La 'Calicalabozo' de Andrés Caicedo se desvaneció

La película basada en la novela del escritor caleño es dirigida por Carlos Moreno (‘Perro come perro’ y ‘Escobar, el patrón del mal’).

El escritor Andrés Caicedo se suicidó el 4 de marzo de 1977, el mismo día que se publicó su libro ‘Que viva la música’. Decía que vivir más de 25 años era una vergüenza. / Cromos

De la Cali que recorrió hace 37 años Andrés Caicedo Estela, escritor de gran originalidad de la literatura colombiana y que se suicidó a los 25 años porque no quería llegar a ser viejo, es poco lo que queda. El rodaje de la película autobiográfica que se realizó en 2013, basada en su novela Que viva la música, dirigida por Carlos Moreno, así lo evidenció.

De allí que el equipo de producción de la película no pudiera trabajar en los sitios que él trasegó en la búsqueda de la ciudad de sus amores y odios, ya que los efectos del narcotráfico de los años ochenta dejaron una ciudad desorganizada en cuanto a urbanismo. “Desaparecieron las fachadas de las casas de la época y centenares de metros cuadrados de lotes están convertidos hoy en centros comerciales que copian el modelo norteamericano, borrando los estilos europeos de las residencias de la capital del Valle del Cauca de los sesenta y setenta”, afirma el arquitecto Benjamín Barney.

Por eso el mapa urbano que Caicedo plasmó en su novela Que viva la música —publicada el 4 de marzo de 1977, mismo día en que el escritor se suicidó consumiendo una alta dosis de secobarbital (pastillas contra la depresión y la ansiedad)— al recorrer las calles de Cali en los setenta: su “Nortecito”, el barrio Miraflores, hacia el Sur con su Valle del Renegado en Pance y en el centro, entre bares de la calle 15 y la carrera 8ª, una zona sórdida donde se escuchaba el sonido bestial de Richie Ray, con el cual María del Carmen Huerta, la protagonista de su novela, enloquecía por la rumba, tuvo otros escenarios en el filme que se estrenará en septiembre u octubre.

“Fue difícil trabajar Que viva la música, porque de los lugares por donde Andrés Caicedo hizo su periplo literario y de rumba es poco lo que queda. La película no es adaptación de la época, es atemporal, porque cómo grabar en el parque de Versalles, uno de los lugares preferidos de Andrés, ahora con anuncios publicitarios. Es más, la decisión de no hacer la película y de ubicarla en Cali se debatió muchísimo, y aunque es posible recrear la ciudad de los setenta, había muchas limitaciones, por ejemplo, lugares campestres que ya no existen. Además, sería muy costoso”, explica el director de producción Rodrigo Guerrero.

Aclara, sin embargo, que es una película de época en cuanto a vestuario, ya que se recogieron referencias de los bailarines y del vestuario de hace 30 años. “En la película no hay celulares ni tecnología, sólo acetatos y tocadiscos y se conserva la memoria musical del barrio Obrero, porque el caleño no tiene memoria sino nostalgia. La intención con la película es que llegue a los jóvenes entre los 18 y 24 años, que son los mayores consumidores de cine, pero la mayoría ni siquiera conoce la obra de Andrés, de esa búsqueda de la identidad de la ciudad cívica y ejemplar que se borró entre 1972 y 1982, cuando llegó el narcotráfico”, concluye Guerrero.

Eduardo Carvajal, amigo de Caicedo y quien hizo la foto fija de la película, se sorprendió cuando, en medio del rodaje, se percató de que los sitios de la novela no se conservaban: “Anduvimos por barrios como El Peñón, San Fernando Viejo, Miraflores y El Centenario, pero ya no son los mismos. Han reformado las casas en una forma terrible. Igual pasó con los barrios populares de la ciudad, donde se evidencia que Cali se dividió en dos: antes y después del narcotráfico. Con los dineros hicieron reformas exageradas a sus casas y encontré que los sobrantes de materiales fueron a dar a casas más populares, que estaban forradas en mármol, azulejos y mosaicos de precios exorbitantes. Sólo pudimos rodar en algunas de ellas que conservan aún las fachadas, muy del estilo de los cuarenta y los cincuenta, como el barrio Guayaquil y un poco en Villacolombia”.

Las salas de cine de la época preferidas por Cacicedo también cambiaron de uso. En el teatro San Fernando, que reunía a los cinéfilos de la época mediante el Cineclub de Cali, organizado por Caicedo, hoy funciona una iglesia cristiana. Los teatros con cines dobles, como el Cervantes y el Colombia, y los de bajo estrato, como el Ayacucho, Avenida, El Ángel y María Cristina, ya cerraron sus puertas.

La búsqueda de los sitios de la rumba de los setenta, como Santropez, el más famoso de la época, fue difícil. “En el rodaje usamos una distorsión de discotecas en Menga y la casa que fuera sede del Consulado de EE.UU. La tarea principal fue la selección de viviendas en barrios populares y de tradición; las buscábamos con andenes amplios, como las de los dibujos de Éver Astudillo”, comenta Carvajal.

Las rutas que siguen el periplo de Andrés por la ciudad y que tiene a caleños y turistas nacionales e internacionales detrás de sus huellas, también dan cuenta de la desaparición de las casas de barrios como Juanambú, de estrato social alto, hoy reemplazadas por edificios de apartamentos que colindan con residencias abandonadas y listas para la demolición.

Igual sucede en el Centro Histórico de la ciudad, donde hay casas que están en malas condiciones, como la sede donde funcionó Ciudad Solar, ubicada en la carrera 5ª con calle 7ª, donde vivió y trabajó Andrés junto con artistas, pintores y fotógrafos. Las paredes de ladrillo y balcones de madera se encuentran en mal estado.

Los cambios de uso del suelo en Cali también afectaron el Sur de la ciudad. Por ejemplo, en el barrio Ciudad Jardín, donde la familia Caicedo Estela compró su casa de estilo campestre, a una cuadra de donde los Rodríguez Orejuela (jefes de uno de los carteles del narcotráfico más temidos de los noventa) construyeron su mansión, hoy se alojan clínicas, locales de ropa, restaurantes y en algunas de ellas se realizan fiestas para quinceañeras.

Karla Fernanda González, encargada de las locaciones de la película, habla de los inconvenientes que implicó filmar una película de época. “Hacíamos un recorrido todos los días entre las 7:00 de la mañana y las 5:00 de la tarde. Buscamos espacios en los barrios donde transcurre la novela, pero eran mínimos los que no estuvieran intervenidos. La única locación fuera de Cali fue el Valle del Renegado, uno de los mayores retos de la producción pues implicaba trabajar con animales y con efectos visuales bajo el inclemente sol del verano que comenzaba. Fue una experiencia enriquecedora, explosiva y frenética, donde más de 42 locaciones permitieron recorrer la ciudad y reconocerla en la realidad. El cine lo hizo posible”, comenta Karla.

La película se rodó durante seis semanas y está dedicada especialmente a la rumba con música salsa. Según Carvajal, se compraron los derechos a la Fania Records, mientras que la música de los Rolling Stones quedó por fuera por su alto costo.

Andrés era flaco, desgarbado, de pelo largo y tartamudo, y le gustaba recorrer la avenida Sexta en busca de sus amigos, para cambiar el orden de la sociedad de su época, del cual era muy crítico. En la heladería Dary Frost de los sesenta y setenta , convertida hoy en sede de una escuela de aviación, Caicedo buscaba siempre un refugio para su angustia y rebeldía.

“Andrés no era un niño prodigio sino diferente, como de avanzada. Le gustaba el fútbol y siempre jugaba de arquero. Pero desde los 12 años se volvió ‘cusumbo solo’, no quiso participar en las actividades de su familia y empezó a ser rebelde”.

Su comportamiento se debió a que su padre era de una gran disciplina y le exigía que siguiera las normas de la sociedad caleña, mientras que era el centro de atención de su mamá y hermanas.

Años más tarde, cuando terminó sus estudios de bachillerato, luego de varias expulsiones de varios colegios, su padre quiso que estudiara literatura en la Universidad del Valle, pero Andrés no le hizo caso.

Su pasión por la música empezó escuchando a su mamá tocar guitarra. Sin embargo, pese al frenético ritmo que imponía al momento de escribir, no tenía buen oído para bailar. “Nunca aprendió, era descoordinado y eso en Cali marca, pero escuchaba mucha música a todo volumen. Primero le gustó el rock, especialmente la música de los Rolling Stones, y luego vino la salsa, que sonaba fuerte en el Sur de Cali con Richie Ray y Bobby Cruz”.

Cuando entró al Teatro Experimental de Cali (TEC), de Enrique Buenaventura, empezó a leer sobre el marxismo (de gran tendencia en la época), influencia que se ve en su obra. “Por eso su novela habla de la división social de la ciudad: clasista rock y salsa en la clase popular. En esa época le regalé un libro de Bakunin y comenzó a darse cuenta de la desigualdad social y, entre comillas, a hacer su crítica. Eran los años sesenta de la rebeldía, del Concilio Vaticano II que cambió la historia de la vida de la Iglesia”.