. Lo que tenemos en Cali son actividades criminales asociadas con el microtráfico y la delincuencia juvenil. La mayoría de muertes violentas en Cali, con premeditación y alevosía, están asociadas a venganzas que tienen como motor generador al narcotráfico.

Usted dice que se ha mejorado en movilidad, pero hay quienes no piensan lo mismo, como los taxistas, que afirman que el atraso de las megaobras ocasiona los trancones...
No hay ninguna obra parada ni con retrasos. Lo que sí hay es una gran cantidad de frentes de trabajo, que son necesarios porque llevábamos 15 años sin intervención adecuada y sin calidad en nuestra infraestructura vial. A pesar de los señalamientos, los tiempos de movilidad son mucho mejores que en otras ciudades, como Bogotá y Medellín.

Durante su gobierno se liquidó Calisalud, Eps del municipio. También la empresa de aseo Emsirva. Y Emcali siguió en el limbo con la intervención del Gobierno. ¿Qué piensa?
Se tomó la decisión de cerrar Calisalud por las dificultades de competitividad, la pequeña participación en el mercado y para que los usuarios no sufrieran riesgos. En cuanto a Emcali, tiene 11 años de intervención prolongada que es indebida en el concierto nacional e internacional, y donde fuerzas oscuras de la propia ciudad han intervenido para que no sea devuelta al municipio. En relación con Emsirva, la decisión de liquidarla fue inconsulta y unilateral, tomada por el expresidente Uribe.

¿Cómo le fue al empleo durante su administración?
Utilizamos un plan de choque con los proyectos del MIO, el estadio Pascual Guerrero y las megaobras, que nos ha dado la opción de 12.000 empleos directos. Aun así, las tasas de desempleo son muy altas: están por encima del 14,3%. Cali es punto de referencia para las comunidades caucanas, nariñenses y del Pacífico, que por la presión de la guerra y la pobreza llegan a nuestro territorio.

¿Es difícil gobernar a Cali?
Es difícil, pero es una ciudad llena de oportunidades, y la gente colabora.